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La nota del día
Dejan al honrado a merced del criminal

Para encarar los asesinatos que cometen los mareros contra mareros, asaltantes de buses y homicidios por encargo, la gran ocurrencia es limitar la tenencia a menores de 25 años

Publicada 7 de febrero 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Controlar las armas es un deseable propósito en las naciones pacíficas, pero prohibirlas o restringir su portación y tenencia en sociedades violentas, equivale a dejar indefensos a los ciudadanos honrados. Bien se sabe que “cuando tener armas está fuera de la ley, sólo los individuos fuera de la ley las tienen”. Es claro que hay un marcado interés de parte de secuestradores, mareros, narcotraficantes, terroristas, violadores, asaltantes y facinerosos de todo color y laya, para que nadie porte armas de ninguna clase, o que éstas se restrinjan a pistolitas calibre .22, hondillas y fusiles de aire.

En El Salvador se cometen casi diez homicidios diarios, pero la mayoría ocurre en determinadas barriadas y poblaciones, sobre todo en aquellas donde bandas de mareros se asientan, en ciertas áreas rurales y en sitios donde hay muy poca o nula vigilancia. Pero ya se tuvo la ocurrencia de iniciar los desarmes en San Benito y la Escalón, donde son muy pocos los homicidios y éstos los cometen sujetos que no son residentes ni trabajan allí. La masacre de la Zona Rosa fue perpetrada por un grupo de psicópatas fuertemente armado, que atacó a gente inofensiva y, hasta donde se sabe, desarmada.

En otras palabras, para encarar los asesinatos que cometen los mareros contra mareros, asaltantes de buses y homicidios por encargo, la gran ocurrencia es limitar la tenencia de armas a menores de 25 años, no permitir que personas ni empresas compren más de dos armas por año y revisar vehículos.

Si una compañía inicia operaciones fuera de San Salvador, y sus ejecutivos y empleados se ven obligados a viajar desde y hacia San Salvador todos los días, no podrán hacerse de las armas que requieren para protegerse. Y si se trata de profesionales y técnicos menores de 25 años, la idea es “mejor que los maten, a que anden armados".

La ocurrencia es tan descomunal como lo del polarizado de vehículos para evitar secuestros.

Muchos jóvenes comienzan a trabajar como personal de seguridad; con la ley-ocurrencia, se les volverá imposible, anulando una valiosa fuente de trabajo para ellos.

Refuercen la investigación científica

Los numerosos reparos que se le han hecho al proyecto al sólo ser presentado, objeciones muy juiciosas y fundamentadas, demuestran que no se le dio estudio, no se analizó la experiencia de otras partes y países, no se consideraron fórmulas que no dejen indefenso al honrado, pero que controlen las armas ilegales.

Comenzando porque al firmar de manera tan atolondrada los “acuerdos de paz” (tres años después de que Reagan y Gorbachov acordaran en Islandia terminar con las guerras en Centroamérica), no hubo mayor esfuerzo en verificar el desarme de las bandas guerrilleras y desmovilizar sus comandos urbanos.

Otra clave para evitar que irresponsables usen y tengan armas, es catalogar las huellas de los proyectiles. La autoridad encargada de los registros no tiene la experiencia ni los recursos ni los sistemas para efectuar con eficiencia esa labor; tampoco las leyes facilitan la investigación científica de los delitos, que entre otras cosas pasa por la identificación de proyectiles como procedentes de determinadas armas. A ello se agrega que la denuncia ciudadana se estrella contra los asesinatos de testigos, cuyos testimonios quedan anulados al morir éstos, de nuevo por los anacronismos de las leyes penales


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