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Reflexiones acerca de un homicidio


Sócrates dijo hace tres mil años que ningún ser humano nace malo. Que la naturaleza humana es buena desde sus orígenes, pero los hombres caen en la comisión de ilícitos por la ignorancia

Publicada 4 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

El jueves 13 de enero, en horas de la noche, mientras recordábamos la tragedia del sismo de 2001 en el país y la desgracia natural en Asia, recibimos en casa una llamada urgente; uno de mis nietos había sido acribillado a balazos en una colonia de Apopa, víctima de un grupo de asesinos.

En cosa de minutos estuvimos en el sitio del crimen, donde ya los investigadores de la PNC y forenses del Instituto de Medicina Legal se dedicaban a su ingrata labor de recoger evidencias y el reconocimiento físico de mi nieto, que yacía exánime en la calle, mientras un numerosos grupo de curiosos, infaltable en estos casos, hacía mil y una conjeturas acerca del hecho doloroso. Alguien me dijo que en otro sitio de Apopa también había sido asesinado el hijo de una procuradora, a lo que sólo respondí con una exclamación a Dios por tanta sangre juvenil derramada por la ola de violencia que azota a nuestro querido país.

Este homicidio, que como tantos otros golpea a diario los hogares salvadoreños, sin que se vislumbre una solución efectiva, debe motivarnos a todos, sin distinción, a organizarnos en la búsqueda de un análisis sobre las verdaderas causa que originan esta espiral del crimen y esforzarnos por encontrar medidas que no sólo conduzcan al castigo o prisión de los delincuentes, tal como es la tónica gubernamental en estos momentos, sino a encontrar medidas efectivas y eficaces que reduzcan la violencia social, combatiéndola precisamente desde esos orígenes o causas.

De que vivimos en una sociedad violenta es una realidad palpitante y angustiosa, pero la cuestión reside en saber el porqué de esa actitud violenta en los salvadoreños y en el cómo solucionarla, porque a la postre podemos encerrar miles de antisociales y construir centenares de cárceles, pero si no encontramos con claridad esa etiología de la ola sociopatológica que padecemos actualmente, seguiremos afrontando el problema con muchísimas más muertes de inocentes a diario que nos ubican en un deshonroso segundo lugar en la América Latina, es decir, el problema delictivo no es para permanecer apáticos o estar dando soluciones parciales, sino para sacudir la conciencia nacional y enfrentarnos a dicho problema con medidas determinantes que ya en otras naciones fueron ensayadas con bastante éxito y que, adaptadas a nuestro entorno, nos permita ir encontrando la luz al final de este camino de pesadumbre y espanto.

Por ejemplo, ¿qué hace la PNC por fortalecer el campo de la investigación? ¿Por qué no existe un sistema de auténtica protección a los testigos? ¿Por qué tantos crímenes quedan en las tinieblas de la impunidad? ¿Qué hay realmente en el trasfondo de esta ola de violencia social? ¿Cuándo se desarticularán las bandas de sicarios que asesinan a personas útiles? Y podríamos seguir formulando muchísimas preguntas más sobre el área de la seguridad pública.

En el caso de la Fiscalía General de la República, ¿por qué tantos delitos no son profundizados o se llevan a juicio con debilidad probatoria? ¿Existe una interrelación fluida y eficaz entre los fiscales y los organismos de investigación policial? ¿Se realizan capacitaciones fiscales que versen sobre las causas de esta vorágine criminal que aterroriza y enluta a los hogares del país? ¿Quiénes abastecen de armas a las pandillas criminales?

Y luego, ¿qué decir del sistema judicial nacional? ¿Es que ha fracasado entre nosotros el modelo penal acusatorio? ¿O es que tenemos jueces ineficientes en el país? ¿Darán debido cumplimiento a los códigos Penal y Procesal Penal? ¿Cuál es el estado actual de la tan anunciada depuración judicial? ¿Dónde se encuentra la participación de las asociaciones profesionales y de las universidades salvadoreñas? ¿O concluiremos que la única solución es enjaular no sólo a mareros y ladrones, sino también ciudadanos, empresarios, etcétera? ¡Porque ahora amenazan con prisión hasta al comerciante en cereales que llegue a almacenar unos cuantos quintales de maicillo!

Sócrates dijo hace tres mil años que ningún ser humano nace malo. Que la naturaleza humana es buena desde sus orígenes, pero los hombres caen en la comisión de ilícitos por la ignorancia. Debemos enfocar de nuevo el papel de la escuela, de la familia, de la sociedad misma. El reto está allí. Es hora de enfrentarlo con fe en Dios y basados en la moral cristiana, pero donde todos participemos, antes que más vidas sigan sumando cifras siniestras en nuestra amada patria.

* Abogado y notario, psicólogo.


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