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Siembre favoritos. Los kenianos dominan las pruebas de fondo en
el atletismo mundial..Fotos EDH / AP
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DPA
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El cielo es de un profundo violeta, los pájaros chillan al volumen
de las fiestas de un pueblo y el aire es frío y sobre todo fino
como el canto de un papel. Eldoret, a 2.300 metros de altura en Kenia,
es el paraíso natural en el que Kip Keino tiene su exitoso centro
de entrenamiento.
En un claro entre la espesa vegetación y rodeada sólo de
un puñado de enormes vacas se erige la casa que, con sabor a centro
de reuniones para ejecutivos, constituye uno de los centros de alto rendimiento
más peculiares del mundo.
A su entrada, el primer sol de la mañana resalta un cuidado mosaico
de flores que representa los cinco aros olímpicos. En su interior,
se encienden luces y radios.
Poco después comienzan a desfilar por la puerta los primeros habitantes
de la casa: siete jóvenes muy delgados de unos 20 años,
seis de ellos negros y uno blanco.
Los siete se mueven nerviosos de un lado a otro, como caballos tensos
antes de una carrera, ni una palabra sale de sus bocas. Con el movimiento
de cabeza de uno de ellos todos arrancan a trotar en dirección
al bosque.
Eldoret, en el oeste de Kenia, es la cuna de los mejores fondistas del
atletismo mundial. Allí están asentados los Kalenjin, un
pueblo de complexión aparentemente débil, con facciones
muy marcadas y ojos en forma de almendra.
Hasta el presidente
El propio presidente de Kenia, Daniel arap Moi, es un Kalenjin. Eso tiene
poco que ver con los éxitos de los atletas locales, pero sí
está muy relacionado con que la pequeña ciudad cuente con
una enorme universidad, calles perfectamente asfaltadas y sobre todo un
aeropuerto internacional donde aterrizan aviones procedentes
fundamentalmente de Nairobi.
No hay ningún secreto por el que nuestros atletas son tan
buenos, afirma Kipchoge Kip Keino, una vieja leyenda
del atletismo del país que fundó la escuela de Eldoret pero
ahora pasa más tiempo en su oficina en un undécimo piso
en Nairobi como presidente del Comité Olímpico del país.
Lo más importante es el trabajo duro y la autodisciplina,
explica el campeón olímpico en México 68 y Múnich
72. Pero el mito admite que también el particular lugar de entrenamiento
tiene un papel importante. Cuando uno se entrena en altitud le resulta
más fácil después competir a menor altura.
Keino es todo un icono en Kenia y sus logros un referente para las sus
sucesores. Desde finales de los años 60 los atletas de los alrededores
de Eldoret cosecharon más de 30 medallas olímpicas.
Para los que llegan de fuera, adaptarse a la escasez de oxígeno
del lugar es lo más duro, como nota Cleveland Forde, un joven atleta
de 19 años nacido en la Guyana, entre Surinam y Venezuela, que
llegó hace sólo cuatro días a Eldoret.
Cuando el pequeño grupo regresa de su carrera matutina, Forde tiene
el rostro bañado en infinitas perlas de sudor y respira con evidente
dificultad.

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