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Eduardo Torres
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En marzo de 1982, para las elecciones de la Asamblea Constituyente, cuando
quien esto escribe en su primer trabajo: Cancillería
se desempeñaba como coordinador del Comité Nacional de Observadores
(CAO), uno de los primeros en regresar al Hotel Presidente durante esa
histórica jornada, al finalizar su recorrido por diferentes centros
de votación, fue el tres veces Presidente de Costa Rica José
María Figueres, Don Pepe.
Yo ya sé quién ganó, afirmó astutamente
el patriarca, a la entrada del hotel. La atención hacia él
fue inmediata. Al menos otras dos personas, más el coordinador
in situ de la CAO que en ese momento tenía veinticinco años,
preguntamos al unísono, ¿quién, don Pepe? El avezado
político, de entrada, había logrado su objetivo para dar
el mensaje que quería trasladar, tras haber sido profundamente
impactado durante tan memorable jornada: La democracia, respondió
con una sonrisa, haciendo un guiño con uno de sus ojos.
A la primera oportunidad que tuvimos los salvadoreños para escoger
entre libertad y tiranía, luego del golpe de Estado de 1979, pues
fuimos claros y consecuentes al elegir la democracia como forma de vida,
la cual, parafraseando a Churchill, por imperfecta que sea, es el mejor
sistema que existe para regir la convivencia pacífica entre los
seres humanos.
La asistencia a las urnas fue masiva, a pesar de las amenazas. Inequívoca
fue la respuesta que en esa fecha le dimos al mundo, aunque pasaran todavía
diez años para poder cerrar el capítulo más negro
de nuestra historia.
Creo que algo de esto es lo que está pasando en Iraq.
Los iraquíes, a pesar del éxito que han tenido los terroristas
en amedrentarles hasta el pánico, se volcaron de manera
masiva a las urnas. Los rumores en Bagdad, según la prensa internacional,
eran que planeaban los terroristas unos ciento cincuenta atentados suicidas,
haciendo volar carros por los aires; que tenían una bomba
sucia que habían venido guardando para la ocasión
y que iban a hacer explosionar tantos centros de votación, que
la gente no se iba a atrever a salir de sus casas.
Bailes, alegría, mostraron las imágenes televisivas el pasado
domingo, cuando los iraquíes, tras haber salido a votar, estallaron
de júbilo al final de la histórica jornada, en la primera
oportunidad que han tenido para manifestarse, enviándole al mundo
una poderosísima señal de ansia de libertad y democracia.
De un mejor futuro.
Anímica y psicológicamente, fue un tremendo revés
para al-Zarqawi y otros engendros terroristas, cuando aún en bastiones
sunitas quienes no siendo mayoría, gobernaron bajo Sadam
Hussein, salieron decididamente a votar, aunque en menor proporción
que los mayoritarios chiitas, y de los kurdos. La elección fue
para elegir un parlamento de 275 miembros, redactar una nueva Constitución
y elegir nuevo Presidente y un gobierno de transición.
Al cierre ayer de esta columna, informó en su versión electrónica
el periódico The Washington Post: Líderes
sunitas que boicotearon la elección del domingo expresaron disponibilidad
de participar en el nuevo Gobierno, con lo que se abre la posibilidad
de romperse el impasse que ha evitado todo prospecto de reconciliación
nacional.
Mucho de ello, afirma dicho artículo, tendrá que ver con
la posición que tome el nuevo Gobierno hacia la insurgencia
y la posible separación de funcionarios del partido de Hussein
el Partido Baath de las instituciones del Estado.
Estamos tomando una línea conciliatoria, dijo Wamidh
Nadhmi, líder de la Tendencia Árabe Nacionalista una
coalición de grupos sunitas y chiitas, porque tenemos
temor que el asunto pueda convertirse en una guerra civil. Los
dos bandos chiitas y sunitas, añadió,
han llegado a la conclusión que tienen que respetar al otro
grupo, si quieren un Iraq unificado.
Con 3.3 millones de votos contabilizados hasta ayer, sobre todo de provincias
chiitas, la Alianza Unida Iraquí, liderada por el más respetado
clérigo musulmán chiita, Abdul-Aziz-al-Hakim, llevaba un
67%, seguido de la Lista Iraquí, liderada por el Primer Ministro
interino, Ayad Allawi. Dichos votos corresponden a diez de las dieciocho
provincias y representa el 35% de los más de 5,000 lugares de votación
de ese país. Los resultados de las provincias sunitas musulmanas,
al norte u oeste de Bagdad, o de las provincias dominadas por los kurdos,
al norte de Iraq, todavía no han sido contabilizados.
¿No es momento de que reconcilie diferencias la comunidad internacional
y ofrezca el apoyo que requiere ese sufrido pueblo, para llegar a decidir
en libertad? ¡El mensaje enviado por el pueblo iraquí merece
que ello sea así!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.

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