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| Calentamiento. En medio del frío, las
alumnas ensayaron con anticipación su presentación ante
el público guatemalteco..Foto EDH |
Bienal Paiz
Guatemala
Periodista: Morena Azucena
Fotoperiodista: Lizzette Moreno
El Diario de Hoy
amontalvo@elsalvador.com
Sábado por la noche. El frío
invade el Teatro de las Ruinas de la Recolección, donde horas más
tarde se presentaría el Mundo Mágico de Cri-Cri, de la Escuela
Nacional de Danza Morena Celarié.
Sobre el escenario hay un trencito y un rótulo que indica dónde
está la zapatería. Las luces se encienden y se apagan, es
la prueba luminotécnica para el ensayo. ¿Y los artistas?
Están por llegar, contesta un miembro del personal técnico
de la Fundación Paiz.
A las 9:00 de la noche, el bus 29 sí, el de la ruta hacia
Ilopango se aparca frente a la edificación. Los que allí
se transportaban bajan ataviados con gruesos gorros, sudaderas y las niñas,
por supuesto, con sus zapatillas listas.
¡Qué fríoooo!, se escucha, a modo de murmullos,
entre las estrellas de la obra.
Las hermanas Mónica Raquel y Katherina Rogel buscan calor con sus
compañeritas. La primera se va hasta una silla donde está
una amiga, se abrazan y luego se cubren con una manta celeste. La baja
temperatura se cuela por todos lados. A pesar de todo, las hermanas lo
han gozado.
Me siento feliz de estar en otro país para presentarme. El
frío está rico, comenta Katherina, de 14 años,
mientras frota sus manos.
Las niñas Rogel no llegaron solas al VIII Festival Internacional
Paiz, sus padres están a su lado. Averiguamos las medidas
de seguridad, las vimos favorables y decidimos venir, indica Hermán,
el padre de las pequeñas.
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| Preparados. La fiesta cultural se extendió
hasta altas horas de la noche..Foto EDH |
Carolina, la mamá, además de considerar
que es una oportunidad artística para sus hijas, lo mira como una
actividad que une más a su familia. Es la primera vez que
viajamos todos, ha sido bonito, dice mientras carga a su hija más
pequeña, quien también aspira a ser bailarina.
Los artistas hicieron sus ejercicios de calentamiento. Unos corrían,
otros se estiraban. La maestra Xenia Vaquerano verificaba que la escenografía
y luces estuviera en orden. Estamos adaptándonos al espacio,
porque es muy diferente a lo de allá (El Salvador). Pero sí
se adapta a lo que traemos, consideró la bailarina.
Todo listo para la primera pieza, El zapatero. Un bailarín es el
encargado de romper el silencio: Se repara calzado!, grita.
De pronto, desde la torre de control, lo interrumpe Ruth Martínez.
Christian, aquí en todo Guatemala se dice: ¡zapatos
a componer!. Todos ríen al escuchar tan peculiar expresión
de los zapateros chapines.
El ensayo se extendió hasta la medianoche. Pobrecitas, las
más pequeñas tienen frío y están cansadas.
Pero vale la pena el sacrificio, enfatiza Adda de Ávalos,
una madre que maquilla a las bailarinas.

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