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CJeffery D. Sachs
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El Primer Ministro británico, Tony Blair, ha declarado que los
temas que tendrán mayor importancia en la Cumbre del G-8, que se
realizará en julio próximo, serán la pobreza en África
y el cambio climático global. Pueden parecer problemas sin relación
entre sí, pero de hecho la tienen. Un viaje que hice a una aldea
de la región de Tigre, en el norte de Etiopía, puede servir
para ilustrar este nexo.
Una mañana fui conducido al lecho seco de un río, justo
en las afueras de la aldea. Allí los campesinos estaban cavando
un pozo para llegar al manto acuífero que se encontraba aproximadamente
dos metros bajo el nivel del suelo. Me explicaron que hasta hacía
poco ése había sido un río perenne (que fluye todo
el año), pero que ahora deja de hacerlo durante la estación
seca. Sólo cuando las lluvias anuales comienzan en el verano, reaparece
el agua en el lecho del río. Hasta entonces, las sedientas comunidades
cavan pozos para buscar agua si es que la encuentran y pueden permitirse
bombearla hacia la superficie.
En el norte de Etiopía, como en gran parte de África, el
ciclo de las lluvias ha cambiado notablemente en los años recientes.
Desde hace mucho, la vida de la aldea etíope ha dependido de dos
cosechas, una durante una corta lluvia en marzo y abril, y la principal
durante las lluvias más prolongadas de los meses de verano. En
los últimos años, han cesado del todo las lluvias cortas
y las lluvias más largas han tenido un patrón irregular.
El hambre es omnipresente. Quizás la mitad de los niños
pesan mucho menos de lo normal para su edad.
Gran parte del África subsahariana árida, en particular
el Sahel (la región que está justo debajo del desierto del
Sahara), ha experimentado una notable disminución de las precipitaciones
durante el último cuarto de siglo. Esta disminución coincidió
con un aumento de la temperatura de la superficie del vecino Océano
Índico, señal de que la baja en las precipitaciones se debe,
en parte, al proceso de más largo plazo del calentamiento global
causado por el hombre.
La falta de lluvias contribuye no sólo a que exista inanición
y hambre crónica, sino también al surgimiento de violencia
cuando los pueblos hambrientos luchan por la escasa comida y agua. Cuando
irrumpe la violencia en regiones con escasez de agua como Darfur, en Sudán,
los líderes políticos tienden a ver el problema en estrechos
términos políticos. Si es que llegan a actuar, movilizan
a las fuerzas de paz, y motivan sanciones internacionales y ayuda internacional.
No obstante, Darfur, como Tigre, necesita una estrategia de desarrollo
para luchar contra el hambre y la sequía incluso más de
lo que necesita a las fuerzas de paz. Los soldados no pueden mantener
la paz entre pueblos desesperadamente hambrientos.
Además de adaptarse al cambio climático, el mundo también
debe reducir los futuros riesgos para el planeta, aminorando las emisiones
de gases de invernadero, que son la fuente del cambio climático
causado por el hombre. La adaptación al cambio climático
es necesaria (porque ya está ocurriendo), pero no es suficiente.
Si el mundo no mitiga los cambios climáticos del futuro, los efectos
del aumento de las temperaturas, las mayores sequías, la mayor
cantidad e intensidad de las tormentas tropicales y la propagación
de las enfermedades tropicales se convertirán en enormes amenazas
para todo el planeta.
Las hambrunas de Etiopía y la violencia en Darfur son indicios
de lo que nos depara el porvenir.
La mejor manera de mitigar el cambio climático de largo plazo es
reducir las emisiones de carbono. Hay al menos tres opciones:
a) Cambiar a fuentes de energía que no se basen en carbono, como
las energías solar o nuclear. b) Captar y desechar el dióxido
de carbono emitido en las plantas de energía en base a carbono.
c) Economizar en el uso de la energía, por ejemplo, utilizando
automóviles y camionetas con tecnología híbrida.
Lo más probable es que todos estos métodos tengan un papel
que jugar. El esfuerzo por reducir los gases de invernadero exigirá
décadas de acción, pero, dado el largo tiempo que toma reacondicionar
los sistemas energéticos del mundo, debemos comenzar ahora. Los
países ricos deben dar el ejemplo.
Es irónico que Estados Unidos, que se presenta como un amigo de
la democracia y los países empobrecidos, sea el país rico
que destine la menor proporción de su PGB a programas de ayuda,
y que también se niegue a participar en las iniciativas globales
para reducir las emisiones de gases de invernadero.
Esto es particularmente irónico, porque los países africanos
como Etiopía se alinearon de manera sólida y valiente con
EE.UU. en la lucha por la libertad y contra el terrorismo, a pesar de
tener que luchar también con el hambre, la enfermedad y la inanición.
Más aún, los países como Etiopía están
haciendo esfuerzos denodados y notables para superar sus problemas, a
pesar de la falta de una ayuda adecuada y durante tanto tiempo prometida
por parte de los países más ricos del mundo.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Economía.

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