|

Manuel F. Ayau
Cordón*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ciudad de Guatemala. (AIPE).- Si quiere comprender por qué somos
pobres, por qué no ha funcionado un continente que debiera ser
rico, lea el nuevo libro de Álvaro Vargas Llosa, Rumbo a
la libertad. No es una historia repetitiva, no es una simple relación
cronológica de eventos, sino un agudo análisis histórico
y económico. Tampoco es ideológico. El subtítulo
es por qué la izquierda y el neoliberalismo fracasan
en América Latina.
Es un análisis del origen y desarrollo histórico de actitudes
culturales e institucionales, con comentarios acerca de Europa en lo que
es pertinente al desenvolvimiento de América Latina. Veremos más
claro por qué somos lo que somos y por qué estamos como
estamos; cuál es el camino que América Latina ha recorrido
y cuáles hechos siguen forjando nuestra cultura y, consecuentemente,
las políticas que han prevalecido en la formación de nuestras
instituciones. Vargas Llosa arma el rompecabezas que nos permite entender,
en forma amena y con abundantes referencias, a quienes quieren ahondar
más sobre los temas que aborda.
Seguimos pobres, como la mayoría de los latinoamericanos. La civilización
nos deja atrás. Y claro está, somos pobres no porque no
queremos ser ricos, sino porque no hemos atinado. No me refiero tanto
a nuestros dirigentes políticos como a los intelectuales que en
alguna manera guían y determinan lo que llamamos la opinión
y la cultura del público.
Los políticos típicamente son seguidores de esa opinión
y, por eso, los formadores de opinión son quienes deciden el futuro
y, si su diagnóstico no es acertado, las consecuencias las sufren
los habitantes del país.
Vargas Llosa, investigador del Independent Institute de California, nos
cuenta cómo los países del norte europeo y EE.UU. se desarrollaron
cuando abandonaron el mercantilismo que venían practicando en Europa
desde la Edad Media, el cual consiste en un sistema basado en un régimen
legal positivista, la ley política, que no se basa
en el reconocimiento de derechos individuales, sino en el expediente político,
bajo el cual el ciudadano debe servir al gobierno y no al revés,
en el que sectores privilegiados manejan la economía del país,
un sistema que resulta en una continua transferencia de riqueza de pobres
a ricos.
España y Portugal no abandonaron el mercantilismo, sino más
bien lo implantaron en sus colonias, y tanto ellos como sus colonias nos
quedamos atrás. Este tema, que es de por sí muy interesante,
rara vez es reconocido en la historia que nos han enseñado desde
chicos. Vargas Llosa nos ilustra sobre su naturaleza y desarrollo histórico
y cultural.
En América Latina, la falta de éxito no ha sido por falta
de buena voluntad de quienes gobiernan, sino el natural resultado de equivocados
planes, estudios, dictámenes y modelos, a pesar de cuantiosas sumas
de infructuosa ayuda. Lamentablemente, seguiremos pobres en tanto se nos
escapen, a nosotros y a quienes nos ayudan, las verdaderas causas de nuestra
pobreza.
Entre tanto, los congresistas legislan más y más regulaciones
e intromisiones generadoras de corrupción y pobreza. Ya las entidades
que se ocupan de ayudar a los países pobres, como el Banco Mundial,
comienzan a darse cuenta de las verdaderas causas del fracaso. Robert
E. Anderson, quien trabajó durante diez años en el Banco
Mundial, recientemente publicó un atinado análisis de las
causas de la pobreza en nuestros países, titulado Just get
out of the way. Y el mismo Banco Mundial publicó el extenso
informe Doing Business in 2004, que documenta de manera exhaustiva
el sistema mercantilista en los países pobres, pero sin mencionarlo
por su nombre. Hay, pues, esperanza.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco
Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

|