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Puentes les sirven de hogar

San Salvador. Hay indigentes que viven bajo las infraestructuras viales. Algunos escapan de su casa por maltratos físicos.


Publicada 7 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Muebles. En el reducido espacio tienen un juego de sala y dos camas desvencijadas. Fotos EDH / Arturo Silva

Alejandra Dimas
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Son casi las nueve de la mañana y el ruido de los buses por fin logró despertar a la pareja que tiene como techo el paso a desnivel del Barrio Candelaria.

Ricardo Heriberto Alas Durán y Delmy del Carmen Sandoval, ambos de 26 años, duermen desde hace 13 y 17 años respectivamente en la calle.

No recuerdan cuando fue la última vez que les atendió un médico, ni la fecha que se dieron un baño.

Pero los dos guardan fresco en la memoria que el pasado 16 de enero cumplieron un año de ser novios.

Ricardo acepta que de niño siempre fue rebelde y que apenas tenía 13 años cuando la curiosidad le hizo inhalar pegamento por vez primera.

“Al principio olía pega porque mis compañeros de juego lo hacían. Hoy es para olvidarme de tanto problema; yo me pongo triste cuando es Navidad y Día de la Madres”, dice con nostalgia.

Incómoda. Delmy duerme en un colchón con agujeros. Fotos EDH / Arturo Silva

Relata que se fue de la casa que vivía con su familia en el Barrio Candelaria.

“Mi mamá se acompañó con otro hombre y me trataban mal. Después se fue mojada para los Estados Unidos y no supe de ella”, manifestó.

Delmy tenía ocho años y cursaba tercer grado cuando comenzó a vagar en las calles. También explicó que se fue de su casa en Apopa porque la golpeaban.

“No me acuerdo de la dirección, pero sí sé cómo llegar, pero me cuesta reunir el pasaje”, dice.

Mientras cuenta su historia, se toca un tatuaje ilegible en el que antes se leía el nombre de su primera pareja, un adicto fallecido.

Actor y costurera

Unidos. A pesar de la adicción se protegen mutuamente. Fotos EDH / Arturo Silva

El joven se recuerda que antes hacía teatro junto a un grupo itinerante. Asegura que también fue mimo, pero que hoy no tiene dinero para comprar el traje y la pintura.

Delmy aprendió a coser y a bordar, pero nunca consiguió un empleo.

Cada uno procreó tres hijos, pero los de Ricardo los cuida su suegra y los de Delmy están a cargo de su madre.

“Era lo mejor porque sólo comemos dos veces a la semana”, dice Ricardo mientras se lleva el bote con pega a la boca.

Afrontan el peligro

- Ricardo Alas relata que hace algunas semanas un indigente que dormía en el otro extremo del paso fue asesinado.
- Algunas veces hacen mandados para ganarse algunas monedas, pero nadie confía en ellos porque están sucios.
- Comen los miércoles y viernes, días en que llega el ministerio de una iglesia a darles alimento.
- Tratan de ahorrar para vender golosinas y alquilar una habitación que cuesta dos dólares por día.


Hermandad en ministerios

Un buen número de indigentes que residen abajo de los puentes y pasos a desnivel, pueden alimentarse gracias a los ministerios que se forman para llevarles comida.

El Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de Israel cuenta con un grupo de voluntarios que colaboran en el ministerio “Pan y chocolate”.

Varios días a la semana recorren las arterias capitalinas para ayudar y aliviar el espíritu de los necesitados.

El comedor Mamá Margarita es otro lugar, ubicado en la Avenida María Auxiliadora, en donde les sirven desayuno y almuerzo a los ancianos.

Los dormitorios municipales son otros sitios al que los desamparados pueden tener una cama segura cada noche.

El servicio es gratuito, pero debe ser disciplinado. También hay que arreglar las camas.

“Sólo tengo una foto de una de mis hijas. Las veo cuando tengo para el bus que me lleva a Apopa”
Delmy Sandoval
Indigente

“En la calle se sufre. Corremos peligro de que nos maten y aguantamos hambre y frío”
Ricardo Alas
Menesteroso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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