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Sin resolver
Crímenes cuyo presunto autor es un pariente

Deducción. Sin testigos o ayuda de familiares, estos asesinatos corren el riesgo de quedarse en el misterio. La policía dice que no puede hacer más; la Fiscalía los llama “sobre averiguar”


Publicada 6 de febrero 2005 , El Diario de Hoy



Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Los homicidios en los que el presunto autor está dentro de la misma familia de la víctima se vuelven una espina en el costado de los investigadores, sean éstos fiscales o policías. Un reto que prefieren archivar.

El problema estriba en que en la mayoría de estos casos casi nunca se cuenta con un testigo presencial o, sencillamente, éstos no se atreven a “quemar” al asesino.

Las razones del silencio son variadas y van desde las amenazas de muerte hasta la dependencia económica.

“Hay que dejarle las cosas a dios”
Guillermo Meléndez, padre de Ornella Castro y hermano de Mercedes Meléndez, dice que el caso (investigación) se ha quedado así (sin avanzar). Asegura que las circunstancias que rodean el doble homicidio son extrañas, y que ellos le dejan las cosas a Dios.

DespuÉs de 22 meses... nada
En los casos de la familia Mejía Andrés, de la comunidad La Gloria, del barrio San Jacinto, y de la empresaria licorera y su sobrina han transcurrido 22 y 20 meses, respectivamente, y todavía no se ha logrado dar con los responsables.

Si esto es así, existe una alta probabilidad de que el crimen quede sin castigo. Simplemente, los expedientes son archivados, en espera de que un golpe de suerte los haga desempolvarse.

Inexplicable

Esto es lo que ha sucedido en cuatro casos que El Diario de Hoy ha tomado como ejemplos. En cada uno, la lógica policial, es decir las deducciones policiales, apunta a que el criminal está entre la familia. Así lo sostienen los investigadores.

El caso más reciente es el de una menor de 14 años que apareció degollada en su misma casa de habitación el sábado 20 de noviembre de 2004, en una colonia de San Bartolo, Ilopango.

La policía cree que el crimen fue perpetrado por algún pariente.

Investigaciones estancadas
En estos cuatro casos, las autoridades sostienen que los indicios apuntan a que los responsables de los crímenes son parientes de las víctimas; sin embargo, dicen, no hay manera de fundamentar una acusación contra los sospechosos.
Ejecutados por sicarios
23 de abril de 2003

Cuatro sujetos irrumpen en una casa de la Comunidad La Gloria, San Jacinto, y acribillan a Sabas Mejía, 72 años; Evangelina Andrés, 62; Napoleón, 22; Gloria, 25, y Carmen, 18, hijos de los dos primeros. Las dos últimas mujeres no murieron. La PNC achaca ejecución a una banda de sicarios pagada por un pariente.
Envenenadas
2 de junio de 2003

La dueña de una destilería salvadoreña y su sobrina son halladas muertas. A cada una le hallaron una dosis de un veneno capaz de matar a tres caballos. La Fiscalía elude decir cómo van las investigaciones. Según la policía, entre la empresaria y el o los asesinos había intereses económicos de por medio.
Crueldad inexplicable
3 de agosto 2004

Mabel Sánchez fue asesinada, violada y sodomizada en el cantón La Palma, San Martín. A cinco meses del crimen, las autoridades no tienen la certeza de quién la mató.
Misterioso Homicidio
20 noviembre 2004

En pleno día y en su vivienda es asesinada Esmeralda Cea, 14 años. La degollaron. Estaba sola en casa; sin embargo, no robaron nada de la vivienda. Científicamente se comprobó que no fue violada. La investigación está casi en su punto de partida. Las entrevistas a familiares y vecinos no han aportado nada concluyente a la investigación.
Dos asesinatos sin razón aparente
En los casos de Mabel Sánchez y Esmeralda Cea, las autoridades no hallan la razón de esas muertes. En ambos casos se descarta el robo y las rencillas personales. Parientes y vecinos de ambas víctimas dicen no saber el motivo.

Sin embargo, los familiares rechazan rotundamente dicha aseveración, pero aceptan que el homicidio es inexplicable. El día del asesinato la niña estaba sola; de la casa no desapareció nada y de forma científica se comprobó que no hubo violación.

La madre de la niña sostiene que la menor, que sufría de minusvalía física, era muy querida en el seno familiar y que le prodigaban los cuidados necesarios para su desarrollo.

¿Por enciclopedia?

Otro asesinato en el que los investigadores confiesan haber “topado” es el de Mabel Sánchez Arias. A la mujer le mataron con saña. La violaron, la quemaron parcialmente y la sodomizaron con un palo de escoba. Se dictaminó que fue asfixiada por estrangulamiento.

