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Tomando la palabra
¡Se tragaron el centro...!

Veinticinco años después, tres terremotos, una guerra y las continuas decisiones populistas de la alcaldía (ahora en manos del FMLN), nos encontramos con un centro de la capital sucio, deteriorado

Publicada 9 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Guillermo Guido*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

No, no me refiero a la anhelada posición que tanto pregonaron algunos partidos políticos, para atraer votos en las pasadas elecciones.

En esta ocasión nos referimos al centro de la ciudad capital, al Centro Histórico de nuestro querido San Salvador.

Existe una nueva generación de salvadoreños que nunca conoció cómo era realmente nuestra capital y, probablemente, ve con naturalidad todo ese adefesio al que llamamos “el centro”. Por eso es necesario que hagamos un desesperado llamado para recuperar nuestra ciudad, antes de que todo termine convirtiéndose en ruinas y suciedad.

A principios de la década de los 80, la Alcaldía de San Salvador era administrada por el Partido Demócrata Cristiano y, por primera vez, estaba en manos de la oposición. Antes de eso, la alcaldía de la capital (y todas las de la república) siempre estuvo dirigida por alcaldes pertenecientes al mismo partido que gobernaba al país (el PRUD, posteriormente convertido en el PCN) y de esa manera, los trabajos hacia la comunidad, como el ornato, aseo, iluminación, parques, mercados y funcionamiento de negocios, entre otros, correspondían exclusivamente a la alcaldía, mientras que la seguridad pública, el urbanismo y ordenamiento del tráfico de vehículos, entre otros, se mantenían bajo la responsabilidad del gobierno central. Hay que reconocer que no se hablaba ni se discutían grandes proyectos para la ciudad, pero en cambio la ciudad se mantenía siempre limpia, ordenada, activa y sobre todo segura.

Cuando estaba pequeño y en mi adolescencia, muchas veces escuché de boca de personas extranjeras frases como: “San Salvador es una bonita ciudad”, “San Salvador tiene de todo lo bueno” o “San Salvador es bonito de día y de noche”. Cuando cursaba mis estudios universitarios fuera del país, en una reunión de compañeros se hizo una pequeña encuesta, y por unanimidad se clasificó a San Salvador como “la capital más atractiva que a todos gustaba visitar”.

En realidad, los salvadoreños nos sentíamos orgullosos de nuestro país y de nuestra capital en esos tiempos. Ahora todo es diferente y San Salvador, especialmente el centro, resulta desagradable hasta para nosotros mismos.

Pareciera que existen dos ciudades en una: la que empieza en la Flor Blanca y sigue hacia arriba y la otra del Hospital Rosales hacia abajo.

¿Qué fue lo que sucedió? ¿Cómo hemos llegado a perder el centro histórico a lo largo de estos años?

Fueron los señores demócratas cristianos quienes en un infeliz día, acordaron crear una “zona peatonal” y de inmediato cerraron la 1a. Calle Poniente, desde la Avenida España hasta el Parque Hula Hula. Se dijo que esto haría más atractivo y más fluido el paso de los transeúntes y además serviría para establecer a algunos vendedores informales. La policía municipal se encargaría de la vigilancia, y el tren de aseo no permitiría que se acumulara basura en el lugar. Posteriormente se siguió adoquinando la calle hasta llegar a la altura del almacén Europa, para seguir instalando más vendedoras informales en esta zona peatonal ampliada.

A pesar de que los puestos de vendedores no llegaban ni a 100 los propietarios de almacenes, farmacias y cafeterías, así como los dueños de buses, comenzaron a protestar y advertir que esta medida no representaba ningún modernismo para la ciudad, y que más bien se constituía en una amenaza para sus negocios y para el ornato y orden del centro. En otras palabras, todo fue producto de la demagogia política de la alcaldía.

Veinticinco años después, tres terremotos, una guerra y las continuas decisiones populistas de la alcaldía (ahora en manos del FMLN), nos encontramos con un centro de la capital sucio, deteriorado y con edificios en ruinas convertidos en basureros; muchos edificios tradicionales, iglesias, casas de personajes ilustres, estatuas y otras construcciones de alto valor histórico han cedido al tiempo, al descuido y al vandalismo hasta llegar a desaparecer.

Ahora todas las calles están tomados por los “vendedores callejeros” que fueron adiestrados para que se asociaran y “defendieran sus derechos”. En otras palabras, ya no existe el centro histórico ni zona peatonal ni zona comercial real.

El centro de nuestra querida capital está invadido por toda clase de gente rara entremezclada con una minoría que realmente quiere comerciar.

Allí fueron a parar desplazados, emigrados del campo, excombatientes, roba furgones, contrabandistas, traficantes de drogas, traficantes de armas, trata de blancas, ladrones, pandilleros, vagos, etc., etc. Según datos revelados por sus mismos dirigentes, existen en todo el país alrededor de 14,500 vendedores callejeros, y sólo en la capital hay más de 10,000 convencidos de que las calles son suyas.

Toda esta gente, literalmente, se tragó el centro y ahora nadie puede transitar por allí sin sentir una mezcla de cólera, pena y tristeza.

¿Qué podemos hacer?¿Se perdió el centro de San Salvador para siempre?

La palabra la tienen el Gobierno, los diputados, los abogados y los intelectuales del país.
¡Ah! Y por supuesto... la Alcaldía Municipal de San Salvador.

*Mercadólogo.

 

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