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Palabras
El ladrón de espejismos

Se le vio en las tinieblas del alba. No encontró qué robar esa noche ese ladrón de sueños.

Publicada 14 de febrero 2005, El Diario de Hoy


El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Entonces no tuvo más que hurtar el mágico espejismo de la plaza vacía. Desde entonces el barrio se quedó sin su plaza, sin su jinete de cobre coronado de palomas en lo alto de su pedestal; sin su ebrio dormido en la banca de los arriates; sin la luna y el perro callejero; sin la vendedora de caricias que regresa a casa como el tibio sol de la mañana. Pero, sobre todo, la plaza se quedó sin su espejismo.

Después de aquel robo alucinado, el ladrón de plazas y de lunas no volvió a ser el mismo. Siempre vendía un reloj, un collar de perlas, un anillo de brillantes robado al topetero. El topetero que es el intermediario entre el robo y el cliente (vende cosas robadas en el mercado negro). En fin, siempre vendía lo robado. Pero en este caso, nadie le quería comprar el espejismo de la plaza.

El vecindario, indignado de haber perdido el espejismo -que era propiedad de todos- empezó a buscar a los ladrones para averiguar el paradero de aquel bien público. El ladrón empezó a temblar de miedo: tarde o temprano, sus mismos colegas le iban a delatar por defender su pellejo. Tarde o temprano, tendría que devolver la utopía.

Entonces, de nuevo cubierto entre las sombras del alba, el ladrón de espejismos llegó de manera furtiva, con el espejismo a sus espaldas hasta la plaza y devolvió lo robado. ¡Nuevamente la plaza tenía su espejismo, su entelequia, su ensueño y su ilusión!
Nadie volvió a ver a este peculiar pillo roba espejos. No saben si amaneció con un disparo en el corazón o huyó del barrio... (pintorbalaguer@yahoo.com)


Día a Día
Las tiranías

¿Cuál es la realidad de la tiranía? Es evidente que la tiranía se marca por la ausencia de libertades fundamentales, las que son anteriores y están por encima de la ley escrita. La tiranía no tolera la libertad de expresión, la libertad de movimiento, la libertad de culto, la libertad de oponerse y criticar.

Un pueblo sumido en un monstruoso campo de concentración como la Cuba de hoy, es un pueblo esclavizado. Hay tiranía cuando se obliga a profesar una religión o se niega a la mujer derechos y libertades que, aun cuando sean también limitadas, se les reconocen a los hombres.

No se puede hablar de derechos humanos, enfatiza el Presidente Bush, cuando no hay libertad personal, el más fundamental de los derechos.

“El llamado de la libertad llega a todas las mentes y a todas las almas”.


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