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Imprudencias en una sala de teatro

Qué fácil es caer en la tentación de sentirse un crítico! Nos sucede, a menudo, cuando tenemos la oportunidad de apreciar una obra de arte.

Publicada 14 de febrero 2005 , El Diario de Hoy

Garra y pluma
Ciro Granados
El Diario de Hoy
cirog@elsalvador.com

Nuestro ego se regodea con la falsa creencia de que un poquito de experiencia es lo único que se necesita para despotricar o alabar expresiones culturales.

Pulula por ahí una recua de falsos conocedores que se atreven a dictar un veredicto sin contar con las mínimas herramientas del saber.

Y me pasó, lo confieso: quedé subyugado, hace pocas semanas, a la natural soberbia de emitir un juicio apenas minutos después de que comenzó la obra teatral “Por delante y por detrás”.

Con razonamiento de novel, empecé a decirme que tal actor pecaba de sobreactuación, o que la actricita esa no traducía bien sus líneas al lenguaje corporal. Y sentí sueño, desesperación porque las escenas no me convencían y, lo peor, desánimo por lo que nuestros artistas volcaban sobre las tablas.

La altanería siguió, in crescendo, hasta el punto de sentir que la obra no estaba al nivel de mis expectativas. ¡Cuán equivocado estaba! Me percaté, avergonzado, de lo superfluo de mi aventurado dictamen antes de que cayera el primer telón. Me di cuenta de que lo sucedido en el escenario no era culpa del elenco sino de mi supina ignorancia. Y cuando el grupo regresó a escena, el manotazo de una recién nacida conciencia terminó por derribar mi presuntuosa actitud. Las supuestas faltas del primer acto ¡eran a propósito!

Por lo menos lo reconozco, pero las estupideces siguen en las aceras, las redacciones, las conferencias... La ignorancia es peligrosa.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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