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Óscar
Rodríguez Blanco, s. d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El miércoles de Ceniza pudimos experimentar la extraordinaria
afluencia de fieles que acudían a los distintos templos del país
para inaugurar el tiempo cuaresmal. La imposición de la ceniza
sobre nuestra frente indicaba el inicio de nuestro caminar cristiano hacia
la celebración más importante del cristianismo, que es la
Pascua de Cristo. La Pascua es un acontecimiento siempre nuevo en el que
cada año Cristo nos comunica en una forma muy especial su gracia,
su nueva vida y su energía.
El austero rito de la imposición de las cenizas con la exhortación
Recuerda que eres polvo y al polvo volverás, o conviértete
y cree en el evangelio no nos cae nada mal, porque nos recuerda
que somos polvo, seres caducos, y nos invita, por lo tanto, a ser humildes
y a abrir nuestro corazón a Dios, que rompe nuestra caducidad y
supera nuestra finitud, poniéndonos en camino hacia la eternidad.
La cuaresma nos invita a volvernos hacia Dios con una actitud sincera
de conversión, para que el Reino de Dios ocupe un puesto prioritario
en nuestra vida.
Es el tiempo favorable de la salvación que se nos ofrece invitándonos
a realizar un alto en nuestra vida, para que, examinando nuestras
actitudes a la luz de la Palabra Divina, nos dejemos interpelar por ella.
Para este año 2005 Juan Pablo II, al igual que todos los años,
nos ha enviado un mensaje que nos ayuda a vivir la cuaresma cristianamente.
En Él está tu vida, así como la prolongación
de tus días es el tema escogido por el Papa con el que nos
pide defender la vida en todas sus fases y, en forma especial, en la ancianidad.
Se nos recuerda en este mensaje algunas frases bíblicas, que nos
indican que la edad madura, es signo de la bendición de Dios y
de la benevolencia del Altísimo: Escoge la vida para que
vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando
su voz, viviendo unido a Él. (Dt.30, 19-20). La vida del
ser humano es un don gratuito que hemos recibido de la bondad de Dios
y que debemos saber amar, respetar y defender en todas las etapas de la
existencia humana.
Una parte importante del mensaje cuaresmal nos dice: Desearía
que durante la cuaresma pudiéramos reflexionar sobre este tema.
Ello nos ayudará a alcanzar una mayor comprensión de la
fusión que las personas ancianas están llamadas a ejercer
en la sociedad y en la iglesia, y, de este modo, disponer también
nuestro espíritu a la afectuosa acogida que a éstos se debe.
Estas palabras adquieren una importancia extraordinaria en nuestro tiempo,
en la que la actitud de algunas personas, con respecto a los más
ancianos, es prescindir de ellos, no tomarlos en cuenta, apartarlos de
sus responsabilidades, recluirlos en un asilo, y en el peor de los casos
dejarlos abandonados, sin pensar que ahora gozan del fruto de su trabajo.
Juan Pablo II, que lleva una ancianidad serena y ejemplar en medio de
sus achaques y enfermedades nos dice: Hay que hacer crecer en la
opinión pública la conciencia de que los ancianos constituyen,
en todo caso, un gran valor que debe ser debidamente apreciado y acogido.
Deben ser incrementadas, por tanto, las ayudas económicas y las
iniciativas legislativas que eviten su exclusión de la vida social.
Nuestro caminar hacia la pascua es una ocasión propicia para reflexionar
sobre estas palabras de nuestro anciano Pontífice, y sobre nuestra
capacidad cristiana de comprender, aceptar y ayudar a los ancianos para
que ellos no sientan que su vida es un peso para la sociedad o para sus
familias. Los ancianos deben gozar en familia de las alegrías y
triunfos, sentirse rodeados del amor y cariño de sus hijos, nietos
y familiares, para que no se sientan solos ni se encierren en sí
mismos.
Cuando las jóvenes generaciones lleguen al ocaso de sus vidas,
podrán decir que su riqueza será haber transmitido sus experiencias
y valores. La cuaresma, como nos dice el mensaje, es un tiempo que con
su fuerte llamada a la conversión y a la solidaridad, nos ayudará
a reflexionar sobre nuestros deberes y obligaciones para con los ancianos.
¿Qué sucedería si el Pueblo de Dios cediera a una
cierta mentalidad actual que considera casi inútiles a estos hermanos
nuestros, cuando merman sus capacidades por los achaques de la edad o
de la enfermedad? La familia es base para cultivar y conservar estos valores
que muchos han perdido.
*Párroco de la iglesia de María
Auxiliadora (Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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