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Guillermo
Guido*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
No, no me refiero
a la anhelada posición que tanto pregonaron algunos partidos políticos,
para atraer votos en las pasadas elecciones.
En esta ocasión nos referimos al centro de la ciudad capital, al
Centro Histórico de nuestro querido San Salvador.
Existe una nueva generación de salvadoreños que nunca conoció
cómo era realmente nuestra capital y, probablemente, ve con naturalidad
todo ese adefesio al que llamamos el centro. Por eso es necesario
que hagamos un desesperado llamado para recuperar nuestra ciudad, antes
de que todo termine convirtiéndose en ruinas y suciedad.
A principios de la década de los 80, la Alcaldía de San
Salvador era administrada por el Partido Demócrata Cristiano y,
por primera vez, estaba en manos de la oposición. Antes de eso,
la alcaldía de la capital (y todas las de la república)
siempre estuvo dirigida por alcaldes pertenecientes al mismo partido que
gobernaba al país (el PRUD, posteriormente convertido en el PCN)
y de esa manera, los trabajos hacia la comunidad, como el ornato, aseo,
iluminación, parques, mercados y funcionamiento de negocios, entre
otros, correspondían exclusivamente a la alcaldía, mientras
que la seguridad pública, el urbanismo y ordenamiento del tráfico
de vehículos, entre otros, se mantenían bajo la responsabilidad
del gobierno central. Hay que reconocer que no se hablaba ni se discutían
grandes proyectos para la ciudad, pero en cambio la ciudad se mantenía
siempre limpia, ordenada, activa y sobre todo segura.
Cuando estaba pequeño y en mi adolescencia, muchas veces escuché
de boca de personas extranjeras frases como: San Salvador es una
bonita ciudad, San Salvador tiene de todo lo bueno o
San Salvador es bonito de día y de noche. Cuando cursaba
mis estudios universitarios fuera del país, en una reunión
de compañeros se hizo una pequeña encuesta, y por unanimidad
se clasificó a San Salvador como la capital más atractiva
que a todos gustaba visitar.
En realidad, los salvadoreños nos sentíamos orgullosos de
nuestro país y de nuestra capital en esos tiempos. Ahora todo es
diferente y San Salvador, especialmente el centro, resulta desagradable
hasta para nosotros mismos.
Pareciera que existen dos ciudades en una: la que empieza en la Flor Blanca
y sigue hacia arriba y la otra del Hospital Rosales hacia abajo.
¿Qué fue lo que sucedió? ¿Cómo hemos
llegado a perder el centro histórico a lo largo de estos años?
Fueron los señores demócratas cristianos quienes en un infeliz
día, acordaron crear una zona peatonal y de inmediato
cerraron la 1a. Calle Poniente, desde la Avenida España hasta el
Parque Hula Hula. Se dijo que esto haría más atractivo y
más fluido el paso de los transeúntes y además serviría
para establecer a algunos vendedores informales. La policía municipal
se encargaría de la vigilancia, y el tren de aseo no permitiría
que se acumulara basura en el lugar. Posteriormente se siguió adoquinando
la calle hasta llegar a la altura del almacén Europa, para seguir
instalando más vendedoras informales en esta zona peatonal ampliada.
A pesar de que los puestos de vendedores no llegaban ni a 100 los propietarios
de almacenes, farmacias y cafeterías, así como los dueños
de buses, comenzaron a protestar y advertir que esta medida no representaba
ningún modernismo para la ciudad, y que más bien se constituía
en una amenaza para sus negocios y para el ornato y orden del centro.
En otras palabras, todo fue producto de la demagogia política de
la alcaldía.
Veinticinco años después, tres terremotos, una guerra y
las continuas decisiones populistas de la alcaldía (ahora en manos
del FMLN), nos encontramos con un centro de la capital sucio, deteriorado
y con edificios en ruinas convertidos en basureros; muchos edificios tradicionales,
iglesias, casas de personajes ilustres, estatuas y otras construcciones
de alto valor histórico han cedido al tiempo, al descuido y al
vandalismo hasta llegar a desaparecer.
Ahora todas las calles están tomados por los vendedores callejeros
que fueron adiestrados para que se asociaran y defendieran sus derechos.
En otras palabras, ya no existe el centro histórico ni zona peatonal
ni zona comercial real.
El centro de nuestra querida capital está invadido por toda clase
de gente rara entremezclada con una minoría que realmente quiere
comerciar.
Allí fueron a parar desplazados, emigrados del campo, excombatientes,
roba furgones, contrabandistas, traficantes de drogas, traficantes de
armas, trata de blancas, ladrones, pandilleros, vagos, etc., etc. Según
datos revelados por sus mismos dirigentes, existen en todo el país
alrededor de 14,500 vendedores callejeros, y sólo en la capital
hay más de 10,000 convencidos de que las calles son suyas.
Toda esta gente, literalmente, se tragó el centro y ahora nadie
puede transitar por allí sin sentir una mezcla de cólera,
pena y tristeza.
¿Qué podemos hacer?¿Se perdió el centro de
San Salvador para siempre?
La palabra la tienen el Gobierno, los diputados, los abogados y los intelectuales
del país.
¡Ah! Y por supuesto... la Alcaldía Municipal de San Salvador.
*Mercadólogo.

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