elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Miscelánea
Envidias, búsquedas y 300,000 suizos


Aparte la broma, es importante darse cuenta de los valores con que una nación en auge cuenta (o contó)‚ para hacerse grande; así los Estados Unidos y sus valores pioneros son un ejemplo.

Publicada 8 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

1)Es envidiable que los excombatientes de la guerrilla tienen a sus historiadores que les lavan a cara, les presentan con rostro agradable, hacen que el lector simpatice en lo personal y, de agregado poco se muestra de humano o defendible con relación al “otro bando”, y no me estoy refiriendo a los reconocidos y comprometidos intelectuales que escriben libros en universidades o editoriales estatales.

Me refiero a capaces y excelentes escritores (lo digo sin ninguna ironía) que han virado 180o y que atacan la teoría marxista e incluso a las personas de la jefatura, pero que muestran el valor de algunas de sus bases.

Entendámonos, no critico esa muestra fiel y humana de testimoniar lo que no dudo que serán realidades. Esto es lo que hay que hacer. Lo triste es que de la derecha no exista nada similar. Es tal la indiferencia y el vacío que se ha generado de parte de la falsa derecha, que hasta estos personajes de la ex izquierda tienen que hacer biografías de los de la derecha.

No es el caso si las hacen bien o mal. El punto es la aridez del otro lado. Da la impresión de que existe incapacidad, vergüenza, temor o desinterés de los testigos y posibles cronistas opositores. No parecen darse cuenta de que la batalla de la escritura cuenta muchísimo.

Como sea, la izquierda queda con mejor imagen. Reseño aquí este luctuoso capítulo de nuestra derrota... No me miren, que, como he dicho, los agonizantes no escriben.

2) Un conocido escritor de máximas e ideas cortas, que escribe en este periódico, dejó con el aliento en suspenso a los que lo leen y a los que no, cuando, hace varios meses, desplegó públicamente su intención de con- traer matrimonio, exponiendo las razones que en su entender le favorecían como partido.

No es, sino una sana curiosidad y el deseo de saber buenas nuevas lo que estoy seguro de que —sin desvelarnos tampoco— nos mueve a muchísimos lectores a conocer cuál fue al fin el resultado de su laudable búsqueda. ¿Acaso pudiéramos tener una respuesta al respecto?

3) ¿Dónde está la bolita de cristal que señale a los hombres que al fin van a levantarse y construir la alternativa política que casi toda la nación está pidiendo? Pareciéramos condenados a una eterna lucha entre un estado de cosas, repelente no por extremo, sino por incapaz de los abordajes necesarios para un rescate cada vez más difícil y cuyo atraso implica costos dolorosos para todo un país.

Unos plantean programas desfasados con una audacia y furia que busca esconder lo negativo de sus planteamientos, los otros contemporizan cada vez más, dejan infiltrarse, se entregan a lo foráneo.

4) Buscando las causas de la criminalidad, de las muertes de gentes a manos de otras gentes se puede llegar, si nos descuidamos un poco en la lógica y el análisis de la realidad, a resultados inconcebibles y hasta absurdos. Veamos algunos: 1) Si la causa es la desigualdad económica... dado que no se puede crear riqueza y distribuirse lo rápidamente que fuera necesario, se puede, eso sí, lograr un estado de pobreza general... para eliminar el delito. ¿Se está en esto, qué o qué? 2) Si la causa es la pobreza... habría en consecuencia que encerrar en ghettos o ciudades penitenciarias a los pobres de este país; la clase media en propensión a la pobreza debiera igualmente ser objeto de un cierto control y, antes de seguir ¿no sería mejor encerrarnos a todos entre las fronteras y tirar la llave?

Un listo dirá “en algún lado escuché que todo era provocado por la propiedad privada, eliminémosla y no habrá ya delito alguno, o se disminuirán mucho” ¿Y si lo dice un funcionario? 3) Si la causa está en las armas de fuego... habrá entonces que “matarlas” para que ya no nos maten, mas siendo consecuentes habría que eliminarlas en un ciento por ciento, esto es —ya que ellas son las que matan no deben tenerlas ni las autoridades— pasar a la criminalidad por arma blanca, palo y piedra.

Esto, además de cruel, es una triste reflexión. Parece que viene una edad dorada para los espadachines.

4) Trescientos mil suizos, decía el papá de un amigo, que era más o menos la cantidad que se necesitaría importar a nuestra patria, para arreglar a mediano plazo nuestros problemas.
Aparte la broma, es importante darse cuenta de los valores con que una nación en auge cuenta (o contó)‚ para hacerse grande; así los Estados Unidos y sus valores pioneros son un ejemplo, ¿y ahora?

* Lic. en Ciencias Políticas.

elsalvador.com WWW