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Tomando
la palabra
Impuesto, consumo y crecimiento
Confío en que esta columna
no será sólo una más para compartir opinión
con los lectores ni caiga en saco roto u oídos sordos, espero que
sea tomada en cuenta, se evalúe y, de ser posible, se implemente
Publicada 6 de febrero 2005, El Diario de Hoy
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Carlos E. Mena Guerra*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Una de las metas trazada por el Gobierno Central, para 2005, es mejorar
el nivel de crecimiento económico, junto a la educación
y generar empleo; sin embargo, las recientes reformas fiscales, cuyo objetivo
principal es recolectar mayores ingresos y reducir la evasión,
dejan por fuera incentivos al consumidor y la capacidad de ahorro-inversión
del asalariado promedio como reactivadores de la actividad económica.
La renta imponible (salario) de un trabajador promedio, de acuerdo con
la tabla de retención, inicia en 2.27% para un ingreso mensual
de $209.52 y es progresiva sin exceder 25% hasta los niveles más
altos. Esto, en principio, parece aceptable, pero, al tomar en cuenta
que los ingresos disponibles restantes son grabados de nuevo con 13% del
IVA al consumo, los porcentajes alcanzan el 15.27% y hasta 37%. Es entonces
cuando toma relevancia el gravamen total.
Hay que valorar que la mayoría de asalariados en el país
clasifica en los niveles de ingresos bajos y medios de la tabla, y unos
cuantos en los más altos. Los porcentajes de impuestos a la renta
asalariada reducen la capacidad de gasto obligado en casa, transporte,
alimentación, salud, educación y otros, entonces ¿qué
va quedando para consumir la producción de otros bienes y servicios
que no son indispensables y que son ofrecidos en la economía? Peor
aún ¿qué va quedando para ahorrar o invertir? He
aquí la paradoja: ¿Cómo se va a lograr que esa amplia
clase trabajadora ayude a reactivar la economía si no tiene capacidad
de compra? Es sorprendente pasar por alto un detalle tan elemental como
éste.
Otra variable en juego es el de la educación. Los resultados de
la Paes y las evaluaciones para ingresar a la UES son lamentables, ambos
rondan en promedio los 4045 puntos sobre 100 y la deficiencia es
notoria, mayormente, en los estudiantes del sistema de enseñanza
público comparado con el privado. Estos últimos logran sobresalir
en ambas evaluaciones. El milagro deseado de la educación surtirá
efecto cuando se alcancen niveles promedios de estudio de noveno grado
en la población. En la actualidad ronda el cuarto grado en el área
urbana y tercero en el área rural.
La buena educación y la capacidad del gasto en consumo de la población
de un país son relevantes para el crecimiento y reactivación
económica y social: ciudadanos bien educados racionalizan mejor
el gasto y pueden optar a mejores empleos y demandan la producción
de bienes y servicios.
En EE.UU. la capacidad de compra de sus habitantes representa dos tercios
de su PIB, ayudando a la recuperación económica y mejorando
la tasa de ahorro interno, de ahí el interés del Presidente
Bush por aplicar una política de reducción de impuestos.
La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua
expansión, para dar salida a su creciente producción...(
Rafael R. Loucel / Economista).
¿Cómo conciliar de alguna forma esta paradoja para dar mayor
capacidad de consumo y ahorro al asalariado promedio? Aquí una
salida de corto plazo: si el sistema público educativo está
imposibilitado para brindar una educación de mayor calidad en el
corto plazo, el Gobierno debe permitir, a este sector de asalariados,
deducir de sus impuestos entre el 50% al 75% de la inversión en
educación, para quienes puedan optar a las opciones privadas.
Esto resultará en una mayor capacidad de compra, ahorro y mayor
demanda agregada de la producción de bienes y servicios e incremento
de la actividad económica interna.
En concreto es un círculo virtuoso, con dos variables interviniendo.
En la práctica, el asalariado no tiene muchas opciones de deducción.
El ingreso en las arcas del Estado en concepto de renta del total de ingresos
tributarios (it) representó un 30.9% para 2003 y un porcentaje
similar para 2004, considerando que la recolección por IVA es mucho
más eficiente, representando el 50% it, conviene aún más
estimular la capacidad de compra y se sale ganando al incentivar el consumo.
Confío en que esta columna no será sólo una más
para compartir opinión con los lectores ni caiga en saco roto u
oídos sordos, espero que sea tomada en cuenta, se evalúe
y, de ser posible, se implemente.
*Economista. carloscha@elsalvador.com

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