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Feliz. Valle luce orgulloso la placa que le entregaron en el entretiempo
del partido entre FAS y el Coca Cola. Foto
EDH/Herbert Saravia
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Víctor
Zelada Uceda
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Aquel 1996 parece muy lejano en el tiempo. Pasaron nueve años desde
que Reynaldo Valle asumió la presidencia del Club Deportivo FAS.
Le propusieron el cargo, lo pensó y a pesar de la responsabilidad
económica que debía afrontar, dijo que así. De esa
manera reemplazó al Vicente Basagoitia y comenzó un ciclo
brillante para el equipo santaneco.
¿Cuál fue su primer gran objetivo en el club?
Trabajar organizadamente. Apostarle por las canteras, y por las fuerzas
básicas del equipo. Me llena de orgullo saber que en el equipo
hay jugadores de gran clase como Alfredo Pacheco, Gilberto Murgas y Marvin
González, que salieron de las canteras. Si hubiese seguido el camino
de otros dirigentes, habría echado a la borda este proyecto que
hoy nos estaría dando frutos. Ellos y muchos otros más han
salido de un proceso. En particular, creo que un proceso puede sacar adelante
nuestro fútbol. Al ver que tenemos cerca de 170 niños en
las infanto juvenil, estoy seguro que la futura generación de FAS
tiene una gran herencia.
¿Hasta cuándo quisiera estar al frente del equipo?
A esta altura ya me hubiera gustado retirarme. He tenido un desgaste económico
y personal. Pero cuando he buscado a la persona idónea para que
se haga cargo del equipo, no la he encontrado. Mi sueño es que
quien asuma en un futuro mi puesto, sea una persona responsable.
¿Recibió apoyo de su familia?
Mi esposa, Miriam Valle, y mis dos hijas han jugado un papel importante
en mi vida. Lo digo porque mi familia ha sido mi inspiración en
los momentos más duros. Miriam es quien me echa el hombro siempre.
Ella me ha sabido comprender porque es 100 por ciento seguidora de FAS.
Y fue deportista de joven. Mis hijas han estado involucradas en lo administrativo.
Siempre están en las taquillas y colaboran en llevar el dinero
al banco. Una de ellas está casada con William Machón.
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Afecto. Alberto Castillo saluda a Valle. Atrás, Miriam.
Foto EDH/Herbert Saravia
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Deporte y familia, todo junto...
El deporte me encanta, y a mi familia también. Todo marcha bien
en casa, porque si a mi esposa y a mis hijas nos les gustara, ya me hubiera
retirado, porque es más importante mi familia que estar en esto
del fútbol.
¿Qué papel ha jugado su junta directiva para que siga en
la presidencia?
He tenido buenos compañeros. La junta se ha dedicado a resolver
problemas de la liga, para que no los trate directamente. Me han sabido
aconsejar.
¿Cuál ha sido el momento más alegre?
He tenido muchos. Pero sí puedo destacar uno, fue el día
que me dijeron: Don Reynaldo, queremos que usted sea nuestro presidente.
Cómo olvidar ese momento. Recibí al equipo con mucha alegría
y entusiasmo.
¿Qué le faltaría hacer en FAS? ¿Quizás
ganar algún título internacional?
Estamos trabajando para poder jugar internacionalmente y hacer un buen
papel. Hemos intentado hacerlo, pero no hemos tenido la capacidad suficiente
para ganarle a equipos de México. Ciertamente le ganamos al América
de México en el estadio Cuscatlán, a un Tigres de Monterrey
en Dallas y así hemos ido escalando. Creo que podemos hacerlo,
porque nuestro deporte debe mejorar.
¿Algún otro objetivo?
Me gustaría que algún día en FAS jueguen sólo
salvadoreños. Ya tiramos las bases en este proyecto. Pero aún
falta seguir trabajando en esto.
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Pastel. FAS celebró con todo su cumpleaños.Foto
EDH/Herbert Saravia
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¿Cuál ha sido el día más triste?
Cuando recibí a FAS, no me lo dieron solvente. Al contrario, había
una deuda pendiente de 585 mil colones. En ese momento quise pensar un
segundo y decir: ¡Por Dios, en qué problema me he metido!
Pero a la vez, reflexioné y quise ser optimista. Sin embargo, en
ciertos momentos me entristecía porque la administración
Mathies-Hill nos había endeudado. Sufrimos cuatro em- bargos. Pero
nunca tiré la toalla. Hoy la institución ha sanado sus finanzas,
gracias Dios, a la afición y a los patrocinadores.
¿Cuál ha sido el jugador que le dio más dolores de
cabeza?
Jorge Wagner. A pesar de que lo compré a la Universidad de Honduras,
ha sido el más indiciplinado. Me ultrajó un día.
Lo quité porque tiene vicios y formas de conducirse muy mal.
¿Cuál es su mayor sueño?
Llegar a la Alcaldía de Santa Ana. He trabajado mucho por el deporte
en mi ciudad. Y desde la muncipalidad mucho se puede hacer. Por ejemplo,
terminar de remodelar el estadio Quiteño.
¿Desde cuándo viene soñando esto?
Me ha nacido, hoy que está el excelentísimo presidente Antonio
Saca. Veo que está dirigiendo bien a nuestro país. Y a mí
me gustaría dirigir bien la comunidad, pero apoyado por el partido
en el gobierno, para poder hacer de Santa Ana una ciudad bella.
¿Cómo se siente al ser homenajeado?
Feliz. Estoy agradecido por quienes han valorado mi trabajo. La semana
pasada el cuerpo de bombreros me entregó una placa de reconocmiento
y me ofreció un almuerzo. Ahora, la gente Coca Cola ha decidido
realizarme un homenaje. Doy gracias a Dios por estos momentos.

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