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El rey Momo

Evidentemente, Fidel Castro piensa que más vale ser prostituta en La Habana para poder comer que ser una empleada doméstica en EE.UU., para mantener familia, casa y automóvil.

Publicada 15 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Alejandro A. Tagliavini
Buenos Aires. (AIPE)
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

En América Latina estamos celebrando el carnaval. Pero parece que los únicos alegres son los chilenos. Su optimismo frente a la economía alcanzó los niveles más altos de los últimos siete años, según el Índice de Percepción de la Economía (IPEC), cuando en enero llegó a los 53 puntos, superando el promedio de 50 desde 1980.

En cambio, angustiados parecen los ministros bolivianos que presentaron sus renuncias por la rebelión de Santa Cruz, la crisis más grave desde que Carlos Mesa es presidente. Se trata de la región de mayor importancia económica, y forzó a anticipar la marcha hacia las autonomías regionales.

El primero en renunciar fue el ministro de “Participación Popular”. Debo confesar que no se me ocurre para qué puede servir semejante ministro, salvo que sea para “participar” en el carnaval.

Quien parece estar buscando financiación para estas fiestas es Lula, porque le propuso al representante permanente del Mercosur, Eduardo Duhalde, la creación de un banco de la Comunidad Sudamericana. Hay muchos bancos estatales (BID, FMI, BM, la Cooperación Andina de Fomento y muchos más), pero ninguno dedicado al carnaval. De hecho, Duhalde pretende que el lanzamiento de la Comunidad Sudamericana se haga en septiembre, con un acto de “repercusión planetaria”.

Ahora, sin duda que el rey Momo es el teniente coronel (r) Hugo Chávez, no por tonto, sino porque les “vende” felicidad a muchos que le creen. Y para los que no le creen, simplemente intentará que no sean escuchados.

La Sociedad Interamericana de Prensa dijo que su gobierno procura “crear una cultura del silencio“, ya que la aprobación de una reforma al Código Penal junto a la Ley de Contenidos (o ley mordaza, como la llaman los venezolanos) establece serias limitaciones a la libertad de expresión. A mí que Chávez me venga a buscar a Buenos Aires.

El teniente coronel (r) pasó por aquí y, además de saludar a “mi general” Perón, frente a su estatua, hizo anuncios grandilocuentes. Habló de “libertad de expresión”, es decir, de financiar “Telesur”, un canal estatal latinoamericano que diga lo que él libremente quiere escuchar y, deseoso de mostrar inversiones (que no se llevan a cabo) junto al Gobierno argentino, “inauguró” una estación gasolinera construida hace varios años por algún inversor privado. Pero sí hubo discursos, fotógrafos y aplausos. Un bullicioso carnaval en una antigua gasolinera disfrazada de nueva inversión.

Chávez aseguró que “abrirá” más estaciones gasolineras junto con la nueva estatal argentina Enarsa, con la compra de la filial local de Shell. La empresa anglo-holandesa lo niega pero, quién sabe, al final los gobiernos autoritarios siempre “tienen la verdad” o la imponen. Como señala Gustavo Lazzari, de la Fundación Atlas, el “negocio” es permitir que una empresa con 90 años de antigüedad, pionera, se retire para vender sus instalaciones al nido de corrupción más grande de América Latina: la petrolera estatal venezolana PDVSA.

La inversión de 1,000 millones de dólares, según el teniente coronel (r), sería financiada con “negocios de este tipo”: la exportación de ganado en pie. El Gobierno argentino sonreía y festejaba el embarque de 1,000 vacas preñadas vivas, modalidad que no se utiliza desde hace un siglo por la introducción de la refrigeración. Kirchner se siente muy cómodo junto al teniente coronel (r) Chávez, quien afirmó que “juntos somos una banda”, a confesión de parte, relevo de prueba.

Pero el presentador del show debería ser el comandante Fidel Castro, ya que durante el Primer Congreso Mundial de Alfabetización habló durante cuatro horas. El interminable discurso fue dedicado a “agradecer” que la Unión Europea (UE) levantara las sanciones contra Cuba.

Además de decir que no necesita ni de la UE ni de EE.UU., indicó que los cubanos prefieren morir antes que sobrevivir en un “infierno capitalista”. Evidentemente, Castro piensa que más vale ser prostituta en La Habana para poder comer que ser una empleada doméstica en EE.UU., para mantener familia, casa y automóvil.

*Miembro del Departamento de Investigaciones de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE). © www.aipenet.com


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