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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Controlar las armas es un deseable propósito en las naciones
pacíficas, pero prohibirlas o restringir su portación y
tenencia en sociedades violentas, equivale a dejar indefensos a los ciudadanos
honrados. Bien se sabe que cuando tener armas está fuera
de la ley, sólo los individuos fuera de la ley las tienen.
Es claro que hay un marcado interés de parte de secuestradores,
mareros, narcotraficantes, terroristas, violadores, asaltantes y facinerosos
de todo color y laya, para que nadie porte armas de ninguna clase, o que
éstas se restrinjan a pistolitas calibre .22, hondillas y fusiles
de aire.
En El Salvador se cometen casi diez homicidios diarios, pero la mayoría
ocurre en determinadas barriadas y poblaciones, sobre todo en aquellas
donde bandas de mareros se asientan, en ciertas áreas rurales y
en sitios donde hay muy poca o nula vigilancia. Pero ya se tuvo la ocurrencia
de iniciar los desarmes en San Benito y la Escalón, donde son muy
pocos los homicidios y éstos los cometen sujetos que no son residentes
ni trabajan allí. La masacre de la Zona Rosa fue perpetrada por
un grupo de psicópatas fuertemente armado, que atacó a gente
inofensiva y, hasta donde se sabe, desarmada.
En otras palabras, para encarar los asesinatos que cometen los mareros
contra mareros, asaltantes de buses y homicidios por encargo, la gran
ocurrencia es limitar la tenencia de armas a menores de 25 años,
no permitir que personas ni empresas compren más de dos armas por
año y revisar vehículos.
Si una compañía inicia operaciones fuera de San Salvador,
y sus ejecutivos y empleados se ven obligados a viajar desde y hacia San
Salvador todos los días, no podrán hacerse de las armas
que requieren para protegerse. Y si se trata de profesionales y técnicos
menores de 25 años, la idea es mejor que los maten, a que
anden armados".
La ocurrencia es tan descomunal como lo del polarizado de vehículos
para evitar secuestros.
Muchos jóvenes comienzan a trabajar como personal de seguridad;
con la ley-ocurrencia, se les volverá imposible, anulando una valiosa
fuente de trabajo para ellos.
Refuercen la investigación científica
Los numerosos reparos que se le han hecho al proyecto al sólo ser
presentado, objeciones muy juiciosas y fundamentadas, demuestran que no
se le dio estudio, no se analizó la experiencia de otras partes
y países, no se consideraron fórmulas que no dejen indefenso
al honrado, pero que controlen las armas ilegales.
Comenzando porque al firmar de manera tan atolondrada los acuerdos
de paz (tres años después de que Reagan y Gorbachov
acordaran en Islandia terminar con las guerras en Centroamérica),
no hubo mayor esfuerzo en verificar el desarme de las bandas guerrilleras
y desmovilizar sus comandos urbanos.
Otra clave para evitar que irresponsables usen y tengan armas, es catalogar
las huellas de los proyectiles. La autoridad encargada de los registros
no tiene la experiencia ni los recursos ni los sistemas para efectuar
con eficiencia esa labor; tampoco las leyes facilitan la investigación
científica de los delitos, que entre otras cosas pasa por la identificación
de proyectiles como procedentes de determinadas armas. A ello se agrega
que la denuncia ciudadana se estrella contra los asesinatos de testigos,
cuyos testimonios quedan anulados al morir éstos, de nuevo por
los anacronismos de las leyes penales

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