|
Vyantas
Landsbergis*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En mayo el mundo
celebrará el 60o. aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial
en Europa. Pero, en vez de estarse preparando animosamente para la ocasión,
los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania que
apenas hace 15 años recuperaron la independencia que perdieron
en ese conflicto están inquietos.
Los jefes de Estado de estos tres países fueron invitados a participar
en los desfiles que se realizarán en Moscú para celebrar
la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi. Pero el anfitrión
mismo de la celebración, Rusia, en los tiempos de la Unión
Soviética, causó la guerra la más sangrienta
en la historia europea cuyo fin se conmemora. Por supuesto, la URSS
instigó la guerra junto con Adolfo Hitler, pero su responsabilidad
es innegable.
Al llevar a cabo estas celebraciones en la Plaza Roja y, por tanto, resaltar
el triunfo soviético, Rusia también celebra sus ganancias
de esa guerra. Una de esas ganancias fue mi país, Lituania, cuya
incorporación al imperio de Stalin estuvo acompañada de
incontables tragedias. A diferencia de Alemania, Rusia nunca ha reconocido
su responsabilidad en la guerra y las fosas comunes llenas de inocentes.
Por lo tanto, un país que antes fue cautivo ahora es invitado a
celebrar su cautiverio. Por eso casi todos los lituanos de hecho,
la mayoría de los habitantes de los países bálticos
se sienten incómodos ante la perspectiva de que sus gobernantes
celebren este aniversario en Moscú. Pero los estonios, los letones
y los lituanos no son los únicos europeos que tendrían que
sentirse así.
Cuando Stalin le ofreció a Hitler su amistad en la primavera de
1939 formalmente plasmada ese verano con el Pacto Molotov-Ribbentrop
se aseguró que el Este no apuñalaría por la espalda
a las agresiones nazis; por tanto, Hitler quedó con las manos libres
para hacer lo que quisiera en Occidente.
El pacto vino después de los asesinatos de la Kristallnacht
en Alemania, por tanto, los soviéticos sabían muy bien a
qué destino estaban condenando a los judíos de Polonia y
Lituania, mismos que de acuerdo con el primer protocolo secreto firmado
por Ribbentrop y Molotov el 23 de agosto de 1939, quedarían en
manos de Hitler. Un mes más tarde, igualmente en secreto, Hitler
le vendió Lituania a Stalin.
Los otros países localizados entre Alemania y la URSS fueron igualmente
sentenciados a desaparecer como naciones tarde o temprano.
Sus pueblos fueron tratados prácticamente como si no existieran.
La única preocupación de los agresores era el territorio.
Tal parece ahora que las sentencias a muerte y las torturas que se infligieron
a naciones casi enteras y millones de gentes, se aceptarán en silencio
y se celebrarán ruidosamente el 9 de mayo en Moscú. Algunas
autoridades rusas quieren develar un monumento a Stalin para coronar las
festividades.
Cuando el ejército de Hitler atacó a Occidente, la URSS
apoyó puntualmente a Alemania en su guerra contra Polonia, Francia,
Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega
y el Reino Unido. Como resultado, las ciudades de esos países fueron
devastadas y la gente asesinada no sólo por los nazis, sino también
por sus aliados soviéticos, los cuales invadieron Polonia y le
dieron al ejército alemán los materiales que necesitaba
para su guerra en contra de Occidente. A cambio, a la URSS de Stalin se
le dio luz verde para atacar a Finlandia y ocupar Estonia, Letonia y Lituania,
así como una parte de Rumania.
De acuerdo con la ley, cuando dos criminales sellan un contrato con la
sangre de sus víctimas, ese acto sigue siendo un crimen, aun si
los dos criminales más tarde se enemistan y se cubren con balas
mutuamente. Lo mismo se aplica a los dos más grandes criminales
europeos del Siglo XX. No debemos olvidar los crímenes que Hitler
y Stalin cometieron juntos como aliados sólo porque después
se pelearon.
La sangre de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial clama justicia,
pero lo que más exige es honestidad sobre qué y quiénes
causaron su trágico destino. Si aquellos que se reúnan el
9 de mayo en Moscú hacen algo para validar los crímenes
de guerra soviéticos, mostrarán que son insensibles al llanto
silencioso de los diez millones de inocentes muertos en la Segunda Guerra
Mundial. El único ganador real será el espíritu de
ese demonio.
Copyright: Project Syndicate.
*Primer presidente post comunista de la Lituania independiente, es miembro
del Parlamento Europeo.

|