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El Diario de Hoy
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Con la reforma fiscal desaparecen, en buena medida, las cajas
chicas, gastos y pagos que hacen negocios de todo tamaño
sin que recibos, comprobantes y justificaciones lleguen a ser parte de
la contabilidad formal. Comprar una barra de jabón para el servicio
cuando se agotó en la bodega, adquirir aspirinas, pagar al fontanero
que arregla un fuga inesperada, etc., eran los usuales gastos de caja
chica. Ahora no sucede así: la gente se ve forzada a guardar papeles
por todo, o pagar tributo por incremento patrimonial. El caso
se complica con las compras que hacen menores de edad, o personas humildes
que no tienen la capacidad de llevar contabilidades.
En esto no hay que olvidar un sabio consejo: ni tanto que queme al santo
ni tanto que no lo alumbre. El santo de las arcas públicas estaba
un tanto a oscuras, pero la hoguera que se pretende encender en sus altares
puede dar fuego a la iglesia y echar abajo nuestras aspiraciones de ser
más eficientes y competir en el mundo globalizado de nuestra época.
Mientras no se reforme la reforma, el monstruito legislativo,
muchas empresas grandes están comprándose entre sí
para obviar lo de las retenciones cuando adquieren de pequeñas.
Y las pymes están confusas respecto a mucho de lo que les corresponde,
por lo que se está volviendo a las transacciones sin recibo, al
contado. El gran esfuerzo hecho para formalizar a los pequeños
se está malogrando.
Forzar a las empresas a realizar tareas propias de la autoridad fiscal
tiene sus altísimos costos. Muchas calculan un gasto adicional
de varios centenares de miles de dólares en papelería y
personal para procesar los informes que se tienen que presentar. Tampoco
Hacienda se queda atrás: se habla de un nuevo ejército de
agentes fiscales, que puede ser más costoso que los ingresos por
percibir. Lo más grave es que estos ejércitos de nuevo personal
son muy difíciles o imposibles de evaluar en cuanto a profesionalismo,
discrecionalidad y honradez.
Que no salga el tiro por la culata
Con las disposiciones contenidas en la reforma fiscal, el gobierno se
convierte en un depositario de información altamente confidencial,
que en el caso de los depósitos bancarios tiene el potencial de
arruinar a una empresa si se divulgan. En el pasado toda clase de informes
de Hacienda, incluyendo balances financieros de empresas, pronto llegaron
a manos de los comunistas, que los exhiben en comisiones legislativas.
Al agregar los movimientos bancarios el Estado queda sujeto a demandas
muy serias de llegar a ser conocidos por otros, debido a las graves consecuencias
que se pueden producir.
La ley introduce inexplicables medidas, como las que gravan con un veinte
por ciento lo que se compra de paraísos fiscales. Pero
dos de esos paraísos están en Centro-América;
al aplicarse el gravamen, se violarían los tratados de integración.
Además no se toma en cuenta que muchas multinacionales manejan
su comercio con el mundo a través de filiales en esos paraísos,
como Panamá, lo que vendría a encarecer la importación
desde ropa y cosméticos hasta electrodomésticos.
Entorpecer los intercambios tiene su alto precio, lo que inevitablemente
se refleja en el costo general de la vida. De allí la necesidad
de reformar a fondo la reforma, para que el tiro no salga por la culata.

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