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Guillermo
Gallegos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador
Venciendo el temor, las balas, las bombas y toda clase de intimidación,
los iraquíes acudieron de manera masiva a las urnas para nombrar
una Asamblea de Transición, que se encargará de elegir a
un presidente y a dos vicepresidentes, momento crucial en la historia
de este pueblo, que está decidiendo libremente su futuro.
La valentía del pueblo es una muestra del deseo de libertad, democracia,
paz y justicia, por lo que esta elección representa un rotundo
rechazo al terrorismo, a los métodos violentos para llegar al poder.
Este paso hacia una nueva vida es importante no sólo para los iraquíes
y Medio Oriente, sino para todo el mundo.
La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, dice que los
iraquíes tienen un largo camino por delante, que la insurgencia
no se irá como resultado de este proceso. Pero han dado un pasado
muy importante al perder la sensación de temor e intimidación
que ha estado en sus vidas durante décadas bajo la tiranía
de Sadam Hussein.
Al ver en televisión las imágenes de los atentados terroristas,
el día de la elección en Iraq, la mayoría de salvadoreños
recuerda la década de los 80, cuando salíamos a emitir nuestro
voto bajo las balas, en abierto rechazo a la subversión, que se
dedicaba a intentar boicotear los comicios.
Cada proceso electoral, además de elegir nuestros funcionarios
públicos, era una muestra inequívoca de nuestra vocación
democrática y pacifista.
Muchos salvadoreños perdieron la vida por acudir a votar. La guerrilla
decía que las elecciones eran parte de una campaña insurgente
apoyada por Estados Unidos, país al que criticaba férreamente,
tildándolo de imperialista, y siguen haciéndolo, porque
a su juicio los comicios no son la vía para construir una sociedad
mejor, sino las revoluciones violentas.
Bajo esta perspectiva, los fundamentalistas iraquíes y los grupos
violentos de los países vecinos de Iraq estaban seguros de que
las elecciones del domingo 30 de enero servirían para aumentar
la lucha armada entre las diferentes sectas religiosas, a tal grado que
confiaban en que las urnas eran una oportunidad para volcar Medio Oriente
al fundamentalismo islámico.
La apuesta de los que no creen en la democracia era el abstencionismo,
sin embargo, sucedió todo lo contrario, porque hubo una afluencia
masiva y más del sesenta por ciento de los ira- quíes aptos
para votar participaron en estas elecciones para conformar una Asamblea
Nacional de Transición de 275 miembros, que elegirá a un
presidente y a dos vicepresidentes. Éstos nombrarán a un
Primer Ministro.
La Asamblea estará en funciones once meses y durante este tiempo
elaborará una Constitución, la cual será aprobada
o rechazada durante un referéndum; posteriormente se elegirá
un gobierno permanente. Todos los que creemos en la democracia y la autodeterminación
de los pueblos esperamos que este proceso concluya con éxito para
beneficio de los iraquíes.
El Presidente de Estados Unidos, George Bush, dijo que el mundo
está escuchando la voz de la libertad desde el corazón de
Medio Oriente, y elogió la valentía de los iraquíes
que concurrieron a las urnas pese a la continua violencia, debido a que
hubo una clara manifestación de rechazo a las ideologías
antidemocráticas.
Como país seguimos de cerca todo lo que ocurre en esa nación,
porque también estamos contribuyendo a la democratización
de ese pueblo. Por medio del Batallón Cuscatlán estamos
dando nuestro aporte a la construcción de una nueva sociedad en
Iraq, ya que nuestros soldados ayudan en tareas humanitarias y de reconstrucción.
Estos comicios son un camino hacia la democracia, un modelo de vida civilizado
que todo el mundo libre está obligado a respaldar para que los
iraquíes puedan vivir en armonía.
*Diputado de ARENA.

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