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Un riñon por cinco mil dólares

Les une la necesidad; en unos casos es económica; en otros, de seguir con vida. La insuficiencia renal crónica es un mal endémico en el país y los donantes son escasos. La solidaridad también. Es entonces cuando el dinero aparece en escena para arreglar un trato casi secreto. Jiquilisco, una localidad con un alto índice de enfermos, es un lugar propicio para este negocio. Los cuatro protagonistas de la siguiente historia, de compra y venta de riñón, viven en esa ciudad


Publicada 28 de febrero 2005 , El Diario de Hoy

Sincero. Manuel de Jesús Moya, agobiado por los problemas económicos, decidió vender un riñón. Foto EDH/Arturo Silva

 

Grupo propenso
67

años es la media de afectados por la enfermedad a nivel nacional.

 

Personas
159

murieron por la insuficiencia en 2004, según datos de Medicina Legal.


Alejandra Dimas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Perdió la pierna derecha en un accidente hace muchos años y se moviliza perfectamente con una muleta desgastada. Ésa no es la única parte del cuerpo que le falta. Una deuda bancaria de casi tres mil dólares, el desempleo y la obligación de mantener a su mujer e hijo llevó a Manuel de Jesús González Moya a tomar una decisión de la cual no se arrepiente: vender su riñón izquierdo.

“Se me ocurrió después de ver un programa extranjero en donde salió una mujer que donó un riñón, un pulmón y la médula”, explica este hombre, entrado en los 40.

No lo pensó mucho. “Vi en la venta del riñón la oportunidad de salir de jaranas”, dice el residente de la Cruzadilla de San Juan, una comunidad pobre de Jiquilisco, en Usulután.

Una tarde, hace ya cinco años, escuchó por radio la noticia de que alguien necesitaba un riñón.

Anotó el número de teléfono y poco después hizo la primera llamada. En menos de una semana tuvo el primer encuentro con los familiares del enfermo. El afectado era un agricultor, padre de seis hijos, que vive en el Cantón El Sauce, de San Miguel.

Manuel se hizo todos los análisis clínicos, y todo salió como esperaba. La solidaridad no estaba en sus planes y la palabra recompensa apareció en las reuniones siguientes. Luego fueron al grano: la familia pagaría 5,714 dólares o 50 mil colones de aquel entonces.

“Pero fue de parte de los familiares que salió darme el dinero, y yo soy pobre y tenía que agarrar lo que me daban”, justifica Manuel.

Unos días postrado en un hospital privado de San Miguel y su vida cambió por completo. Incluso en el pueblo le conocen desde entonces por el apodo de “Riñón”, en alusión al único que le quedó.

Con el dinero pagó la deuda en el banco, compró un pick up de 1988 y se dedicó a hacer viajes como transportista de personas.

Se volvió usurero hasta que le robaron todo, incluso las prendas y armas sobre las que había prestado efectivo.

Benjamín Ruiz Rodas
Jefe de trasplantes del isss
l “La donación debe ser generosa. Siempre que hay dinero de por medio no es ético ni moral”.

Verónica Herrera
Asociación de trasplantados
l “El tráfico de órganos o arreglos monetarios no se debe apoyar, pero es algo difícil de detectar”.

De nuevo quedó en la ruina; hoy, con más necesidad que antes, por las gemelas recién nacidas que tiene en casa, afirma sin tapujos que “vendería otra vez otra parte” de su cuerpo. Y vuelve a la carga: “Me enteré que una mujer necesitaba la médula ósea, pero no pude contactarla. A ella le serviría porque soy un hombre sano”.

Tratos comunes

No es extraño que Jiquilisco sea el centro de este tipo de casos de venta y compra de esta clase de órganos. Por causas aún no explicadas, la insuficiencia renal afecta a más y más personas en esa zona. No es casualidad que la siguiente historia, la de Julio Alberto Mejía, de 43 años, tenga su origen en esa localidad.

Levantarse por las noches en repetidas ocasiones para orinar, la pérdida progresiva de peso y una visible anemia eran las señales más notorias de que algo en el cuerpo de Julio no iba bien. En diciembre de 2000 pasó consulta con un especialista.

El nivel alto de creatinina en uno de los exámenes, una sustancia producida por el organismo, le llevó a pensar que todas esas anormalidades tenían un mismo origen: el daño en los riñones.

La enfermedad deterioró en pocos meses la salud de Julio. Muy pronto se convenció de que la única solución para seguir con vida era un trasplante.

A pesar del interés de los familiares cercanos, nadie pudo calificar como donante.
Pronto apareció otro Manuel, una persona conocida, dispuesta a ayudar a cambio de una gratificación. Ignacio M. (nombre ficticio), oriundo de la misma ciudad, empezó a realizarse exámenes físicos y sicológicos para determinar si su órgano era compatible.

Julio expresó que el tiempo que el donate invertía le impedía trabajar, por lo que una ayuda se hacía más que justificada.

Con un grupo de amigos organizaron actividades: la asociación informal se llamaba Grupo Pro-Salud Renal. El dinero recolectado en los radiotones y las rifas sirvió para darle a Ignacio un reconocimiento monetario por el riesgo de la intervención, además de otros gastos en concepto de viáticos, sueldo y gastos de recuperación por el tiempo de convalecencia.

Julio prefirió no mencionar la cantidad; Ignacio sí lo hizo: cerca de 6,000 dólares, aunque no se los han pagado completos.

En Jiquilisco, los casos no son excepcionales. La falta de donantes para unos y de dinero para otros es una solución, quizás poco ética, pero real en esta zona al sur de Usulután.

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Cementerio, testigo de la enfermedad

Oferta de órganos a través de la Internet

Córneas, pulmones y riñones se ofrecen en la red como si se tratase de un objeto decorativo o un simple un artículo para coleccionistas.

Encontrar algún interesado en la compra o venta a través de ese medio es sencillo. La mayoría de ofertantes procede de México, Colombia y Paraguay. La lista incluye al resto de países suramericanos y algunas ciudades de los Estados Unidos.

“Hola, vendo uno de mis riñones, no es broma. Tengo 33 años y practico mucho deporte”, se lee en un anuncio publicado por un ecuatoriano en Agriscape, una página de clasificados web. El vendedor adjunta su dirección electrónica y el precio a pagar: 30 mil dólares.

La oferta es variada y casi todos los interesados en vender algún órgano aducen algún tipo de problema personal o necesidad económica para desahacerse de la víscera.

El pago de la recuperación. Ignacio M. permitió que le extrajeran el riñón izquierdo para que se lo trasplantaran a Julio Mejía, vecino y amigo. El donante acepta que recibió dinero, pero “para gastos de recuperación”

“No es fácil conseguir un donante”
Julio Mejía recibió el órgano de Ignacio. Hoy asegura que ha vuelto a vivir. También recuerda lo mucho que le costó conseguir un donante. “Se le dio dinero por el riesgo que corría”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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