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El Diario de Hoy
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Entonces no tuvo más que hurtar el mágico espejismo de
la plaza vacía. Desde entonces el barrio se quedó sin su
plaza, sin su jinete de cobre coronado de palomas en lo alto de su pedestal;
sin su ebrio dormido en la banca de los arriates; sin la luna y el perro
callejero; sin la vendedora de caricias que regresa a casa como el tibio
sol de la mañana. Pero, sobre todo, la plaza se quedó sin
su espejismo.
Después de aquel robo alucinado, el ladrón de plazas y de
lunas no volvió a ser el mismo. Siempre vendía un reloj,
un collar de perlas, un anillo de brillantes robado al topetero. El topetero
que es el intermediario entre el robo y el cliente (vende cosas robadas
en el mercado negro). En fin, siempre vendía lo robado. Pero en
este caso, nadie le quería comprar el espejismo de la plaza.
El vecindario, indignado de haber perdido el espejismo -que era propiedad
de todos- empezó a buscar a los ladrones para averiguar el paradero
de aquel bien público. El ladrón empezó a temblar
de miedo: tarde o temprano, sus mismos colegas le iban a delatar por defender
su pellejo. Tarde o temprano, tendría que devolver la utopía.
Entonces, de nuevo cubierto entre las sombras del alba, el ladrón
de espejismos llegó de manera furtiva, con el espejismo a sus espaldas
hasta la plaza y devolvió lo robado. ¡Nuevamente la plaza
tenía su espejismo, su entelequia, su ensueño y su ilusión!
Nadie volvió a ver a este peculiar pillo roba espejos. No saben
si amaneció con un disparo en el corazón o huyó del
barrio... (pintorbalaguer@yahoo.com)
Día a Día
Las tiranías
¿Cuál es la realidad de la tiranía? Es evidente
que la tiranía se marca por la ausencia de libertades fundamentales,
las que son anteriores y están por encima de la ley escrita. La
tiranía no tolera la libertad de expresión, la libertad
de movimiento, la libertad de culto, la libertad de oponerse y criticar.
Un pueblo sumido en un monstruoso campo de concentración como la
Cuba de hoy, es un pueblo esclavizado. Hay tiranía cuando se obliga
a profesar una religión o se niega a la mujer derechos y libertades
que, aun cuando sean también limitadas, se les reconocen a los
hombres.
No se puede hablar de derechos humanos, enfatiza el Presidente Bush, cuando
no hay libertad personal, el más fundamental de los derechos.
El llamado de la libertad llega a todas las mentes y a todas las
almas.

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