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Un padre llora la muerte de sus hijos en Zarand.
Foto EDH / AP
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El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Las
autoridades iraníes informaron que el terremoto ocurrido ayer en
el sureste del país dejó más de 500 muertos y al
menos 600 heridos.
El movimiento telúrico, de magnitud 6.4 en la escala de Richter,
que fue percibido a las 05:55, hora local, destruyó a dos poblados
enteros.
El epicentro fue cerca de Zarand, un pueblo industrial de 15,000 habitantes
en la provincia de Kerman, a 740 kilómetros de la capital, Teherán,
y a unos 200 kilómetros al noreste de la histórica ciudad
de Bam, que fue devastada por otro terremoto en 2003.
Según informaciones oficiales, el 70% de los edificios de seis
pueblos cercanos a Zarand fueron destruidos.
El Ministerio del Interior informó de que se habían sentido
unas 20 réplicas.
Aunque a la zona afectada han sido enviados 11 equipos de rescate, las
constantes lluvias han entorpecido su labor.
Las autoridades han pedido a los pobladores permanecer fuera de sus casas,
a pesar del clima, por temor a nuevas réplicas.
El sismo dañó unos 40 poblados, después de que azotó
una región a 250 kilómetros de Bam, donde en diciembre del
2003 se produjo un terremoto devastador que mató a 26,000 personas
y prácticamente derribó la histórica ciudad.
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Cientos de viviendas fueron arrasadas por los derrumbes.
Foto EDH / AP
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Al caer la noche, las temperaturas bajaron y la lluvia
se convirtió en nieve en parte de las montañas, mientras
los sobrevivientes se acurrucaban alrededor de fogatas para conservar
el calor, cubriéndose con mantas y tomando sopa caliente.
Unos 1.500 trabajadores de la Media Luna Roja iraní se esparcieron
en equipos, colocando tiendas y lonas.
Kari Egge, representante de UNICEF en Irán,dijo que los sobrevivientes
deberían mudarse a pueblos cercanos para hallar refugio.
Están bajo lluvia y nieve
Bajo una torrencial lluvia helada, los sobrevivientes
sollozaban sobre cadáveres y escarbaban entre las ruinas en busca
de sus familiares.
¿A dónde te has ido? Tenía muchos planes para
ti, gemía Hossein Golestani al cadáver de su hija
Fátima, de 7 años, mientras lo sostenía en sus brazos;
el de su otra hija, Mariam, de 8, yacía junto a él.
Otros sobrevivientes se golpeaban la cara por la aflicción mientras
permanecían sentados junto a los muertos, envueltos en frazadas
en las morgues de los hospitales o a la vera de los caminos.
Al caer la noche, las temperaturas bajaron y la lluvia se convirtió
en nieve en parte de las montañas, mientras los sobrevivientes
se acurrucaban alrededor de fogatas para conservar el calor, cubriéndose
con mantas y tomando sopa caliente.