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El Diario de Hoy
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Estábamos mejor cuando estábamos peor ha declarado,
respecto al colonialismo de los ingleses, Martín Shikuku, uno de
los grandes héroes de la independencia de Kenya, que al lado del
líder de esa revuelta, Jomo Kenyata, proclamó la República
en 1964. En los 40 años transcurridos, el país ha ido deslizándose
a la barbarie, sufre de una dictadura surrealista y es víctima
de la corrupción generalizada. La independencia no condujo a la
democracia y a la civilización, sino a nuevos tribalismos y a caciques
todavía más feroces que los de antaño.
Shikuku afirma que los negros son incapaces de gobernarse a sí
mismos, lo que deduce no por motivos racistas, sino por hechos estadísticos.
Todas las naciones independientes del África, con excepción
de Sudáfrica, están bajo dictaduras y sumidas en el subdesarrollo.
Los genocidios, matanzas tribales, epidemias, guerras y agresiones son
la norma; los viejos caciques han sido sustituidos por señores
de la guerra que mantienen ejércitos privados, forjan sus
propias alianzas con poderes vecinos o potencias extranjeras, y se sostienen
a base del pillaje. Cada cierto tiempo, si no de manera permanente, unos
grupos se dan a la tarea de exterminar tribus o etnias rivales, como el
horror que desde hace unos años ocurre en Sudán.
Sudáfrica es la excepción, por el momento, gracias a un
hecho: la política está en manos de los negros, pero la
economía continúa en poder de los blancos. Las empresas
sudafricanas exportan a todo el Continente Negro y son la escuela de profesionales
y técnicos del inmenso territorio. Mandela tuvo la sensatez de
no volcarse al socialismo, como lo hizo casi todo el resto de líderes
independentistas que en tal manera llevaron rápidamente a la ruina
a sus países. En forma amañada se ha olvidado que el primer
país que trémulo de emoción visitó Mandela
después de ser liberado (estuvo encarcelado varios años
por asesinato, no por ideólogo) fue Cuba, donde pensó que
iba a encontrar el paraíso sobre la tierra. La experiencia salvó
a Sudáfrica.
La civilización bajo amenaza
Ni ingleses ni franceses ni ningún otro poder colonial tuvieron
tiempo de preparar una transición a la independencia de sus viejas
colonias, sobre todo a causa de las enormes presiones ejercidas por Estados
Unidos para sacar a los europeos del Continente, o más bien, de
todos los continentes. Al carecer de arraigadas instituciones, de una
tradición jurídica verdadera, de un sistema económico
capaz de sostener su propio desarrollo, era lógico que al retirarse
los colonialistas se generara de inmediato un vacío generalizado,
provocando el colapso social. Esa horrenda experiencia, unida a lo que
sucedió al desplomarse el comunismo en la ex Unión Soviética,
explica la gradual distensión política de China.
Lo espantoso en extremo es que ni los ingleses van a retomar sus colonias
ni los africanos aprenderán a corto o mediano plazo a gobernarse.
El Sida está causando estragos, cada año que transcurre
surgen peores dictaduras y siempre pende la amenaza sobre Sudáfrica
de los radicalismos políticos, como es el caso en Hispanoamérica.
El reinante caos es una amenaza para Europa, de continuo invadida por
balseros del norte de África y de las naciones negras, los que
en algunos casos son una quinta columna del fanatismo islámico
y en otros, incrementan la delincuencia callejera.

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