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Con toda la magia de Cri-Cri

Antigua Guatemala aplaudió a los bailarines salvadoreños de la escuela de danza Morena Celarié

Publicada 7 de febrero 2005 , El Diario de Hoy

Del mercado. La patita no se atreve a dejar solos a sus patitos y por eso se los llevó hasta Antigua, para ofrecer todos juntos un espectáculo infantil que cautivó a muchos pequeños.Foto EDH

Bienal Paiz
Guatemala
Periodista: Morena Azucena
Fotoperiodista: Lizzette Moreno
El Diario de Hoy
amontalvo@elsalvador.com

El sol dominguero alumbró el Teatro de las Ruinas de la Recolección, en Antigua Guatemala. A las 10:30 de la mañana, los rincones de esa edificación colonial fueron testigos del Mundo Mágico de Cri-Cri, la obra con la que la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié representó a El Salvador en el VIII Festival Internacional de Cultura Paiz.

El silencio se rompió con La Marcha de las letras, una de las composiciones del mexicano Francisco Gabilondo Soler. Las vocales se tomaron el escenario, luego llegó La patita y sus patitos, que le recibieron a su llegada del mercado.

El repertorio de los bailarines fue amplio: La negrita cucurumbé y La muñeca fea. Justo cuando esta última danza deleitaba al público, María José Pinzón, de tres años, le confesó a su mamá que no miraba el escenario, pues las demás personas le tapaban. Ella le acercó un banquito para que admirara la gracia de la muñeca. La niña estaba feliz.

El espectáculo continuó con Los cochinitos, quienes sucumbieron en la cama para soñar y soñar… Esta versión tiene sus matices modernos, con la inclusión de una pieza de rock and roll.

La fiesta del grillito siguió con La princesa Caramelo, El zapatero y El Che araña. La nostalgia invadió a los grandes cuando escucharon El ropero de la abuela, que siempre ha contenido miles de recuerdos.

Los aplausos se escucharon más cuando los danzantes interpretaron El negrito bailarín y El ratón vaquero, quien, sorpresivamente, apareció en medio del público.

Vamos con todo!


“Me gustó mucho La negrita, El grillito y La abuelita”, dijo Andrea Castillo, una guatemalteca de 8 años de edad.

Los pequeños no fueron los únicos que disfrutaron. “Nos da mucho gusto que estén haciendo estos espectáculos para los niños. Yo soy un papá joven y crecí con esa música”, manifestó Julio Paredes.

Los ánimos atrás del escenario fueron variados. Los maestros y padres expresaron felicitaciones, recomendaciones y mejoras para la siguiente función. “Estamos emocionados. Nos topamos con algunos detalles porque el ambiente era diferente, pero salimos”, comentó la maestra Xenia Vaquerano.

Entre las observaciones que hizo la bailarina a todo el equipo, resaltan la rapidez para colocar los decorados y silencio total mientras los demás están escena.

“Vimos la cara del público y estaban contentos, fue una buena función. Pero para la noche vamos con todo, hasta morir”, añadió Vaquerano, mientras que los padres de sus alumnas le ovacionaron.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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