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Eliomín: La cultura camina para atrás
Uno de los pocos tenores salvadoreños con trayectoria internacional
reflexiona sobre el quehacer cultural, y lamenta que los talentos nacionales
aún carezcan del apoyo de sus compatriotas. A la vez, invitó
a los artistas a seguir luchando por ser reconocidos
Publicada 5 de marzo 2005 , El Diario de Hoy
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Esfuerzo. El salvadoreño ha luchado por ser un profesional
y demostrar al mundo su calidad como tenor.
Foto: EDH/Gustavo RIco
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Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
mlazucena@elsalvador.com
Eliomín Zelaya se considera un joven con suerte:
maestros como Rafael Montes y Xiomara Guzmán descubrieron sus habilidades
vocales, educaron su voz y lo encaminaron hacia un futuro exitoso.
A sus 19 años, partió hacia Nueva York
a estudiar una beca de canto en el Julliard School.
Hoy, consolidado como tenor, ha cantado en grandes escenarios de Estados
Unidos, y en Centroamérica su voz es bien cotizada. El lírico
salvadoreño ha hecho de Guatemala su hogar permanente, ante la
gran actividad cultural que allí se desarrolla.
Hace una semana hizo su debut como Alfredo Germont, en la ópera
La Traviata, representada por los cantantes de la Asociación Lírica
Salvadoreña (Alisa), en el Teatro
Presidente. Entre bastidores aceptó hablar del bel canto y de las
frustraciones artísticas que los talentos nacionales afrontan a
diario.
¿Cuál es la realidad de los cantantes de bel canto en el
país?
En El Salvador, la cultura de la ópera aún está
adormecida. Lo poco que yo he hecho en mi país ha sido con la Asociación
Pro Arte de El Salvador y Alisa.
¿Para un cantante lírico, es difícil educarse aquí?
¡Muy difícil! El campo aquí es complicado y aún
se considera un género selecto que a mucha gente no atrae.
¿Es un espectáculo elitista?
No, por el contrario.
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En acción. Eliomín Zelaya como Alfredo Germont
en La Traviata. Foto: EDH/Gustavo RIco
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¿Por qué la apatía del público?
Yo diría que este género de las bellas artes no se ha
dado a conocer de forma adecuada, es mínimo lo que se ha hecho
para acercarlo al público. Acepto que la generalidad de salvadoreños
lo consideran élite, y tal vez sea porque en Europa y Estados Unidos
son espectáculos muy caros, las entradas no están al alcance
de todos. Sin embargo, en Guatemala hay cuatro propuestas líricas
todos los años.
Aquí, es Alisa la que lleva la batuta...
Y me parece buenísimo y me encanta su filosofía de esforzarse
para educar a los talentos nacionales. Alisa está dejando un precedente
en la historia de las artes salvadoreñas.
¿En qué le ha fallado el país a los artistas?
En el apoyo.
¿Por qué?
Aquí vamos a hablar de dos tipos de apoyo: el moral y el económico.
Necesitamos que tanto el Gobierno como la empresa privada nos den una
oportunidad para demostrarles nuestras capacidades. Culturalmente hablando,
el país camina para atrás. Todavía somos una sociedad
que prefiere gastar en talentos y espectáculos extranjeros.
¿Esta misma realidad es compartida con las naciones vecinas?
Costa Rica está a años luz de nosotros. Ellos montan ópera
desde hace 20 años, tienen universidades para arte, licenciaturas
en arte... Guatemala nos lleva la delantera en cuanto apoyo se refiere.
La empresa privada paga por el arte. Tengo que aceptar que también
nosotros, los artistas, debemos vencer temores y seguir tocando puertas.
Más de una se abrirá.
La sociedad salvadoreña nos falla (a los artistas nacionales)
con su falta de apoyo.
No cree en nuestro talento

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