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| Espera ayuda. María Hernández,
junto a sus hijos. Foto EDH |
René Serrano
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Aunque sea 100 dólares mensuales
Con tres hijos a cuestas, que no superan los 11 años, María
Esperanza Hernández, de 36 años, sobrevive de los pocos
ingresos que obtiene por la venta de pasteles, papas fritas, refrescos
y otras golosinas, en el cantón San Francisco El Dorado, jurisdicción
de San Isidro, en el departamento de Cabañas.
Una vivienda de bahareque y lámina, en un predio público,
es llamada hogar por la pobre familia, que, junto a otras
20, decidió habitar una parte del camino vecinal que conduce hacia
el cantón Potrero y Tablas.
Desde hace tres años María no cuenta con el apoyo de un
compañero, por lo que se rebusca para alimentar a sus
vástagos, sobre todo a la más pequeña, quien apenas
tiene un año y seis meses.
La esperanza vuelve a los ojos de la mujer al escuchar sobre la posibilidad
de recibir una ayuda económica de parte del Gobierno, y comienza
a hacer las cuentas de la cantidad que necesitaría para mantener
una vida digna para ella y sus hijos.
Si el Presidente (Antonio) Saca decidiera ayudarme, la ayuda sería
bienvenida, aunque sea unos cien dólares mensuales, comenta.
En otros sectores, como el caserío Joya Larga, en el cantón
Los Jobos, otras familias se las ingenian para subsistir. La venta de
ropa y otros negocios ambulantes es común en la zona.
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| Oficio. Las mujeres se dedican a las tareas domésticas.
Foto EDH |
Aquí sólo para irla pasando consigue
Levantarse temprano para moler el maíz con el que producirá
tortillas para la venta es ahora la ocupación de Zoila Mariluz
Ábrego, de 30 años, quien recientemente perdió su
trabajo en una maquila en la capital.
Madre de tres niños, Zoila se alió a su progenitora, Francisca
Zometa, en este pequeño negocio, ubicado en la pobre vivienda de
bahareque con inodoro de fosa. Ambas residen en el caserío La Cancha,
al costado poniente de la cancha municipal de Caluco, Sonsonate.
Aquí sólo para irla pasando se consigue, comenta
la mujer, quien se queja de la falta de oportunidades a la que deben enfrentarse
las mujeres de más de 30 años en la industria de la confección.
Eso es un obstáculo para quienes nos gusta trabajar honradamente,
agrega.
La falta de trabajo en Caluco obliga a las madres solteras a viajar hasta
San Salvador para ayudar con los gastos de la casa. Empleo en oficios
domésticos o en alguna maquila son los más comunes, por
lo que regresan a sus hogares dos veces por semana, mientras la abuela
se encarga de los vástagos con los pocos recursos económicos
que obtienen.
La dieta más común de los niños en Caluco se basa
en pan francés con café negro por la mañana; alguna
sopa de mora, chipilín o frijoles por la tarde, y arroz con frijoles
por la noche.
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| Sin servicios. Leonora Amaya, frente a su casa.
Foto EDH |
No vivimos, sino que sobrevivimos
Aquí se vive de lo que se puede cosechar, explica sin reparos
Leonora Amaya, de 54 años, quien vive junto a su compañero
de vida y sus nietos en el cantón Azacualpilla de Joco, en la jurisdicción
de Nueva Granada, en Usulután, a unos ocho kilómetros de
la ciudad.
La crianza de gallinas, cerdos y otros animales domésticos le valen
a la mujer para sostener a su familia, aunque el acceso al agua potable,
la energía eléctrica y caminos pavimentados se vislumbra
como una realidad lejana. Dos veces al día, un autobús les
brinda la oportunidad de movilizarse hacia la ciudad con mayor rapidez.
Para los servicios médicos, los habitantes de Azacualpilla de Joco
poseen una clínica comunal en Nueva Granada, aunque con frecuencia
son remitidos hacia el hospital de Santiago de María.
No tienen ni idea de cuánto sería un salario ideal, ya que
nunca han tenido un empleo formal. No vivimos, sino que sobrevivimos,
afirma Pedro Elías Ramos, de 43 años, quien, junto a su
compañera de vida, subsiste en el pequeño hogar hecho de
bahareque y láminas de zinc.
Aunque varias familias han sufrido la partida de los hijos hacia la capital,
muchos de éstos jóvenes regresan al terruño materno,
ya que la falta de educación formal en el municipio no les permite
tener acceso a un trabajo digno.

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