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Opinando
Ética: fijando precios

La corrección de criterios moralizadores del plan Educo que se limita a los niños y adolescentes, debería incluir a los adultos y a los universitarios, para evitar conflictos de criterios entre padres y hermanos mayores con los menores.

Publicada 7 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Óscar Monedero Alfaro*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

“Una buena causa defendida por hombres inmorales produce la desconfianza y confusión de ideas, la desmoralización y perversión a las masas, y la ruina moral de los pueblos”.
Gral. Eloy Alfaro, Ecuador 1842-1912.

Debido a más de 70 años de influencia comunista, que hasta contaminó a la Iglesia Católica, más los efectos del conflicto armado, se produjo en El Salvador una gradual y general distorsión en el sistema de valores éticos.

Los criterios se distorsionaron en todos los niveles y aspectos, con más intensidad desde 1960, y así se fue alterando el uso de la lógica y el raciocinio, y en consecuencia el comportamiento de demasiados salvadoreños, tornando insensatos sus juicios y actitudes.

La corrección de criterios moralizadores del plan Educo que se limita a los niños y adolescentes, debería incluir a los adultos y a los universitarios, para evitar conflictos de criterios entre padres y hermanos mayores con los menores.

Educo, en su moralización en las universidades, debería concentrar esfuerzos en el área de mercadeo de todas las profesiones, específicamente en el tema de la fijación de precios.

Una de las tácticas comunistoides, antes y durante la década de los 60, fue alterar en las universidades el criterio de fijación de precios al consumidor en las materias de mercadeo de bienes y servicios, sean productos artesanales, industriales y servicios médicos, legales, de ingeniería, etcétera.

Durante siglos, un empresario productor y proveedor de bienes y servicios, agregaba a sus costos directos e indirectos un porcentaje de su costo de vida, de investigación y expansiones, capacitación de jóvenes aprendices, mejoras salariales y una razonable utilidad como reserva personal de imprevistos.

Esto fue alterado deliberadamente para producir un capitalismo rampante y así exasperar a las masas consumidoras y poder manipularla con más facilidad.

Las universidades empezaron a enseñar que la fijación de precios debía haberse analizando sólo cuánto aguanta pagar el consumidor. En pocas palabras, ¿con cuánto me puedo aprovechar del cliente?

Ésta ha sido una mala práctica comúnmente aceptada, pero a todas luces contraria a la tradicional ética empresarial, un sofisma de dimensiones descomunales, que el plan Educo, ampliado, debería tomar en sus manos, orientándolo también desde los micro hasta los macro empresarios, junto con el apoyo del Ministerio de Economía, respaldados con la Ley de Protección al Consumidor.

A este esfuerzo deberían agregarse las universidades y sus profesores, los medios de difusión, y hacer una moción conjunta ante las Naciones Unidas y la OEA, para generalizar en el mundo, o al menos en América Latina, el volver a enseñar los antiguos y éticos criterios de fijación de precios.

Toda reforma nacional de cualquier índole sería ineficiente si continúa prevaleciendo una inconsciente conducta humana. La plena superación del individuo, el total imperio de la ley, y el sostenido desarrollo del país dependen de una ética nacional correcta en cada persona, o al menos en una abrumadora mayoría.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

 

 

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