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La nota del día
A guardar recibos hasta por las pupusas

Entorpecer los intercambios tiene su alto precio, lo que inevitablemente se refleja en el costo general de la vida

Publicada 27 de febrero 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Con la reforma fiscal desaparecen, en buena medida, las “cajas chicas”, gastos y pagos que hacen negocios de todo tamaño sin que recibos, comprobantes y justificaciones lleguen a ser parte de la contabilidad formal. Comprar una barra de jabón para el servicio cuando se agotó en la bodega, adquirir aspirinas, pagar al fontanero que arregla un fuga inesperada, etc., eran los usuales gastos de caja chica. Ahora no sucede así: la gente se ve forzada a guardar papeles por todo, o pagar tributo por “incremento patrimonial”. El caso se complica con las compras que hacen menores de edad, o personas humildes que no tienen la capacidad de llevar contabilidades.

En esto no hay que olvidar un sabio consejo: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. El santo de las arcas públicas estaba un tanto a oscuras, pero la hoguera que se pretende encender en sus altares puede dar fuego a la iglesia y echar abajo nuestras aspiraciones de ser más eficientes y competir en el mundo globalizado de nuestra época.

Mientras no se reforme la reforma, “el monstruito” legislativo, muchas empresas grandes están comprándose entre sí para obviar lo de las retenciones cuando adquieren de pequeñas. Y las pymes están confusas respecto a mucho de lo que les corresponde, por lo que se está volviendo a las transacciones sin recibo, al contado. El gran esfuerzo hecho para formalizar a los pequeños se está malogrando.

Forzar a las empresas a realizar tareas propias de la autoridad fiscal tiene sus altísimos costos. Muchas calculan un gasto adicional de varios centenares de miles de dólares en papelería y personal para procesar los informes que se tienen que presentar. Tampoco Hacienda se queda atrás: se habla de un nuevo ejército de agentes fiscales, que puede ser más costoso que los ingresos por percibir. Lo más grave es que estos ejércitos de nuevo personal son muy difíciles o imposibles de evaluar en cuanto a profesionalismo, discrecionalidad y honradez.

Que no salga el tiro por la culata


Con las disposiciones contenidas en la reforma fiscal, el gobierno se convierte en un depositario de información altamente confidencial, que en el caso de los depósitos bancarios tiene el potencial de arruinar a una empresa si se divulgan. En el pasado toda clase de informes de Hacienda, incluyendo balances financieros de empresas, pronto llegaron a manos de los comunistas, que los exhiben en comisiones legislativas. Al agregar los movimientos bancarios el Estado queda sujeto a demandas muy serias de llegar a ser conocidos por otros, debido a las graves consecuencias que se pueden producir.

La ley introduce inexplicables medidas, como las que gravan con un veinte por ciento lo que se compra de “paraísos fiscales”. Pero dos de esos “paraísos” están en Centro-América; al aplicarse el gravamen, se violarían los tratados de integración. Además no se toma en cuenta que muchas multinacionales manejan su comercio con el mundo a través de filiales en esos paraísos, como Panamá, lo que vendría a encarecer la importación desde ropa y cosméticos hasta electrodomésticos.

Entorpecer los intercambios tiene su alto precio, lo que inevitablemente se refleja en el costo general de la vida. De allí la necesidad de reformar a fondo la reforma, para que el tiro no salga por la culata.


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