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Eldoret, la fábrica de campeones

Esta región keniana ha dado a los mejores fondistas del mundo

Publicada 14 de febrero 2005, El Diario de Hoy

Siembre favoritos. Los kenianos dominan las pruebas de fondo en el atletismo mundial..Fotos EDH / AP

DPA
El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com


El cielo es de un profundo violeta, los pájaros chillan al volumen de las fiestas de un pueblo y el aire es frío y sobre todo fino como el canto de un papel. Eldoret, a 2.300 metros de altura en Kenia, es el paraíso natural en el que Kip Keino tiene su exitoso centro de entrenamiento.

En un claro entre la espesa vegetación y rodeada sólo de un puñado de enormes vacas se erige la casa que, con sabor a centro de reuniones para ejecutivos, constituye uno de los centros de alto rendimiento más peculiares del mundo.

A su entrada, el primer sol de la mañana resalta un cuidado mosaico de flores que representa los cinco aros olímpicos. En su interior, se encienden luces y radios.

Poco después comienzan a desfilar por la puerta los primeros habitantes de la casa: siete jóvenes muy delgados de unos 20 años, seis de ellos negros y uno blanco.

Los siete se mueven nerviosos de un lado a otro, como caballos tensos antes de una carrera, ni una palabra sale de sus bocas. Con el movimiento de cabeza de uno de ellos todos arrancan a trotar en dirección al bosque.

Eldoret, en el oeste de Kenia, es la cuna de los mejores fondistas del atletismo mundial. Allí están asentados los Kalenjin, un pueblo de complexión aparentemente débil, con facciones muy marcadas y ojos en forma de almendra.

Hasta el presidente


El propio presidente de Kenia, Daniel arap Moi, es un Kalenjin. Eso tiene poco que ver con los éxitos de los atletas locales, pero sí está muy relacionado con que la pequeña ciudad cuente con una enorme universidad, calles perfectamente asfaltadas y sobre todo un “aeropuerto internacional” donde aterrizan aviones procedentes fundamentalmente de Nairobi.

“No hay ningún secreto por el que nuestros atletas son tan buenos”, afirma Kipchoge “Kip” Keino, una vieja leyenda del atletismo del país que fundó la escuela de Eldoret pero ahora pasa más tiempo en su oficina en un undécimo piso en Nairobi como presidente del Comité Olímpico del país.

“Lo más importante es el trabajo duro y la autodisciplina”, explica el campeón olímpico en México 68 y Múnich 72. Pero el mito admite que también el particular lugar de entrenamiento tiene un papel importante. “Cuando uno se entrena en altitud le resulta más fácil después competir a menor altura”.

Keino es todo un icono en Kenia y sus logros un referente para las sus sucesores. Desde finales de los años 60 los atletas de los alrededores de Eldoret cosecharon más de 30 medallas olímpicas.

Para los que llegan de fuera, adaptarse a la escasez de oxígeno del lugar es lo más duro, como nota Cleveland Forde, un joven atleta de 19 años nacido en la Guyana, entre Surinam y Venezuela, que llegó hace sólo cuatro días a Eldoret.

Cuando el pequeño grupo regresa de su carrera matutina, Forde tiene el rostro bañado en infinitas perlas de sudor y respira con evidente dificultad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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