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Carlos Ball*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Miami. (AIPE).- Walter Wriston murió el 19 de enero, a los 85 años.
Fue presidente del Citibank desde 1967 hasta 1984, convirtiéndolo
en el banco más grande, exitoso e innovador de Estados Unidos.
Su introducción del cajero automático fue algo verdaderamente
revolucionario, y sus competidores estaban equivocados al creer que los
clientes siempre preferirían tratar con una sonriente cajera. Hoy,
nadie se preocupa de quedarse sin efectivo tarde por la noche o de visita
en una ciudad extraña.
Wriston fue además un brillante economista y en 1992 publicó
su extraordinario libro: "The twilight of sovereingty: How the information
revolution is transforming our world" (El anochecer de la soberanía:
cómo la revolución de la información está
cambiando nuestro mundo). Allí dice: "El capital intelectual
se está convirtiendo en más importante que el capital físico.
Efectivamente, la nueva fuente de riqueza no es material, es la información,
el conocimiento aplicado al trabajo para crear valor. La búsqueda
de la riqueza es ahora en gran parte la búsqueda de información".
Mientras la revolución industrial floreció utilizando economías
de escala y creando inmensas industrias de acero, empresas petroleras,
fabricantes de automóviles, etc., todas muy fáciles de ser
reguladas y de imponérseles altos impuestos, la clave de la actual
revolución de la información es el capital intelectual,
el cual se desplaza con gran facilidad: "Va donde es bienvenido y
donde se le trata bien. No puede ser arreado, sólo puede ser a-
traído", escribió Wriston. El resultado es que los
poseedores de información saben más y suelen ser más
inteligentes que los gobernantes y reguladores.
Wriston predijo que las comunicaciones instantáneas entre individuos
separados por miles de kilómetros serían incontrolables
por los gobiernos, y fomentan la libertad individual como también
la cooperación, convirtiendo al planeta en un solo mercado de ideas,
razón por la cual la libertad hoy avanza a paso seguro alrededor
del mundo.
La información no tiene fronteras y, como se trata de algo intangible,
los gobiernos no pueden imponerle un impuesto, a la vez que siempre han
fracasado al tratar de controlarla. Para Wriston, la inteligencia y el
conocimiento representan el capital más valioso, por lo que el
poder tiende a desplazarse de los gobiernos y de las grandes empresas
hacia los individuos.
Ese es el verdadero resultado positivo de la globalización y de
la creciente integración de las computadoras, la Internet, celulares,
videos, televisión, satélites, etc. La información
nos libera y ningún gobierno podrá evitarlo porque, si trata
de hacerlo, su gente emigrará hacia un país libre.
La Unión Soviética se desplomó cuando no pudo seguir
escondiendo la verdad sobre el comunismo y sobre lo que sucedía
en el mundo libre. En mal momento, las naciones abandonaron el patrón
oro para que los gobernantes pudieran aprovecharse de ese impuesto subrepticio
que es la inflación, pero, como bien lo explica Wriston, ningún
gobierno puede ahora ignorar la fuerza de la información instantánea.
En 1999 tuve el gusto de cenar con el Sr. Wriston y su bella esposa, Kathy.
Me sorprendió lo bien que recordaba a ejecutivos del Citibank que
trabajaron en Venezuela en los años 60 y 70. También tuve
entonces la oportunidad de distribuir por AIPE su excelente ensayo "Tecnología
versus socialismo" (www.aipenet.com/Indice/article.asp?Articulo_Id=3974),
donde concluía que la nueva tecnología aporta a la gente
las armas necesarias para lograr la victoria del libre mercado.
*Director de la agencia AIPE y académico asociado de Cato Institute.
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