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CAFTA vs TPA

En la aritmética del Congreso, 71 diputados republicanos votaron en contra de los tratados de libre comercio durante la administración Clinton. Este número se ha reducido a 21 durante la administración Bush.

Publicada 8 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Uno de los principales peligros que afronta el TLC entre Centro América y Estados Unidos (CAFTA), en la lucha por su aprobación en el Congreso estadounidense, es la proximidad de la votación por la renovación del TPA.

El TPA (Trade Promotion Authority o Fast Track) es una ley que permite que los acuerdos comerciales firmados por el Presidente estadounidense sean aprobados o rechazados en su totalidad por el Congreso, sin ningún tipo de modificación.

El TPA expiró en 1994 y fue renovado en 2002. En la Cámara de Diputados, la administración de George W. Bush consiguió la renovación del TPA con 215 votos en favor y 214 votos en contra. Sin embargo, el TPA expira de nuevo en junio de este año.

Entonces, si la pelea por la aprobación del CAFTA se prolonga hasta mayo o junio, se uniría con la lucha por lo renovación del TPA. Si eso sucede, el CAFTA podría afrontar problemas. En la actualidad el poder en la Cámara de Diputados está distribuido de la siguiente manera: 232 republicanos, 201 demócratas, un independiente y existe una diputación aún sin un representante electo. La mayoría simple se obtiene con la mitad más uno de los diputados presentes.

Tanto para aprobar el CAFTA como el TPA, la administración Bush deberá hacer concesiones especiales. Por ejemplo, cinco minutos antes de que terminara la sesión para la aprobación del TPA en 2002, había 215 votos en contra y 210 en favor. Entonces, los líderes republicanos de la Cámara de Diputados, Dennis Hastert, Richard Armey y Tom DeLay, firmaron una carta dirigida al diputado republicano de Carolina del Sur, Jim DeMint, prometiendo protección para el sector de textiles.

Esta oferta logró captar los votos de otros republicanos, como el diputado Robin Hayes, de Carolina del Norte. Además, la administración Bush ofreció varios tipos de beneficios y protecciones a distintos productos, desde naranjas hasta leche.

Claramente, la renovación del TPA este año obligará de nuevo a la administración Bush a dar concesiones especiales a diputados indecisos. El problema es que el CAFTA también va a requerir que se hagan concesiones especiales. Sin embargo, existe sólo cierta cantidad de concesiones que se pueden hacer. Por ello, si la administración Bush tiene que invertir demasiadas concesiones para el TPA, tendría pocas armas para lograr la aprobación del CAFTA. Esto podría hacer que la votación del CAFTA se complique y por eso es muy importante que ambas votaciones no se junten. Además, es lógico que para el Gobierno estadounidense el TPA tenga prioridad sobre CAFTA.

Además de otorgar concesiones especiales a ciertos estados, la otra arma de la administración Bush es la seguridad nacional. El argumento del gobierno americano es que las sociedades libres no crean terroristas y un primer paso para tener una sociedad libre, es el libre comercio.

Por ello, los tratados de libre comercio son herramientas de estabilidad política y de democratización para los países en desarrollo. Esta estabilidad política se traduce en mayor seguridad nacional para Estados Unidos y después del 11 de septiembre, esta es la prioridad más importante.

Por ejemplo, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick (2001-2005), durante la negociación del CAFTA dijo: “Los tratados de libre comercio ayudan a crear los bloques necesarios para el desarrollo sostenible, que incluyen derechos de propiedad, Estado de Derecho, y mayor competencia. El libre comercio se trata de libertad y de sociedades abiertas. Estos valores son el corazón de las reformas que Estados Unidos desea impulsar y son parte de nuestra agenda de desarrollo. Desde Johanessburgo hasta San Salvador, Estados Unidos está abriendo un nuevo camino de prosperidad, Estado de Derecho y libertad”.

En la aritmética del Congreso, 71 diputados republicanos votaron en contra de los tratados de libre comercio durante la administración Clinton. Este número se ha reducido a 21 durante la administración Bush. Por lo tanto, la administración Bush puede conseguir cerca de 210 votos de su partido para la aprobación del CAFTA.

En el Partido Demócrata, existen 22 diputados que están abiertamente en favor del libre comercio. Por lo tanto, el número de votos necesarios para aprobar el CAFTA existen. Sin embargo, estos votos pueden aumentar o disminuir dependiendo de cuantas concesiones especiales tenga disponibles la administración Bush.

Por lo tanto, la pregunta pendiente es: ¿Cuántas concesiones requerirá la renovación del TPA y cuántas estarán disponibles para el CAFTA?

*Columnista de El Diario de Hoy.

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