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La nota del día
No es con sopa que se superan crisis

El esquema chavista de “gobierno” recuerda lo que hacían los nobles en la Edad Media al salir de sus castillos: tiraban monedas a los pobres

Publicada 5 de marzo 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Los seis años de catastrófico desgobierno chavista se esconden bajo los altísimos precios de un mar de petróleo, señala el analista venezolano Vladimir Chelminski. Esos enormes ingresos, los petrodólares, han contribuido a sostener una cierta popularidad de Chávez, pese a un incremento en los precios, mayor delincuencia que antes, ciudades más sucias, mayor cantidad de gente trabajando de manera informal, masas de mendigos en las calles y peores servicios públicos.

En Venezuela, se nos dice, hasta para comprar una taza de café hay que identificarse y mostrar la tarjeta tributaria. Chávez afirma que la subida de impuestos decretada por el régimen no afecta a los pobres, ignorando que todo impuesto se pasa al consumidor final. A medida que suben las cargas tributarias, inexorablemente se eleva el costo de la vida.

¿Qué hace entonces Chávez “por sus pobres”? Chelmiski lo revela: con tres “misiones” Chávez quiere hacer felices a los venezolanos. La primera misión consiste en dar asistencia médica “gratis” a través de un ejército de médicos cubanos, que Chávez paga con enormes donaciones de petróleo a Castro, quien a su vez lo vende a otros países, entre ellos los centro-americanos. Se paga con la mano derecha lo que se regala con la izquierda.

La segunda “misión” consiste en planes educativos: los estudiantes, jóvenes y adultos, ganan un salario mientras estudian; en año y medio reciben su título de bachiller, más o menos como las licenciaturas otorgadas por la Universidad Nacional de El Salvador a ex “alzados” después de seis meses de cursillos. Y la tercera “misión” es simple: vender a precios reducidos alimentos y artículos de primera necesidad, plan que está quebrando al comercio establecido y a los productores.

A esto hay que agregar las confiscaciones de propiedades agrícolas que se están llevando a cabo, para repartirlas entre campesinos y el proletariado urbano. Pero como se demostró aquí en El Salvador con un igual experimento, los beneficiarios llegan, arrasan con lo que pueden, cortan cuanto árbol está a su alcance (para vender como leña) y se largan, dejando las tierras en la ruina.

Una rosca que termina en Al Qaeda

El esquema chavista de “gobierno” recuerda lo que hacían los nobles en la Edad Media al salir de sus castillos: tiraban monedas a los pobres. Y lo mismo se hizo en el Primer Mundo durante la gran depresión de los treinta: a la gente se le repartía sopa mientras duró la crisis. Pero la crisis no la curó la sopa, sino las inversiones y la reactivación económica que se produjo al entrar los Estados Unidos en la Segunda Guerra.

Lo grave es que Chávez no sólo regala petrodólares al lumpen venezolano, sino que lo dispensa a manos llenas a partidos de izquierda a lo ancho y largo del Hemisferio. Sea directamente o a través de Cuba, el dinero de Chávez financia campañas políticas y sostiene actividades subversivas en todo el continente. En el nuevo eje populista han ido agrupándose partidos y gobiernos; el último en unirse es el Presidente uruguayo, que en su toma de posesión anunció que abriría relaciones con Cuba. La rosca se cierra con los narcoterroristas colombianos, regímenes al estilo de Argelia y Libia, la OLP palestina y a corta distancia Al Qaeda.


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