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Temas espinosos a afrontar
La demagogia en la educación es traición

En el proceso de aprendizaje, de estudio y transmisión de conocimiento es imprescindible que se den algunos requisitos fundamentales, necesarios para bien cumplir el objetivo.

Publicada 1 de marzo 2005, El Diario de Hoy


Roberto López-Geissmann
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

He tenido la oportunidad de dar muchos tipos de clases, cursos, charlas, y me encanta la docencia. La he ejercido con jóvenes adolescentes, con obreros, con soldados y oficiales, con empleados y ejecutivos, con universitarios y gente de variadas profesiones y extracciones.

La emoción y el privilegio de comunicar, de traspasar conocimientos, de ayudar a conocer más y mejor son inolvidables experiencias para los que compartimos la vocación docente. En el proceso de aprendizaje, de estudio y transmisión de conocimiento es imprescindible que se den algunos requisitos fundamentales, necesarios para bien cumplir el objetivo. Éstos son:

Para el que enseña: 1) Real conocimiento de la materia, o por lo menos de la parte de ella que enseña. Abunda ahora, en todos los niveles, aquel profesor farsante que da a los alumnos un tema, sin dirección ni supervisión alguna, haciendo que unos enseñen a otros, sin posterior revisión ni aclarando lo que estuviere bueno o malo; es demagogia profunda y mal oculta su ignorancia. 2) Honestidad intelectual y docente.

Esto no significa que el que enseña no tenga sus propias convicciones, pero no debiera jamás burlarse de otras o mostrar sólo las partes débiles de sus discursos; es correcto, incluso, que exprese su pensamiento, pero indicándolo así, sin subterfugios. 3) Capacidad docente y de esfuerzo. Esto es, explicarse tan clara como profundamente, buscando servir a sus estudiantes lo más personalizado que sea posible y afilando hasta sus límites los instrumentos de medir la adquisición de conocimiento: las pruebas. Hay aquí una enorme clave.

Para el que quiere instruirse: 1) Respetar la autoridad del que enseña, del que debe proponerse que sabe mucho más y que está transmitiéndole parte de sus conocimientos. Aparte los tristes casos en que esto no sea así, el principio y el criterio de autoridad son pilares insoslayables e insustituibles en la enseñanza; pésimo es el sentido que quiere llamar al maestro un “facilitador”, como si fuera vergonzoso que este supiera más o sus conocimientos fueran apenas más extensos. 2) La disposición de estudiar, investigar, trabajar, en fin, como requisito indispensable para adquirir ese conocimiento que va más allá de lo visto en clase, por buenos que sean el maestro y los libros.

Aspectos objetivos: 1) Un plan de estudios completo, escalonado, correctamente engarzado, con la profundidad necesaria y ascendente, cubriendo las materias que sean necesarias. 2) La disposición de libros, folletos, disquetes, Internet y, claro está, libros que vayan a ser necesarios, pues ya se dijo que “la mejor universidad es una buena biblioteca”; enseñar a usar estos recursos.

Una sociedad históricamente castigada en planes educativos y educadores.
Reforma educativa de los años 60. Influencia de esa década de los extremismos liberas de izquierda, con las ideas de “amor y paz”, respeto a la dignidad (gigantesca y desmedida del educando, reduciendo a la del educador), ideología materialista histórica (más o menos encubierta, y a menudo inconsciente), medios de comunicación y empresa privada misma ignorantes de lo que estaban ayudando a auspiciar, optimismo desaforado, evaluación subjetiva de una utopía pacifista sin asideros reales, procedimientos para defenestrar el principio de autoridad a todos los niveles, laicismo beligerante con buena carga de pérdida de valores, igualitarismo a rajatabla, promoción de libertinaje bajo disfraz de liberación... y paralelamente a esto y más, una mediocridad e incapacidad cada vez más rampantes y descaradas, que llegan a envanecerse de ser tales.

Se ha pretendido que la “reforma de Béneke” ha quedado atrás y se ha modificado por los gobiernos de signo derechista posteriores. Bueno, es posible que las novedades estén más avanzadas, pero ¿en qué? Acaso en el progresismo lineal de las tesis de lo que fue “la izquierda” y que ahora (en varios campos) no es, sino una combinación, aberrante, pero real, de ideas de cierta “derecha” economista y mercantil, con la que se han aliado para lograr un subproducto que no es más que una reproducción monstruosamente poderosa del élan, (sentido, dirección) de los años 60.

Aparte de la conspiración y la ignorancia, el clima en que ha podido darse toda esta nefasta representación teatral tiene dos componentes básicos: 1- La mediocridad, que produce un caldo de cultivo formidable para el pululamiento de maestros sin vocación, haraganes e ignorantes. 2- La demagogia, como sucedáneo de una férrea columna vertebral, es la estructura de los gusanos reptantes, nivelados a ras de suelo, que producen y reproducen una farsa con resultados funestos.

Esta actitud de engaño, de producto malo y de tercer orden, no es menos que una traición nacional.
* Licenciado en Ciencias Políticas.

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