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El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Y si bien es cierto que es un ideal y una meta para los humanos,
más que un propósito, la felicidad es un sendero, una forma
de vivir, una decisión acertada.
Ser feliz es aceptar la vida con sus dichas y sus tristezas, con sus caídas
y victorias, con sus risas y sus lágrimas, con sus soles y sus
noches, con sus mieles y tristezas, con sus cosas eternas y sus cosas
fugaces, con sus cosas grandiosas y pequeñas, con lo bello y lo
feo, con sus valles y montañas, con lo nuestro y lo ajeno, con
lo bueno y lo malo, ¡con lo posible y lo imposible!
La felicidad es un estado del alma que sólo puede existir dentro
de ti. Por tanto, no la busques en otro lado ni en otros. Si eres feliz
allí en tu interior la felicidad también estará en
el mundo que te rodea.
Guarda la dicha como una gema en un lugar secreto y seguro de ti mismo,
para que la adversidad y el egoísmo del mundo no puedan arrebatártela.
¡No permitas que el ladrón del destino robe tu tesoro interior!
Guarda con celo el cristal de tu inocencia, aunque el mundo arrastre desengaños,
y el rubí de tu alegría, aunque el mundo invente la tristeza.
En fin, la felicidad no es anhelar lo que queramos ser, sino ser lo que
anhelamos.
Día a Día
Contra empresarios
Fue célebre la frase lo que es bueno para General Motoros
es bueno para los Estados Unidos, y lo que es bueno para Estados Unidos
es bueno para General Motors; el presidente del consorcio, a la
sazón el más grande del mundo, veía con claridad
que no puede haber negocios prósperos en un país arruinado.
La pobreza de Haití se explica: no tienen grandes empresas.
Es obvio que sobra quienes piensan lo contrario: para ellos la desgracia
de una nación es que haya empresas exitosas, que crezca la producción,
que se acumulen capitales, que se incremente las inversiones; resienten
ver ojos bonitos en cara ajena.
El Ing. Mario Andino cuenta en una entrevista que publicamos en el aniversario
del cuartelazo de 1979, que uno de los juntistas preguntaba, cada día,
por qué no habían apresado a los principales empresarios,
de quienes daba nombres y señas. Pese a que no cometieron crimen
alguno, los pretendían encarcelar y de seguro ejecutar, sólo
por ser empresarios.

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