Garra y pluma
Ciro Granados
El Diario de Hoy
cirog@elsalvador.com
Nuestro ego se regodea con la falsa creencia
de que un poquito de experiencia es lo único que se necesita para
despotricar o alabar expresiones culturales.
Pulula por ahí una recua de falsos conocedores que se atreven a
dictar un veredicto sin contar con las mínimas herramientas del
saber.
Y me pasó, lo confieso: quedé subyugado, hace pocas semanas,
a la natural soberbia de emitir un juicio apenas minutos después
de que comenzó la obra teatral Por delante y por detrás.
Con razonamiento de novel, empecé a decirme que tal actor pecaba
de sobreactuación, o que la actricita esa no traducía bien
sus líneas al lenguaje corporal. Y sentí sueño, desesperación
porque las escenas no me convencían y, lo peor, desánimo
por lo que nuestros artistas volcaban sobre las tablas.
La altanería siguió, in crescendo, hasta el punto de sentir
que la obra no estaba al nivel de mis expectativas. ¡Cuán
equivocado estaba! Me percaté, avergonzado, de lo superfluo de
mi aventurado dictamen antes de que cayera el primer telón. Me
di cuenta de que lo sucedido en el escenario no era culpa del elenco sino
de mi supina ignorancia. Y cuando el grupo regresó a escena, el
manotazo de una recién nacida conciencia terminó por derribar
mi presuntuosa actitud. Las supuestas faltas del primer acto ¡eran
a propósito!
Por lo menos lo reconozco, pero las estupideces siguen en las aceras,
las redacciones, las conferencias... La ignorancia es peligrosa.

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