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Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El aumento del alcoholismo juvenil en El Salvador es alarmante, y lo
prueba el espectáculo que dan en las madrugadas, en las mejores
zonas de la capital, los adolescentes borrachos, a quienes sus compañeros
tienen que bañar antes de regresar a sus casas.
Los factores de riesgo que han contribuido a esa iniciación temprana
son: carencia o descuido de la familia, mucho dinero o dinero fácil,
falta de disciplina, disponibilidad de carro y facilidad para obtener
licencias juveniles. Esta problemática se abordó en el IV
Seminario Alcohol y Sociedad, organizado por Industrias La Constancia
y en el cual participaron dos brillantes personalidades internacionales
expertas en el tema.
La Dra. Helene White, profesora de Sociología del Centro de Estudios
sobre Alcohol de la Universidad de Rutgers, New Jersey, y asesora de la
Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia, expuso
que la prevención del alcoholismo en sociedades desarrolladas se
basa en datos científicos, mientras que en países en vías
de desarrollo se apoya en elementos empíricos, factores subjetivos,
intereses personales y conveniencia política.
El estilo de beber también difiere: los europeos lo hacen a diario
y sin emborracharse, y aunque sólo el 20% es abstemio, su consumo
per cápita es bajo. En Latinoamérica, con casi el 50% de
abstemios, la bebida del fin de semana es tanta que dispara el consumo
de litros por persona hasta causar serios estragos sociales y familiares.
El consumo de alcohol se estimula y provoca la necesidad de mayor ingestión,
en eventos deportivos masivos y en bares, clubes y pubs, por las condiciones
existentes, como penumbra, ruido y música excesivos, aglomeración,
agresividad del personal de entrada y de servicio y las colas de acceso
a los baños.
En EE.UU. han disminuido el alcoholismo y los daños subsiguientes
al prohibir las universidades el consumo de licor en sus instalaciones,
y en los establecimientos con licencia, establecer horarios de cierre
más tempranos, modificar sus prácticas de admisión
y sus ambientes, capacitar al personal con miras a un comportamiento más
responsable, no admitiendo menores y ayudándoles a resolver, sin
violencia, sus conflictos interpersonales.
Como la ingestión del alcohol se incrementa con el ambiente y la
presión del grupo, la reducción del consumo fuerte dependerá
de políticas sociales como elevar su precio, prohibir su venta
en eventos deportivos y otros que reúnan grandes públicos
y restringir las happy hours, ofertas de bebidas gratis y
los all you can drink. Según estadísticas, un
70% de los crímenes más violentos está relacionado
con el alcohol.
El Dr. Luis Jiménez Pacheco, médico psiquiatra costarricense,
máster en Salud Pública y consultor en políticas
públicas sobre el alcohol, compartió las experiencias de
su país, enfatizando que, para frenar este flagelo, debe alentarse
la movilización y participación activa de todos los grupos
sociales y económicos interesados.
Siguiendo modelos de Australia y EE.UU., Costa Rica ha iniciado campañas
de prevención y programas educativos con estudiantes de 10o. y
11o. grados, con la participación de profesores y profesionales
de diversas disciplinas.
La empresa privada ha elaborado vallas publicitarias con el mensaje: Si
es con alcohol, no es conmigo, impulsando la figura del chofer
designado, el joven que no bebe, porque le toca manejar. Esto genera
un cambio de conducta en el grupo, que bebe menos por solidaridad con
el chofer, que no puede hacerlo.
Al mismo tiempo, los bares y restaurantes estimulan al chofer designado,
ofreciéndole gratis bebidas no alcohólicas y descuentos
en el consumo de alimentos. Ha sido exitosa la campaña de entregar
las llaves, como ejemplo de conducta responsable del que ha bebido
y no debe manejar. La renuencia del propietario a entregar las llaves
se toma como un signo de inmadurez, que se combate con la leyenda: Das
más si das las llaves.
Se destacó la necesidad de una política nacional del alcohol
en que participen el gobierno, la empresa privada y todos los ciudadanos,
y que se cumplan las leyes y se sancione con severidad a los transgresores.
Aquí, aunque está comprobada la incidencia del alcohol en
homicidios y accidentes graves, y la conducción temeraria ya está
tipificada como delito, la mayoría de los bolos capturados, aunque
haya ingerido suficiente alcohol como para poner una farmacia, vuelve
tranquilamente a sus casas, luego de ser indultados o de haber llegado
a un arreglo económico con las víctimas.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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