El hecho sucedió durante la noche del 2 y la madrugada del 3 de agosto del 2004 en el cantón La Palma, de San Martín.

De la vivienda sólo desapareció una enciclopedia. A pesar de que había electrodomésticos valiosos, ninguno fue robado.

Para la policía, el principal sospechoso de este caso es un hombre que había estado relacionado sentimentalmente con la víctima.

Sin embargo, las entrevistas hechas a las hijas de la pareja no arrojan indicios de culpabilidad para el hombre.

Según la Fiscalía, la víctima no poseía inmuebles o dinero, ni era un estorbo para la nueva relación de su ex pareja, quien el día en que encontró el cadáver aseguró que “la veía como una hermana”. La víspera, el ex marido le había pasado dejando unas pupusas para que cenara.

Dinero

El lunes 3 de junio de 2003, Ornella María Rossito Castro, 18 años, y Mercedes Meléndez, de 58, fueron halladas muertas en su casa de habitación de la Residencial Loma Linda, un complejo de viviendas con seguridad privada.

Perecieron envenenadas. La policía manejó al inicio la hipótesis de que era un suicidio o un envenenamiento accidental.

La familia descartó eso, pues la señora tenía estudios en química, y la joven estaba feliz con su vida, por lo que no habría aceptado una inducción al suicidio.

Además, en la residencial nadie recuerda haber escuchado gritos de auxilio. Los teléfonos de línea fija estaban descolgados y en la casa había varios guantes de látex.

La Fiscalía obvió hablar acerca de la investigación, aduciendo que se podrían entorpecer las mismas. Mientras que el comisionado Douglas Omar García Funes, subdirector de Investigaciones de la policía, aseguró que en el doble homicidio “había mucho dinero de por medio”.

Según la policía, el responsable de estos homicidios estaría dentro de la misma familia de las víctimas.

Por un terreno

El miércoles 23 de abril de 2003, alrededor de las 9:00 p.m., cinco miembros de la familia Mejía Andrés fueron acribillados. Tres murieron y dos mujeres sobrevivieron.

Según un investigador, la masacre fue ordenada por un pariente de las víctimas que disputaba la propiedad de un inmueble.

La policía asegura que los ejecutores fueron los de la banda de “El Gorila”, un grupo de sicarios que, supuestamente, se mantiene en los alrededores del Mercado Sagrado Corazón.

Del caso había un testigo que se abstuvo de seguir colaborando con las autoridades, porque la misma banda de sicarios le amenazó.

Un investigador asegura que, aunque se sabe quiénes son los asesinos, no tienen cómo incriminarles. El caso está archivado.


Casos son archivados o están “sobre averiguar”

El subdirector de Investigaciones de la policía, Douglas Omar García Funes, afirma que en los crímenes en los que el sospechoso es pariente de la víctima, las investigaciones no avanzan, “porque son muy cerrados”.

Fiscalía. Elude hablar de casos para no dañar las indagaciones. Foto EDH

La policía hace lo que le compete y luego manda el caso a la Fiscalía. El resto depende de lo que la Fiscalía, como ente que dirige las investigaciones, ordene a la corporación.

García Funes cita por ejemplo el caso de la empresaria licorera. “Se hicieron entrevistas, y las pruebas que se lograron recopilar conllevan a una vinculación de familiares, pero no puedo asegurar nada”, afirma.

Lo nuevo que surja estaría basado en lo que la Fiscalía ordene.

El jefe policial también se refiere a un caso sucedido en el oriente de San Salvador. “Los hechos que se dan previo (al homicidio), las circunstancias y las declaraciones de las hijas conllevan a determinar que el autor es el esposo, pero no hay pruebas suficientes para que la Fiscalía pueda sustentar una acusación judicial”, afirma.

Por su parte, una fiscal de homicidios dice que no hay una herramienta legal de la que se pueda echar mano para determinar si un entrevistado —en el caso de homicidios— miente o dice la verdad.

La fuente se refiere a una investigación que realiza la Fiscalía de Soyapango.

Se ha entrevistado a hijos de la víctima y en las mismas no hay nada que incrimine al presunto asesino; pero hay indicios que hacen sospechar del esposo.

La fiscal sostiene que, por ejemplo, no se puede someter a una prueba de polígrafo para determinar si alguien está tratando de encubrir al sospechoso o está mintiendo.

Ante un juzgado no es válido ese tipo de pruebas, asegura la funcionaria. A eso hay que agregar que, en muchas ocasiones, Medicina Legal se tarda meses en dar el resultado de, por ejemplo, un examen de fluidos encontrados en la víctima o en la escena del crimen.

Y aunque los resultados se conocieran pronto, haría falta tener los fluidos del sospechoso para comparar. Si no hay forma de avanzar en la indagación, éstas simplemente se archivan.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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