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| Cargo internacional. Se convirtió en observadora
de la Unesco en 1996, y continúa su labor hasta la fecha. Fotos
EDH / Javier Aparicio |
Paola Michelle García
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
La española Ángela Aparisi, observadora de la Organización
de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación (Unesco),
está de visita en el país para participar en el Congreso
internacional Mujer y liderazgo, empresarias y su compromiso con la sociedad
organizado por el Comité de Empresarias de la Cámara de
Comercio e Industria.
¿Cuál es el objetivo de su visita a El Salvador?
Mi objetivo es poder contribuir desde varias ponencias al tema del lugar
de la mujer en la sociedad y, más en concreto, en el ámbito
laboral y la empresa.
Lo que intento es colaborar para la construcción de una cultura
en la que la mujer esté presente y pueda aportar a ella todas sus
potencialidades.
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Perfil
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Ángela
Aparisi nació en Valencia, España. Se graduó
en leyes de la Universidad de Valencia, en 1986. Se preparó
arduamente para ser juez.
A partir de 1988 comenzó a ejercer su judicatura al mismo tiempo
que estaba preparando su tesis doctoral, la cual defendió públicamente
en 1991. Un tiempo más
tarde, en 1997, tuvo a su cargo la cátedra de filosofía
del derecho en la Universidad de Navarra, España. Un año
después, en de la misma
universidad, asumió la
Dirección del Instituto de los
Derechos Humanos.
Actualmente es la Directora del Seminario Permanente de la Universidad
de Navarra. |
¿Cuáles son los conceptos que desarrollará
para plantear esta temática sobre la mujer?
Los conceptos fundamentales son: en primer lugar, la importancia radical
de la colaboración de la mujer en la construcción de una
sociedad del futuro. Mi tesis es que hay que dar un salto importante en
la colaboración del hombre con la mujer en la construcción
de una sociedad del siglo XXI, en la que la mujer esté necesariamente
presente.
El segundo pilar es que, para que la contribución de la mujer sea
positiva y enriquezca a la sociedad, ella no debe renunciar a su propia
identidad; es decir, que debe valorar su condición femenina y,
a partir de esa condición, aportar todas sus potencialidades. No
se trata de hacer que ella sea otro hombre, sino que desde su riqueza
femenina colabore. Porque quien no es él mismo, realmente es débil.
¿Cómo es que inició su labor en pro del involucramiento
de la mujer dentro de la sociedad?
En 1991 expuse mi tesis doctoral, que versó sobre la primera declaración
de derechos humanos. A partir de allí fui consciente de la importancia,
en primer lugar, de conseguir la igualdad de derechos en la mujer, y entendí
perfectamente que en estos momentos la sociedad necesita, cada vez más,
la presencia de la mujer activa.
Me inicié en esta línea de trabajo viendo las carencias
de algunos movimientos e intentando estudiar el modo de sacar lo mejor
de la mujer para poder compaginar el trabajo en familia. Partiendo de
la base que la familia es el núcleo de la sociedad y que no tiene
que quedar relegada.
¿Cuáles son sus expectativas sobre la conferencia que
impartirá a partir de hoy en el país?
Lo que intento es hacer pensar y reflexionar sobre qué modelo de
sociedad deseamos en el siglo XXI y cuál es la aportación
que necesita la sociedad de la mujer. A partir de allí empezar
a construir.
¿Qué mensaje le daría a las mujeres que no podrán
asistir a sus conferencias, pero que están interesadas en alimentar
sus conocimientos para colaborar con la construcción de una mejor
sociedad?
Yo les diría que sean ellas mismas, que tengan clara su jerarquía
vital, que no pierdan nunca de vista qué es lo más importante
en sus vidas, y que a partir de esa jerarquía establezcan planes
de acción; es decir, para una mujer y también para un hombre
en mi opinión lo primero tiene que ser su vida personal
o familiar y tiene que ver los medios para que esto sea fuerte. Y una
vez que tenga esa base bien estructurada, planificar el modo de llevar
a cabo su formación profesional.
Teniendo un trabajo que demanda mucho tiempo, ¿cómo
logra el equilibrio entre profesión y familia?
Mi tesis es que el hombre asuma responsable y plenamente su paternidad.
Yo, gracias a Dios, tengo un marido que puede hacer las cosas tan bien
o mejor que yo, entonces eso es lo que me da a mí la tranquilidad
para estar fuera.

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