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Manuel J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Desde el mismo momento en que el ingeniero Enrique Bolaños Geyes
asumió la presidencia de Nicaragua, gracias al apoyo de la mayoría
de ese pueblo bello, su gobierno se ha visto bombardeado por la irracional
oposición de dos políticos fracasados, el ex guerrillero,
terrorista y ex presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra, eterno
y frustrado candidato, por tres veces, a encaramarse en el sillón
presidencial de su patria y el reo Arnoldo Alemán Lacayo, quien
con su camarilla entró a saco en el erario nacional, acumulando
una fortuna que es mayor que la que logró la familia Somoza, a
través de cuarenta largos y trágicos años.
El reo alemán Lacayo se ha vuelto en su país en regordeta
pelota de ping pong, a la que juega aquella tan traída y mal llamada
justicia, que por medio de la jueza Juana Méndez, se ha encargado,
unas veces, luego de ser condenado a treinta años de cárcel,
de trasladarle a la llamada Cárcel Modelo, que se encuentra en
las cercanías del pintoresco pueblo de Tipitapa famoso por
los pescados fritos que se venden en sus restaurantes, a su lujosa
mansión rural que bautizó con el nombre de El Chile,
y de allí de nuevo a la Modelo y de la Modelo, bajo el fútil
pretexto de una ligera intervención quirúrgica, en uno de
los dedos de su regordeta mano, le internan en sala cinco estrellas en
un hospital, en donde convalece por cuatro meses.
Del hospital vuelve de nuevo a su residencia El Chile, a lo
que eufemísticamente se llama arresto domiciliario,
en donde vive en el lujo que le proporcionaron los malabarismos que hizo
durante los años que estuvo en el sillón presidencial. Si
lo que se dice de sus movidas es cierto, su vida de lujos
le harán la estadía en El Chilea él
y a su cercana familia de lo más amena y placentera. Lo irónico
del caso es que, en el lenguaje popular nicaragüense, chile
significa chiste, y ese chiste es el que tienen que aguantar
los nicaragüenses con la rara, rarísima sentencia que le han
endilgado a don Arnoldo.
De don Daniel, ni hablar, da risa cuando con todo el cinismo que le es
característico, acusa a don Enrique de dictador y otras
lindezas por el estilo, cuando aún está fresca en la memoria
de todos los habitantes de Nicaragua, cómo él llegó
al poder, con una mano adelante y la otra atrás, y hoy se ha convertido
con sus más cercanos allegados en los nuevos millonarios que como
hongos han surgido luego de la famosa y destructora revolución
sandinomarxista.
Los antañosos cuartelazos con los cuales se derrocaba
al gobernante de turno son cosa del pasado. Hoy, cuando se quiere dar
problemas a un partido en el poder, la cosa es más sencilla y menos
cruenta, se le da el golpe de Estado, desde la Asamblea Legislativa,
amenazando con destituir al gobernante o, desde la misma Asamblea se le
pone todo tipo de obs- táculos, entre ellos, el de o aprobar el
Presupuesto de la Nación, con la mira, al desacreditarlo, puesta
en futuras elecciones, que de esa manera creen conseguirán el anhelado
triunfo, respaldando manifestaciones de protesta por esto o por aquello,
con la esperanza de conseguir un muertecito, que haga salir
de sus casillas a una encantadora señora que se ha dedicado desde
la altura de su cargo, a defender lo indefendible, mientras ¿las
víctimas?, bien, gracias.
Fresca debería estar en la memoria, entre los señores asambleístas
de Nicaragua, el descalabro que ha sufrido su país, a manos de
sus amos, Daniel y Arnoldo. Ya va siendo hora de que abandonen a esos
dos obsoletos personajes y busquen y encuentren a otros políticos
con ideas nuevas y que, movidos por auténtico patriotismo, trabajen,
sin abandonar los lineamientos del partido, para sacar al país,
que también es el de ellos, del abismo en que lo sumergieron Ortega
y Alemán.
Que el amenazador tsunami que se cierne sobre Nicaragua se convierta en
inocua tormenta tropical, para que de una vez por todas se hagan realidad
los sueños de todos los nicaragüenses bien nacidos y que el
mismo Rubén plasmó cuando escribió: A pesar
de las páginas fatales de su historia, Nicaragua está hecha
de vigor y de gloria, Nicaragua está hecha para la libertad.
*Colaborador.

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