 |
|
Muebles. En el reducido espacio tienen un juego de sala y dos
camas desvencijadas. Fotos EDH / Arturo Silva
|
Alejandra Dimas
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Son casi las nueve de la mañana y el ruido de los buses por fin
logró despertar a la pareja que tiene como techo el paso a desnivel
del Barrio Candelaria.
Ricardo Heriberto Alas Durán y Delmy del Carmen Sandoval, ambos
de 26 años, duermen desde hace 13 y 17 años respectivamente
en la calle.
No recuerdan cuando fue la última vez que les atendió un
médico, ni la fecha que se dieron un baño.
Pero los dos guardan fresco en la memoria que el pasado 16 de enero cumplieron
un año de ser novios.
Ricardo acepta que de niño siempre fue rebelde y que apenas tenía
13 años cuando la curiosidad le hizo inhalar pegamento por vez
primera.
Al principio olía pega porque mis compañeros de juego
lo hacían. Hoy es para olvidarme de tanto problema; yo me pongo
triste cuando es Navidad y Día de la Madres, dice con nostalgia.
 |
|
Incómoda. Delmy duerme en un colchón con agujeros.
Fotos EDH / Arturo Silva
|
Relata que se fue de la casa que vivía con su familia en el Barrio
Candelaria.
Mi mamá se acompañó con otro hombre y me trataban
mal. Después se fue mojada para los Estados Unidos y no supe de
ella, manifestó.
Delmy tenía ocho años y cursaba tercer grado cuando comenzó
a vagar en las calles. También explicó que se fue de su
casa en Apopa porque la golpeaban.
No me acuerdo de la dirección, pero sí sé cómo
llegar, pero me cuesta reunir el pasaje, dice.
Mientras cuenta su historia, se toca un tatuaje ilegible en el que antes
se leía el nombre de su primera pareja, un adicto fallecido.
Actor y costurera
 |
|
Unidos. A pesar de la adicción se protegen mutuamente.
Fotos EDH / Arturo Silva
|
El joven se recuerda que antes hacía teatro junto a un grupo itinerante.
Asegura que también fue mimo, pero que hoy no tiene dinero para
comprar el traje y la pintura.
Delmy aprendió a coser y a bordar, pero nunca consiguió
un empleo.
Cada uno procreó tres hijos, pero los de Ricardo los cuida su suegra
y los de Delmy están a cargo de su madre.
Era lo mejor porque sólo comemos dos veces a la semana,
dice Ricardo mientras se lleva el bote con pega a la boca.
Afrontan el peligro
- Ricardo Alas relata que hace algunas semanas un indigente que dormía
en el otro extremo del paso fue asesinado.
- Algunas veces hacen mandados para ganarse algunas monedas, pero nadie
confía en ellos porque están sucios.
- Comen los miércoles y viernes, días en que llega el ministerio
de una iglesia a darles alimento.
- Tratan de ahorrar para vender golosinas y alquilar una habitación
que cuesta dos dólares por día.
Hermandad en ministerios
Un buen número de indigentes que residen abajo de los puentes
y pasos a desnivel, pueden alimentarse gracias a los ministerios que se
forman para llevarles comida.
El Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de Israel cuenta
con un grupo de voluntarios que colaboran en el ministerio Pan y
chocolate.
Varios días a la semana recorren las arterias capitalinas para
ayudar y aliviar el espíritu de los necesitados.
El comedor Mamá Margarita es otro lugar, ubicado en la Avenida
María Auxiliadora, en donde les sirven desayuno y almuerzo a los
ancianos.
Los dormitorios municipales son otros sitios al que los desamparados pueden
tener una cama segura cada noche.
El servicio es gratuito, pero debe ser disciplinado. También hay
que arreglar las camas.
Sólo tengo una foto de una de mis hijas. Las veo cuando
tengo para el bus que me lleva a Apopa
Delmy Sandoval
Indigente
En la calle se sufre. Corremos peligro de que nos maten y aguantamos
hambre y frío
Ricardo Alas
Menesteroso

|