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Noche de arte
El bel canto salvadoreño

Desde aquí mi felicitación al Club Rotario, por la organización de la gran noche lírica; al Presidente, por el apoyo con su asistencia, y a nuestros barítonos, tenores y sopranos, mis mejores deseos por su continuado éxito

Publicada 27 de febrero 2005, El Diario de Hoy



Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La noche del pasado miércoles 23 de febrero fue inolvidable para quienes asistimos al gran concierto de arte lírico, en conmemoración del Centenario del Club Rotario. Y será inolvidable porque sólo en celebraciones especiales se conjugan las maravillosas voces de cantantes en una delicada mezcla de ópera, napolitanas y las románticas canciones de Agustín Lara.

Por el origen de los compositores: Mozart, Bizet, Puccini, Verdi, Cardillo, Cordiferro, Tossi, Di Curtis, De Capua, Ardite y Lara, los que asistimos al concierto navegamos por Alemania, Francia, Italia y México.

Por las interpretaciones, la filarmónica y el coro, nos quedamos en El Salvador, pero sí les digo que al escuchar estas excelentes voces me trasladé imaginariamente a la Opera de Viena, la Scala de Milán, el Teatro Frankfurt, el Teatro de Mainz, el de Wiesbaden, el de Madrid y el de Valencia.

Fue muy fácil imaginarme a estos cantantes debutando en esos grandes escenarios y siendo aplaudidos una, dos, tres y hasta cuatro veces, al finalizar la función, después de haber inundando esas grandes salas con la fuerza y la delicadeza de sus voces, dejando atónitos y emocionados a esos públicos más experimentados y exigentes con lo clásico. Mi gran deseo, por el amor a este país, es que estos cantantes lleguen a estos grandes escenarios, se den a conocer y pongan en alto el bel canto salvadoreño.

Estoy convencido de que sería un gran éxito su presentación en los teatros europeos o los de Nueva York, Washington o cualquiera otra capital latinoamericana.

La soprano Ángela de Guardado, el tenor Guillermo Lenccioni, la mezzosoprano Connie de Merino, el barítono Jaime Rosales, la soprano Colorantura Lucía Flores, la soprano Yanira Yasbek, el invitado especial, tenor Eliomín Zelaya, y la orquesta filarmónica y el coro dirigidos por el maestro Joseph Karl Doetsh llenaron todos los espacios del Teatro Presidente con su maravillosa música y sus voces.

La presencia y las palabras del Presidente de la República y la Vicepresidenta, al inicio del acto en honor del centenario de la fundación de Rotary Internacional, confirmaron la importancia de la celebración y el apoyo al arte lírico en El Salvador.

Los cantantes salvadoreños no tienen mucho que envidiar a los de otros países con relación al dominio y la majestuosidad de la interpretación de las obras, aunque sí en la promoción, la publicidad, el apoyo de los medios y la popularidad de la música clásica, que se siente en los países desarrollados.

Se dice que, según se desarrolla económicamente un país, así también se promocionan las bellas artes. Es decir que en los países subdesarrollados y pobres hay poca dedicación e inversión en esa rama.

Esto es fácilmente comprobable cuando uno va a cualquier capital europea o a Estados Unidos, y ve la cartelera de espectáculos en los periódicos. La ópera, los musicales, la zarzuela y los conciertos filarmónicos son pan de cada día.

Pero volviendo a la noche lírica, nos faltó escenario, ingeniería de sonido y un poquito de educación a la hora de entrar y salir cuando la obra ya ha empezado; hablar durante la presentación y no desconectar los celulares y, por otro lado, también nos hace falta, y en mucho, la promoción de los artistas de música clásica, comparándola con la que tienen otros de música ligera, tanto por los medios, las agencias de publicidad, como por el patrocinio de las corporaciones privadas y las organizaciones nacionales e internacionales.

En San Salvador, los espectáculos que más se ofertan y llenan a rebalsar, a pesar del precio de las entradas, son más bien de música ligera, bullanguera, ruidosa y estridente. Parece que es más fácil vender este tipo de espectáculos que los clásicos. Será cuestión de enfoque, dedicación, recursos y promoción inteligente.

Pienso que sería conveniente una reflexión seria de los responsables de la promoción cultural sobre por qué se llenan el estadio, el gimnasio o el anfiteatro de la Feria, con entradas entre 10 y 70 dólares, cuando se presentan espectáculos de música popular. La respuesta es clara: lo clásico aún no es muy conocido.

En los sesenta Mantovani popularizó la música clásica con sus arreglos orquestales; en los setenta lo hizo Luis Cobos con la zarzuela y la ópera, introduciendo mucha percusión.

En los noventa fue la alianza de los tres tenores: Plácido Domingo, José Carrera y Luciano Pavarotti, y posteriormente han continuado Andrea Bocelli y Pavarotti, con sus discos a beneficio de los niños del mundo, cantando en dúo con intérpretes famosos.

¿Qué podemos hacer aquí para impulsar lo clásico? Éste es el reto... Lo más próximo es la promoción inteligente de la ópera La Traviata, que se presentará el 25 y 27 de febrero en el Teatro Presidente.

Desde aquí mi felicitación al Club Rotario, por la organización de la gran noche lírica; al Presidente de la República, por el apoyo con su asistencia, y a nuestros barítonos, tenores y sopranos, mis mejores deseos por su continuado éxito aquí y en todo el mundo...

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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