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Devastador tsunami amenaza a Nicaragua


Que el amenazador tsunami que se cierne sobre Nicaragua se convierta en inocua tormenta tropical, para que de una vez por todas se hagan realidad los sueños de todos los nicaragüenses bien nacidos.

Publicada 3 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Manuel J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Desde el mismo momento en que el ingeniero Enrique Bolaños Geyes asumió la presidencia de Nicaragua, gracias al apoyo de la mayoría de ese pueblo bello, su gobierno se ha visto bombardeado por la irracional oposición de dos políticos fracasados, el ex guerrillero, terrorista y ex presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra, eterno y frustrado candidato, por tres veces, a encaramarse en el sillón presidencial de su patria y el reo Arnoldo Alemán Lacayo, quien con su camarilla entró a saco en el erario nacional, acumulando una fortuna que es mayor que la que logró la familia Somoza, a través de cuarenta largos y trágicos años.

El reo alemán Lacayo se ha vuelto en su país en regordeta pelota de ping pong, a la que juega aquella tan traída y mal llamada justicia, que por medio de la jueza Juana Méndez, se ha encargado, unas veces, luego de ser condenado a treinta años de cárcel, de trasladarle a la llamada Cárcel Modelo, que se encuentra en las cercanías del pintoresco pueblo de Tipitapa —famoso por los pescados fritos que se venden en sus restaurantes—, a su lujosa mansión rural que bautizó con el nombre de “El Chile”, y de allí de nuevo a la Modelo y de la Modelo, bajo el fútil pretexto de una ligera intervención quirúrgica, en uno de los dedos de su regordeta mano, le internan en sala cinco estrellas en un hospital, en donde “convalece” por cuatro meses.

Del hospital vuelve de nuevo a su residencia “El Chile”, a lo que eufemísticamente se llama “arresto domiciliario”, en donde vive en el lujo que le proporcionaron los malabarismos que hizo durante los años que estuvo en el sillón presidencial. Si lo que se dice de sus “movidas” es cierto, su vida de lujos le harán la estadía en “El Chile”—a él y a su cercana familia— de lo más amena y placentera. Lo irónico del caso es que, en el lenguaje popular nicaragüense, “chile” significa “chiste”, y ese chiste es el que tienen que aguantar los nicaragüenses con la rara, rarísima sentencia que le han endilgado a don Arnoldo.

De don Daniel, ni hablar, da risa cuando con todo el cinismo que le es característico, acusa a don Enrique de “dictador” y otras lindezas por el estilo, cuando aún está fresca en la memoria de todos los habitantes de Nicaragua, cómo él llegó al poder, con una mano adelante y la otra atrás, y hoy se ha convertido con sus más cercanos allegados en los nuevos millonarios que como hongos han surgido luego de la famosa y destructora revolución sandinomarxista.

Los antañosos “cuartelazos” con los cuales se derrocaba al gobernante de turno son cosa del pasado. Hoy, cuando se quiere dar problemas a un partido en el poder, la cosa es más sencilla y menos cruenta, se le da el “golpe de Estado”, desde la Asamblea Legislativa, amenazando con destituir al gobernante o, desde la misma Asamblea se le pone todo tipo de obs- táculos, entre ellos, el de o aprobar el Presupuesto de la Nación, con la mira, al desacreditarlo, puesta en futuras elecciones, que de esa manera creen conseguirán el anhelado triunfo, respaldando manifestaciones de protesta por esto o por aquello, con la esperanza de conseguir “un muertecito”, que haga salir de sus casillas a una encantadora señora que se ha dedicado desde la altura de su cargo, a defender lo indefendible, mientras ¿las víctimas?, bien, gracias.

Fresca debería estar en la memoria, entre los señores asambleístas de Nicaragua, el descalabro que ha sufrido su país, a manos de sus amos, Daniel y Arnoldo. Ya va siendo hora de que abandonen a esos dos obsoletos personajes y busquen y encuentren a otros políticos con ideas nuevas y que, movidos por auténtico patriotismo, trabajen, sin abandonar los lineamientos del partido, para sacar al país, que también es el de ellos, del abismo en que lo sumergieron Ortega y Alemán.

Que el amenazador tsunami que se cierne sobre Nicaragua se convierta en inocua tormenta tropical, para que de una vez por todas se hagan realidad los sueños de todos los nicaragüenses bien nacidos y que el mismo Rubén plasmó cuando escribió: “A pesar de las páginas fatales de su historia, Nicaragua está hecha de vigor y de gloria, Nicaragua está hecha para la libertad”.

*Colaborador.


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