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Alejandro
A. Tagliavini
Buenos Aires. (AIPE)
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Paraguay y Argentina están conmocionados por el asesinato de Cecilia
Cubas y el transporte de drogas a través del aeropuerto internacional
de Buenos Aires, Ezeiza.
La hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas fue secuestrada
por un grupo del Partido Patria Libre (PPL), el 21 de septiembre y luego
asesinada, aun cuando se pagaron 800,000 dólares por el rescate.
Los secuestradores recibieron ayuda y asesoramiento de las FARC. Colombia
ofreció enviar a Paraguay a Rodrigo Granda, el llamado canciller
de las FARC, que hasta hace poco vivía en Caracas, si ese país
solicita la extradición para juzgarlo por su vinculación
con el secuestro y asesinato de la joven.
El secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, viajará a
la Argentina el 7 de marzo para tratar sobre mejoras en los radares con
que cuenta nuestro país, que asegurarían una mejor intercepción
de vuelos ilegales vinculados al narcotráfico o al terrorismo.
Pero el problema es que mucha droga viaja en los vuelos legales.
El 16 septiembre de 2004, en Madrid, se incautaron 60 kilogramos de cocaína
en valijas marcadas Embajada argentina en Madrid, que venían
desde Buenos Aires en un vuelo de Southern Winds, empresa privada argentina,
asociada con la nueva estatal Lafsa. La denuncia se realizó aquí
un mes después, y luego de hacerse pública, el 15 de febrero,
se procedió a la remoción de 17 oficiales de la Fuerza Aérea
Argentina. Entretanto, las filmaciones de 150 cámaras de seguridad
fueron borradas.
Es imposible que una carga de 60 kilogramos no sea detectada por
los dos escáneres de la Policía Aeronáutica
y de la empresa de aviación y de los perros, dijo la
Fuerza Aérea.
En 2004 se incautaron 264 kilos de cocaína en Ezeiza, pero a nivel
mundial se calcula que lo incautado es entre el 8% y el 12% de lo que
pasa por los aeropuertos. Irónicamente, el lugar donde la situación
es más grave es en EE.UU., aun con los sistemas más modernos
y sofisticados.
A los muchos que proponen la legalización de las drogas, como la
revista británica The Economist, se sumó el Premio Nóbel
de Economía Gary Becker.
En una publicación reciente, The Economic Theory of Illegal
Goods: the Case of Drugs, Becker, Kevin Murphy (de Chicago) y Michael
Grosman (NBER), concluyen que combatir las drogas legalizándolas
y fijando un alto impuesto es más eficiente que continuar prohibiéndolas.
¿Por qué la guerra contra las drogas no se gana? Porque
el juego consiste en no ganarla. Así se justifican enormes cantidades
de dinero para combatirla, a la vez que se promueven altos
precios y millonarias ganancias a narcotraficantes que gozan de monopolios
y que al ser clandestino su consumo no se puede prevenir, detectar ni
curar.
El narcotráfico se nutre de mano de obra barata entre los desocupados,
que abundan gracias a inflexibles leyes laborales en la región
y de los campesinos cultivadores que prefieren sus más altos rendimientos.
Así vemos que una hectárea cultivando coca produce unos
7,500 dólares al año contra 600 dólares cultivando
café y 1,000 dólares cultivando cacao.
Entre los grupos violentos están los terroristas, en particular
las FARC que, según Ted Galen Carpenter, de Cato Institute, reciben
unos 600 millones de dólares al año del narcotráfico.
Muchos de estos grupos guerrilleros desaparecerían si no fuera
por el financiamiento que logran con el tráfico de drogas.
El diario La Nación, de Buenos Aires, informó que 50 toneladas
de cocaína circulan al año en la Argentina y que apenas
unas tres toneladas son decomisadas.
Para terminar con el narcotráfico hay que legalizar el consumo,
lo cual a su vez permitiría un mayor control, como sucede con el
tabaco y el alcohol. Es realmente trágico que a los jóvenes
a quienes no se les vende cigarrillos ni cerveza tengan más fácil
acceso a la cocaína.
*Miembro del Departamento de Investigaciones de
la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas
(ESEADE). © www.aipenet.com

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