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Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La noche del pasado miércoles 23 de febrero fue inolvidable para
quienes asistimos al gran concierto de arte lírico, en conmemoración
del Centenario del Club Rotario. Y será inolvidable porque sólo
en celebraciones especiales se conjugan las maravillosas voces de cantantes
en una delicada mezcla de ópera, napolitanas y las románticas
canciones de Agustín Lara.
Por el origen de los compositores: Mozart, Bizet, Puccini, Verdi, Cardillo,
Cordiferro, Tossi, Di Curtis, De Capua, Ardite y Lara, los que asistimos
al concierto navegamos por Alemania, Francia, Italia y México.
Por las interpretaciones, la filarmónica y el coro, nos quedamos
en El Salvador, pero sí les digo que al escuchar estas excelentes
voces me trasladé imaginariamente a la Opera de Viena, la Scala
de Milán, el Teatro Frankfurt, el Teatro de Mainz, el de Wiesbaden,
el de Madrid y el de Valencia.
Fue muy fácil imaginarme a estos cantantes debutando en esos grandes
escenarios y siendo aplaudidos una, dos, tres y hasta cuatro veces, al
finalizar la función, después de haber inundando esas grandes
salas con la fuerza y la delicadeza de sus voces, dejando atónitos
y emocionados a esos públicos más experimentados y exigentes
con lo clásico. Mi gran deseo, por el amor a este país,
es que estos cantantes lleguen a estos grandes escenarios, se den a conocer
y pongan en alto el bel canto salvadoreño.
Estoy convencido de que sería un gran éxito su presentación
en los teatros europeos o los de Nueva York, Washington o cualquiera otra
capital latinoamericana.
La soprano Ángela de Guardado, el tenor Guillermo Lenccioni, la
mezzosoprano Connie de Merino, el barítono Jaime Rosales, la soprano
Colorantura Lucía Flores, la soprano Yanira Yasbek, el invitado
especial, tenor Eliomín Zelaya, y la orquesta filarmónica
y el coro dirigidos por el maestro Joseph Karl Doetsh llenaron todos los
espacios del Teatro Presidente con su maravillosa música y sus
voces.
La presencia y las palabras del Presidente de la República y la
Vicepresidenta, al inicio del acto en honor del centenario de la fundación
de Rotary Internacional, confirmaron la importancia de la celebración
y el apoyo al arte lírico en El Salvador.
Los cantantes salvadoreños no tienen mucho que envidiar a los de
otros países con relación al dominio y la majestuosidad
de la interpretación de las obras, aunque sí en la promoción,
la publicidad, el apoyo de los medios y la popularidad de la música
clásica, que se siente en los países desarrollados.
Se dice que, según se desarrolla económicamente un país,
así también se promocionan las bellas artes. Es decir que
en los países subdesarrollados y pobres hay poca dedicación
e inversión en esa rama.
Esto es fácilmente comprobable cuando uno va a cualquier capital
europea o a Estados Unidos, y ve la cartelera de espectáculos en
los periódicos. La ópera, los musicales, la zarzuela y los
conciertos filarmónicos son pan de cada día.
Pero volviendo a la noche lírica, nos faltó escenario, ingeniería
de sonido y un poquito de educación a la hora de entrar y salir
cuando la obra ya ha empezado; hablar durante la presentación y
no desconectar los celulares y, por otro lado, también nos hace
falta, y en mucho, la promoción de los artistas de música
clásica, comparándola con la que tienen otros de música
ligera, tanto por los medios, las agencias de publicidad, como por el
patrocinio de las corporaciones privadas y las organizaciones nacionales
e internacionales.
En San Salvador, los espectáculos que más se ofertan y llenan
a rebalsar, a pesar del precio de las entradas, son más bien de
música ligera, bullanguera, ruidosa y estridente. Parece que es
más fácil vender este tipo de espectáculos que los
clásicos. Será cuestión de enfoque, dedicación,
recursos y promoción inteligente.
Pienso que sería conveniente una reflexión seria de los
responsables de la promoción cultural sobre por qué se llenan
el estadio, el gimnasio o el anfiteatro de la Feria, con entradas entre
10 y 70 dólares, cuando se presentan espectáculos de música
popular. La respuesta es clara: lo clásico aún no es muy
conocido.
En los sesenta Mantovani popularizó la música clásica
con sus arreglos orquestales; en los setenta lo hizo Luis Cobos con la
zarzuela y la ópera, introduciendo mucha percusión.
En los noventa fue la alianza de los tres tenores: Plácido Domingo,
José Carrera y Luciano Pavarotti, y posteriormente han continuado
Andrea Bocelli y Pavarotti, con sus discos a beneficio de los niños
del mundo, cantando en dúo con intérpretes famosos.
¿Qué podemos hacer aquí para impulsar lo clásico?
Éste es el reto... Lo más próximo es la promoción
inteligente de la ópera La Traviata, que se presentará el
25 y 27 de febrero en el Teatro Presidente.
Desde aquí mi felicitación al Club Rotario, por la organización
de la gran noche lírica; al Presidente de la República,
por el apoyo con su asistencia, y a nuestros barítonos, tenores
y sopranos, mis mejores deseos por su continuado éxito aquí
y en todo el mundo...
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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