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Pólvora le cambió la vida

Se quemó con un volcancito. Con una venda en la pierna, para proteger la herida, la niña camina todos los días media hora para asistir a clases. La recuperación tardará un año


Publicada 1 de marzo 2005 , El Diario de Hoy

Terapia en casa. María Concepción, abuela de Sara, es la encargada de dar masajes y vendarla antes de ir a la escuela. Foto EDH

Margarita Sánchez/Nelson Dueñas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


En menos de un minuto, el pasado 7 de noviembre, en la antesala de la Navidad, un volcancito agarró fuego en el bolsillo y le quemó la parte superior de la pierna derecha a Sara Suleyma Hernández, de nueve años.

Casi cuatro meses después y tras innumerables sesiones de terapia y de recuperación, la huella de la quemadura de pólvora marca como el primer día la vida de Sara.

En el centro donde estudia ha pedido un permiso para asistir a clases sin uniforme. Las faldas quedaron colgadas en el armario y los pantalones ocuparon su lugar.

Además de la vergüenza de que se le viera la marca abultada en su muslo, la nueva vestimenta le protege la parte dañada del polvo y el sol.

Hasta hace unas semanas, la pequeña aún permanecía ingresada en el Hospital Benjamín Bloom. En la actualidad, viaja a la capital cada ocho días para seguir las terapias.

Doctor privado


Aunque, tiempo después, la mejoría le permitió volver a clases.
“Camino media hora para ir a la escuela y, a veces, me duele la quemada...”, dice Sara, contenta de estar en el aula junto con sus compañeros.

El día del accidente, la madre de Sara la llevó a un médico privado, quien le recetó varias cremas y medicamentos.

La herida se le infectó y el dolor era tal que la pequeña no podía caminar. Días después fue trasladada al Bloom, donde ingresó el 11 de noviembre.

Después de controlar la infección, los cirujanos procedieron a realizar varios injertos de piel para proteger la parte afectada.

Vicky de Carranza, terapista del Hospital Bloom, explicó que los masajes que recibe están encaminados a reducir el volumen del tejido injertado.

“Ella tiene que andar con una venda que le haga presión en su pierna”, detalló la especialista.

Como ella, varios niños que resultaron quemados en los pasados festejos de fin de año visita con frecuencia esta sala.

Lo más indicado para Sara es que utilice una especie de pantalones que presionan el área afectada y que ayudan a fijar la piel.

La familia reconoce que es imposible comprar un traje de este tipo. “Me dijeron que cuesta $170 y que el día que los trajera le iban a tomar las medias”, declaró su madre María Hernández, quien trabaja como doméstica en una casa, en San Salvador.

No pasar a diario con la niña no es un impedimento para seguir el tratamiento. Su abuela, María Concepción de Hernández, aprendió a dar los masajes y cambiarle las vendas a diario, antes de ir a la escuela.


Un proceso lento
Han pasado cuatro meses y Sara sigue con la recuperación.
7 noviembre de 2004
Sara se quemó con un volcancito que guardaba en un bolsillo del pantalón. Fue llevada a un
médico privado.
18 noviembre de 2004
Ingresó al Hospital Bloom con la lesión infectada. Cuando se recuperó, los cirujanos le hicieron varios injertos de piel.
5 de febrero 2005
La niña recibe el alta médica del Bloom, pero sigue las terapias para mejorar la cicatrización de la lesión en la pierna.

- Tratamiento cada ocho días
La especialista del Bloom, Vicky de Carranza, muestra a María, la madre de la niña, cómo debe frotar.
- Hay tiempo para sus primos
Los juegos con sus parientes también han cambiado. Sara necesita estar en un ambiente casi estéril.
- Sólo con pantalones
La menor dejó a un lado las faldas, ya que debe proteger la parte afectada del sol y el polvo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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