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“Seguiré en esto hasta que ya no pueda más”

Madre y socorrista. En el Día Internacional de la Mujer, Claudia da un ejemplo de solidaridad y amor al prójimo


Publicada 8 de marzo 2005 , El Diario de Hoy

Vocación. La joven revisa a un desconocido que convulsionó y fue llevado a Comandos. Foto EDH

Susana Joma
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


A Claudia Altamirano Urquilla, la sonrisa no se le ha borrado del rostro, a pesar de que durante los nueve años que tiene como socorrista de Comandos de Salvamento se ha topado con la muerte y la desventura de las familias más pobres.

Está tan atareada con las emergencias en la clínica de la institución, asistiendo en accidentes y rescates los fines de semana, que no había reparado que hoy es el Día Internacional de la Mujer.

Claudia, de 25 años y madre de tres pequeños, entró en la institución cuando estudiaba primer año de Bachillerato en Salud. Como dice, quedó enamorada del servicio al prójimo cuando, junto a otros 20 compañeros, llegó a Comandos para hacer las horas sociales.

“Cuando dije que me quedaba colaborando, mis compañeras me dijeron que estaba loca”, afirma, luego de rememorar algunos de los capítulos más peligrosos que ha vivido.

A la mente le vienen las evacuaciones en la zona del Bajo Lempa como consecuencia del fenómeno Mitch. “Fue difícil cruzar el río crecido con una cuerda. Yo traía dos niños, uno sobre la espalda y otro sujeto con el brazo derecho. Con la mano izquierda estaba agarrada e iba avanzando hasta que de repente sentí que la correntada se hizo más fuerte, pensé que me iba a arrastrar con ellos pero mis compañeros me ayudaron”, recuerda acerca de una labor en la que ha aprendido a ser fuerte física y moralmente. Sin embargo, no deja de conmoverse cuando ve el sufrimiento de los niños.

“Lo que más me cuesta ahorita es combinar la vida personal con el trabajo, porque tengo tres chiquitines José, Irvin y Sergio. Se me hace bien difícil estar allá y aquí. A veces estoy una semana de día y otra de noche”, explica la joven.

Ella, como sus colegas hombres, colabora en el rescate de personas y de cadáveres. Pese a lo duro que es la vida de un socorrista, no duda al decir: “Estoy dispuesta a seguir hasta que no pueda más”.

Claudia quiere terminar la educación media, los estudios que dejó al calor de los primeros años de socorrista.

No pierde de vista una meta importante: inculcar en sus hijos el interés por el prójimo, lograr que sean profesionales y que luego, si les gusta lo que ella hace, sigan su ejemplo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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