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Punto de vista
El villano de la película

Los tiempos en nuestra época se aceleran cada vez más. Estoy seguro de que si nos empeñamos en erradicar la ignorancia, tardaremos menos en desterrar al villano, dejará de haber pobreza.

Publicada 5 de marzo 2005, El Diario de Hoy


Carlos Mayora Re
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

A mucha gente le encanta leer novelas policiacas. En ellas, los autores suelen dar suficientes pistas para que el lector, o el que mira la película, deduzca quién es el asesino, el villano. Hay muy buenos novelistas y guionistas que lo tienen a uno en suspenso hasta el final; pero también los hay muy malos, que desde el principio destapan sus cartas y la trama pierde interés.

Cuando el escritor no es bueno, ya se sabe qué va a pasar. Pero los mejores escritores juegan con los datos y hacen creer a los lectores, basándose en pistas engañosas o en verdades a medias, que el villano es alguien muy distinto del que ha matado a la víctima, y que se destapa al final de la historia.

Un poco de esto pasa cuando se analizan los países y sus econo- mías. Cuando las cosas van bien, pocas veces se toma alguien la molestia de explicar el éxito, pero cuando no, dependiendo de quién hace los análisis, así se identifica a villanos.

En nuestro país el “tipo” o el “malo” de la película económica suele ser el neoliberalismo. Hay quienes lo satanizan y quienes lo canonizan, y en muchas conversaciones de esas en que se arregla el mundo, resulta invariablemente culpable de los éxitos y fracasos de la economía nacional.

Sin embargo, me parece que ese juicio es un poco precipitado, por varias razones. La primera, porque el neoliberalismo no es sólo un sistema económico, sino más bien un sistema político. La segunda, porque es muy difícil que un modelo socio económico se dé en estado químicamente puro y, según la teoría política, en este país estamos muy lejos de lo que los estudiosos describen como un sistema económico o político neoliberal.

La tercera, porque el neoliberalismo, más que un sistema que produce resultados económicos, es un marco que permite la libre acción de los agentes económicos, de tal manera que el aumento o disminución de una economía no es fruto del neoliberalismo en sí, sino del trabajo de quienes componen la sociedad. Además, cargar las tintas nunca es buen método para encontrar verdades, a lo más, lo es para despertar animosidades.

Entonces, parecería que dado un marco de acción razonable: ya sea neoliberal, socialdemócrata, o cualquiera de los matices que los dos sistemas pueden adoptar; al final de la película lo que enriquece o empobrece a las naciones es el trabajo de los ciudadanos.
El marco es clave, el ambiente es vital, pero lo que de veras es fundamental es el trabajo.

Hay factores que impiden el trabajo de las personas, como el caso de las economías centralizadas o regímenes en los que el Estado de Derecho existe sólo de nombre. Pero, dando por supuesto que en el país existe un mínimo de libertad que no coarta la iniciativa, y que sería deseable mayor nivel de oportunidades, pero que algo hay, resulta que el encuadre socioeconómico deja de cargar con el peso de toda la culpabilidad.

Así, dadas las condiciones en que el trabajo puede producir riqueza ¿qué será lo que nos impide convertirnos en una Irlanda latinoamericana? Lo mismo que hasta hace treinta años hacía de esa nación europea un país en vías de desarrollo, nos ata también a nosotros: la ignorancia.

A fin de cuentas ¿de qué sirve contar con oportunidades si se carece de los conocimientos que se necesitan para aprovecharlas?

Estamos en la sociedad del conocimiento. Conocimiento es sinónimo de potencial, en unos casos, y siempre de riqueza. Irlanda lo descubrió. Con altas y bajas se empeñó en erradicar la ignorancia (no en erradicar la pobreza) y mediante la educación de sus ciudadanos desterró de la isla la ignorancia y la pobreza.

Entonces, el villano de la película no es el neoliberalismo ni el egoísmo a él asociado. El malvado que ata nuestros tobillos y no nos deja avanzar, es la ignorancia. Por ello, enhorabuena por todas las iniciativas que contribuyan a cambiar ese panorama, aunque sean parciales, aunque sean incompletas.

Hace casi un siglo la revolución industrial sacó de la pobreza a la mayoría de las personas en las naciones europeas. Hace treinta años el conocimiento comenzó a transformar naciones como Irlanda, Chile y Singapur… Los tiempos en nuestra época se aceleran cada vez más. Estoy seguro de que si nos empeñamos en erradicar la ignorancia, tardaremos menos en desterrar al villano, dejará de haber pobreza. Todo está en moverse en la dirección correcta.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.

 

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