|
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los seis años de catastrófico desgobierno chavista se
esconden bajo los altísimos precios de un mar de petróleo,
señala el analista venezolano Vladimir Chelminski. Esos enormes
ingresos, los petrodólares, han contribuido a sostener una cierta
popularidad de Chávez, pese a un incremento en los precios, mayor
delincuencia que antes, ciudades más sucias, mayor cantidad de
gente trabajando de manera informal, masas de mendigos en las calles y
peores servicios públicos.
En Venezuela, se nos dice, hasta para comprar una taza de café
hay que identificarse y mostrar la tarjeta tributaria. Chávez afirma
que la subida de impuestos decretada por el régimen no afecta a
los pobres, ignorando que todo impuesto se pasa al consumidor final. A
medida que suben las cargas tributarias, inexorablemente se eleva el costo
de la vida.
¿Qué hace entonces Chávez por sus pobres?
Chelmiski lo revela: con tres misiones Chávez quiere
hacer felices a los venezolanos. La primera misión consiste en
dar asistencia médica gratis a través de un
ejército de médicos cubanos, que Chávez paga con
enormes donaciones de petróleo a Castro, quien a su vez lo vende
a otros países, entre ellos los centro-americanos. Se paga con
la mano derecha lo que se regala con la izquierda.
La segunda misión consiste en planes educativos: los
estudiantes, jóvenes y adultos, ganan un salario mientras estudian;
en año y medio reciben su título de bachiller, más
o menos como las licenciaturas otorgadas por la Universidad Nacional de
El Salvador a ex alzados después de seis meses de cursillos.
Y la tercera misión es simple: vender a precios reducidos
alimentos y artículos de primera necesidad, plan que está
quebrando al comercio establecido y a los productores.
A esto hay que agregar las confiscaciones de propiedades agrícolas
que se están llevando a cabo, para repartirlas entre campesinos
y el proletariado urbano. Pero como se demostró aquí en
El Salvador con un igual experimento, los beneficiarios llegan, arrasan
con lo que pueden, cortan cuanto árbol está a su alcance
(para vender como leña) y se largan, dejando las tierras en la
ruina.
Una rosca que termina en Al Qaeda
El esquema chavista de gobierno recuerda lo que hacían
los nobles en la Edad Media al salir de sus castillos: tiraban monedas
a los pobres. Y lo mismo se hizo en el Primer Mundo durante la gran depresión
de los treinta: a la gente se le repartía sopa mientras duró
la crisis. Pero la crisis no la curó la sopa, sino las inversiones
y la reactivación económica que se produjo al entrar los
Estados Unidos en la Segunda Guerra.
Lo grave es que Chávez no sólo regala petrodólares
al lumpen venezolano, sino que lo dispensa a manos llenas a partidos de
izquierda a lo ancho y largo del Hemisferio. Sea directamente o a través
de Cuba, el dinero de Chávez financia campañas políticas
y sostiene actividades subversivas en todo el continente. En el nuevo
eje populista han ido agrupándose partidos y gobiernos; el último
en unirse es el Presidente uruguayo, que en su toma de posesión
anunció que abriría relaciones con Cuba. La rosca se cierra
con los narcoterroristas colombianos, regímenes al estilo de Argelia
y Libia, la OLP palestina y a corta distancia Al Qaeda.

|