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Óscar
Monedero Alfaro*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Una buena causa defendida por hombres inmorales produce la desconfianza
y confusión de ideas, la desmoralización y perversión
a las masas, y la ruina moral de los pueblos.
Gral. Eloy Alfaro, Ecuador 1842-1912.
Debido a más de 70 años de influencia comunista, que hasta
contaminó a la Iglesia Católica, más los efectos
del conflicto armado, se produjo en El Salvador una gradual y general
distorsión en el sistema de valores éticos.
Los criterios se distorsionaron en todos los niveles y aspectos, con más
intensidad desde 1960, y así se fue alterando el uso de la lógica
y el raciocinio, y en consecuencia el comportamiento de demasiados salvadoreños,
tornando insensatos sus juicios y actitudes.
La corrección de criterios moralizadores del plan Educo que se
limita a los niños y adolescentes, debería incluir a los
adultos y a los universitarios, para evitar conflictos de criterios entre
padres y hermanos mayores con los menores.
Educo, en su moralización en las universidades, debería
concentrar esfuerzos en el área de mercadeo de todas las profesiones,
específicamente en el tema de la fijación de precios.
Una de las tácticas comunistoides, antes y durante la década
de los 60, fue alterar en las universidades el criterio de fijación
de precios al consumidor en las materias de mercadeo de bienes y servicios,
sean productos artesanales, industriales y servicios médicos, legales,
de ingeniería, etcétera.
Durante siglos, un empresario productor y proveedor de bienes y servicios,
agregaba a sus costos directos e indirectos un porcentaje de su costo
de vida, de investigación y expansiones, capacitación de
jóvenes aprendices, mejoras salariales y una razonable utilidad
como reserva personal de imprevistos.
Esto fue alterado deliberadamente para producir un capitalismo rampante
y así exasperar a las masas consumidoras y poder manipularla con
más facilidad.
Las universidades empezaron a enseñar que la fijación de
precios debía haberse analizando sólo cuánto aguanta
pagar el consumidor. En pocas palabras, ¿con cuánto me puedo
aprovechar del cliente?
Ésta ha sido una mala práctica comúnmente aceptada,
pero a todas luces contraria a la tradicional ética empresarial,
un sofisma de dimensiones descomunales, que el plan Educo, ampliado, debería
tomar en sus manos, orientándolo también desde los micro
hasta los macro empresarios, junto con el apoyo del Ministerio de Economía,
respaldados con la Ley de Protección al Consumidor.
A este esfuerzo deberían agregarse las universidades y sus profesores,
los medios de difusión, y hacer una moción conjunta ante
las Naciones Unidas y la OEA, para generalizar en el mundo, o al menos
en América Latina, el volver a enseñar los antiguos y éticos
criterios de fijación de precios.
Toda reforma nacional de cualquier índole sería ineficiente
si continúa prevaleciendo una inconsciente conducta humana. La
plena superación del individuo, el total imperio de la ley, y el
sostenido desarrollo del país dependen de una ética nacional
correcta en cada persona, o al menos en una abrumadora mayoría.
* Colaborador de El Diario de Hoy.

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