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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El proyecto de dar subsidios a madres solteras se debe analizar con
microscopio antes de comprometer esfuerzos, ya que son innumerables los
reparos que sobre el tema se pueden hacer, como dudosos los resultados.
Si el gobierno propone entregar cuarenta dólares por cada niño
en diez comunidades, sobrarán políticos que ofrezcan cien
dólares por niño en todo el país, y si al plan se
agrega repartir medicinas y desayunos, la otra parte ofrecerá los
tres tiempos, vestimenta y viviendas dignas. Pero además
si se les da subsidios a las madres del Cantón El Pito, de inmediato
se generan resentimientos en las comunidades vecinas no beneficiadas.
El programa pronto se convierte en un barril sin fondo hasta que estalla.
Hace muchos años, antes de viajar a la India, un amigo nos aconsejó
nunca dar una limosna, por más necesitado que estuviera quien la
pedía. El motivo es obvio para quienes han estado en esas partes:
al ver que alguien da una limosna, lo rodea una masa de cincuenta o cien
personas pidiendo lo mismo, que además le roban y lo escapan a
linchar. Vender todos los bienes y dar limosna a los pobres es el clásico
consejo bíblico que nunca sacó a ningún pueblo de
la pobreza.
Lo procedente es que sean los padres de esas criaturas abandonadas, los
encargados de sostenerlas. Hay varias iniciativas de ley en la Asamblea,
que van desde negarles pasaporte y licencia de conducir, hasta labores
sociales y penas de cárcel, para forzar a que los padres sostengan
a sus hijos. Lo que falta ¡y nunca salimos de nuestro asombro de
que tal cosa no se haga! es que el ISSS y las AFP crucen información
con la Procuraduría General de Pobres, para saber dónde
es que tienen empleo los padres que no cumplen con sus obligaciones. Por
carecerse de ese cruce de información, son las madres las que tienen
que andar averiguando dónde trabaja el irresponsable, para reanudar
diligencias.
Mejor reforzar otros programas
Los subsidios a madres solteras son la principal causa del desorden que
afecta a muchísimos hogares en Estados Unidos, en especial de personas
de la raza negra. Las madres tienen un fuerte incentivo para no casarse
(las mensualidades), e inclusive para seguir teniendo hijos sin padre
legal. Pero al carecer de una figura masculina, los niñitos negros
crecen indisciplinados y son presa fácil de las pandillas juveniles,
del tráfico de drogas y de repetir lo que vivieron en su niñez.
Para muchos analistas, el retraso social de la población negra
(menores ingresos, familias rotas, altos índices de delincuencia)
se debe precisamente a las políticas de subsidios, ayudas familiares
y pago por desempleo instituidos por los gobiernos demócratas desde
Franklin Roosevelt. De hecho, antes de iniciarse esa política de
ayuda, los negros como grupo social avanzaban igual que el
resto (italianos, irlandeses, chinos, hispanos); a partir de Roosevelt
y en particular de Lyndon Johnson, el cuadro cambió.
Si se cuenta con los recursos, lo que está por verse, lo más
productivo es reforzar programas como el de Escuela Saludable, que reduzcan
la desnutrición y sean un fuerte aliciente para que los niños
vayan a la escuela. O dar una mejor asistencia prenatal a las madres.
Pero nunca repartir dinero.

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