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La versión de los padres

Consultas. Los progenitores reconocen que llegaron tarde al Bloom, pero antes acudieron, varias veces, a otros centros. La mayoría no tiene acceso a agua


Publicada 14 de febrero 2005 , El Diario de Hoy

Más allá. Aunque poseen agua potable, el hacinamiento y la pobreza influyen en los casos de diarrea. Foto EDH/Arturo Silva


El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Quezaltepeque
“Hicimos todo lo que se pudo para salvarla”

Más que un retrato, la imagen refleja las condiciones en que viven muchos salvadoreños en el área rural. Dinora y Lázaro Gálvez, sus ocho hijos y su nieto, habitan en una vivienda de unos cinco metros cuadrados que está sobre la línea férrea en la Comunidad 21 de noviembre, de Quezaltepeque.

Su fuente de trabajo es la venta de pan francés y de periódicos.

Éste es el escenario donde vivía una de las niñas muertas a consecuencia de la diarrea.

Reyna Alicia, la hija menor de los Gálvez, murió el 28 de enero en el Hospital Bloom, seis días después de ser ingresada.

La nieta de Dinora, de apenas un mes, también fue hospitalizada la semana pasada, en el nosocomio de la Libertad, San Rafael, por la misma enfermedad.

En el caso de Reyna, la madre relata que acudió a consultar al centro asistencial dos días después que comenzó con la diarrea, antes había ido a un médico privado.

Al tercer día de no cesar las evacuaciones diarreicas, la madre decide llevarla al Bloom, donde fue ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos.

En ese momento, las unidades de Salud no funcionaban los fines de semana.
“Hicimos todo lo que se pudo para salvarla(...) pero no se logró”.

Colonia IVU
“Los que estaban la noche anterior, seguían trabajando”

Víctima. Ángel consultó tres veces, antes de morir. Foto EDH/Arturo Silva

“Me molesta que digan que las madres llegan tarde; yo fui tres días seguidos y me dijeron que estaba bien...”, dijo Teresina Saldaña, de 40 años, madre de Ángel Salguero, quien murió el 16 de enero, en Cuidados Intensivos del Bloom. El bebé, de un mes, ingresó el 14 y, al igual que otros niños fallecidos, también tenía problemas cardiacos, que complicaron su estado.

El calvario de Teresina inició el lunes 10 de enero, cuando consultó a la unidad de Salud, de Monserrat. La doctora que la atendió le recomendó que llevara a su hijo al Bloom, porque ya notaba dificultades respiratorias.

Fue así como llegó al anexo y le dieron terapia respiratoria. Al siguente día, comenzó con diarrea y vomito; su madre consultó por eso, pero le explicaron que la solución que se usa en las terapias le pudo causar esos síntomas. Una vez más fue a casa confiada en que su bebé mejoraría, pero eso no ocurrió.

Así consultó otra vez.... acetaminofén y de regreso a casa. En la noche del jueves las evacuaciones se complicaron y el viernes sale de nuevo para el nosocomio. Esta vez lo ingresan. “Les dije a los que estaban en emergencia: ‘Ustedes me dijeron que estaba bien ayer...’”. Luego de meditarlo, recapacita y piensa que después de trabajar varias horas, los médicos estaban cansados y pueden equivocarse. “... pero eso no me devuelve a mi hijo, sólo puede ayudar a que le pongan atención a otros niños”.

San Vicente
“Esperamos que amaneciera para llevarla al hospital....”

Recuerdo. Las últimas fotos de Liseth. Foto EDH/Arturo Silva

Sólo resistió 15 minutos en la máxima urgencia del Bloom. Brenda Liseth Cabrera, además de diarrea, tenía complicaciones cardíacas desde su nacimiento.

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Su madre, Liseth Guerrero, de 19 años, recuerda que su hija inició con fiebre luego que le aplicaran una vacuna en la unidad de Salud de Santa Cruz Porrillo.

Al siguiente día inició con evacuaciones no muy continuas y no presentaba vómitos. “Seguía con fiebre y le di el acetaminofén que me dieron en la unidad de Salud”, respondió la joven, a la pregunta si la pequeña fue medicada sin prescripción médica. Tampoco la llevaron donde un curandero.

En la madrugada del 20 de enero, Liseth despertó a un familiar para que la llevara al Bloom, ya que su hija no podía respirar.

“Llegué como a las seis de la mañana y sólo entró y tuvo un paro(...)”. Esa fue la última vez que vio con vida a su niña.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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