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Un ensayo congelado

La baja temperatura no impidió que los alumnos se prepararan hasta la medianoche del sábado

Publicada 7 de febrero 2005 , El Diario de Hoy

Calentamiento. En medio del frío, las alumnas ensayaron con anticipación su presentación ante el público guatemalteco..Foto EDH

Bienal Paiz
Guatemala
Periodista: Morena Azucena
Fotoperiodista: Lizzette Moreno
El Diario de Hoy
amontalvo@elsalvador.com

Sábado por la noche. El frío invade el Teatro de las Ruinas de la Recolección, donde horas más tarde se presentaría el Mundo Mágico de Cri-Cri, de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié.

Sobre el escenario hay un trencito y un rótulo que indica dónde está la zapatería. Las luces se encienden y se apagan, es la prueba luminotécnica para el ensayo. ¿Y los artistas? Están por llegar, contesta un miembro del personal técnico de la Fundación Paiz.

A las 9:00 de la noche, el bus 29 –sí, el de la ruta hacia Ilopango– se aparca frente a la edificación. Los que allí se transportaban bajan ataviados con gruesos gorros, sudaderas y las niñas, por supuesto, con sus zapatillas listas.

“¡Qué fríoooo!”, se escucha, a modo de murmullos, entre las estrellas de la obra.
Las hermanas Mónica Raquel y Katherina Rogel buscan calor con sus compañeritas. La primera se va hasta una silla donde está una amiga, se abrazan y luego se cubren con una manta celeste. La baja temperatura se cuela por todos lados. A pesar de todo, las hermanas lo han gozado.

“Me siento feliz de estar en otro país para presentarme. El frío está rico”, comenta Katherina, de 14 años, mientras frota sus manos.

Las niñas Rogel no llegaron solas al VIII Festival Internacional Paiz, sus padres están a su lado. “Averiguamos las medidas de seguridad, las vimos favorables y decidimos venir”, indica Hermán, el padre de las pequeñas.

Preparados. La fiesta cultural se extendió hasta altas horas de la noche..Foto EDH

Carolina, la mamá, además de considerar que es una oportunidad artística para sus hijas, lo mira como una actividad que une más a su familia. “Es la primera vez que viajamos todos, ha sido bonito”, dice mientras carga a su hija más pequeña, quien también aspira a ser bailarina.

Los artistas hicieron sus ejercicios de calentamiento. Unos corrían, otros se estiraban. La maestra Xenia Vaquerano verificaba que la escenografía y luces estuviera en orden. “Estamos adaptándonos al espacio, porque es muy diferente a lo de allá (El Salvador). Pero sí se adapta a lo que traemos”, consideró la bailarina.

Todo listo para la primera pieza, El zapatero. Un bailarín es el encargado de romper el silencio: “Se repara calzado!”, grita. De pronto, desde la torre de control, lo interrumpe Ruth Martínez. “Christian, aquí –en todo Guatemala– se dice: ‘¡zapatos a componer!’”. Todos ríen al escuchar tan peculiar expresión de los zapateros chapines.

El ensayo se extendió hasta la medianoche. “Pobrecitas, las más pequeñas tienen frío y están cansadas. Pero vale la pena el sacrificio”, enfatiza Adda de Ávalos, una madre que maquilla a las bailarinas.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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