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Conversando sobre política
Los errores de la oposición


Lo bueno es que el partido de gobierno ha renovado a sus líderes, ha roto tabúes, ha afrontado las debilidades del sistema y, sin ninguna posición ideológica, ha empezado a ordenar este país

Publicada 2 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Esta columna la dedicaría exclusivamente a comentar las impresiones, buenas y malas, que me dejó la tan mencionada película “Voces inocentes”, cuando tuve ocasión de verla la semana pasada. Otros columnistas ya se refirieron a ella y creo que lo que se tenía que decir ya se dijo. Lo único que destacaría es la frase: “Ustedes también se los llevan”, que expresó la mamá de “Chavita”, el niño protagonista de la historia, cuando, dirigiéndose a su hermano guerrillero, le externaba su preocupación por que su hijo de once años se fuera con ellos a las montañas, evitando así que la Fuerza Armada le reclutara.

Me parece que con esa frase se puso una nota de equilibrio, para que las futuras generaciones comprendan que la guerra fue de dos partes, soldados y guerrilleros, y que ambos actuaron de manera irracional cuando con sus acciones afectaron a la población civil. Las violaciones a los derechos humanos ni sólo fueron del ejército ni sólo fueron de la guerrilla.

Sin embargo, por los últimos acontecimientos políticos en el partido de oposición, he decidido cambiar el enfoque de esta entrega y, aprovechando la reflexión que deja la producción cinematográfica citada, he de comentar algunas impresiones de la forma en que el FMLN ha desaprovechado sus oportunidades históricas.

Cuando todos somos testigos de las actitudes que se han adoptado, digamos en el último año, por parte de la dirigencia del partido de izquierda, no queda más que, o regocijarse por la incapacidad de la oposición que tenemos, o entristecerse por el daño que se le hace al país, al no contar con una oposición inteligente. Si el FMLN pensara como el PSOE (el actual partido que gobierna España, Social Demócrata), no sólo hubiera explotado la racionalidad que orientó su decisión de firmar los Acuerdos de Paz, en enero de 1992, sino que, año tras año, habría explotado el hecho de que las Naciones Unidas, cada vez que puede, considera como ejemplar el proceso de paz salvadoreño, el cumplimiento de los acuerdos adoptados y la transformación que la ex guerrilla tuvo, al convertirse en una fuerza democrática, con representación legislativa y municipal, y con un gran número de adeptos a nivel nacional.

Por el contrario, año con año, lo que hace es ausentarse en las ceremonias de conmemoración de la firma de los acuerdos, celebrar con marchas y desórdenes, afirmar que los acuerdos no se han cumplido y amenazar con el inicio de una nueva guerra, en este caso de oposición a todos los proyectos del gobierno de turno, sin olvidar el desprecio que manifiesta con estas actitudes hacia la institucionalidad del país, la cual, si bien es débil, está presente, y se cuenta con una Policía Nacional Civil transformada, una Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y una Fuerza Armada subordinada al poder civil, una nueva forma de elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, como ejemplos que vale la pena mencionar.

Vamos a otro ejemplo. La reciente aprobación de la ley de emisión de bonos como paso previo a la aprobación del Presupuesto General para el año 2005, la cual contó con la votación de dos diputados del FMLN, tres para ser más exactos, incluyendo al Dr. Navarrete, así como el paso de más de quinientos militantes de dicho partido hacia las filas del CDU, y la conversión de más de un alcalde del Frente a la cobija de otro partido político habría sido la oportunidad para que este instituto político reconociera que es el momento de transformarse, de dar el paso hacia su democratización interna y su comportamiento democrático ante la población y las demás fuerzas políticas y empezar renovado, un nuevo camino, siempre al lado de la población, reivindicando su agenda pero cambiando su conducta del “no” permanente hacia cualquier proyecto de beneficio para la población.

Su actitud fue otra. Fue casi la misma que se tuvo cuando Schafik perdió las elecciones presidenciales de 2004. “La lucha continúa”, “son unos vendidos”, “en el Frente no caben los traidores”, “vamos a seguir en contra del gobierno”, son sólo algunas de las reacciones poco democráticas y poco analizadas políticamente por parte de la dirigencia efemelenista.

Cuando finalizó la película con la que iniciamos esta columna, en la sala de cine se escuchó a todo volumen la otrora famosa canción en la clandestinidad, “Techos de cartón”: “Que triste, se oye la lluvia en los techos de cartón, que triste vive mi gente en las casas de cartón…”.

En la película se puede apreciar cómo se reprimía aquel que sintonizara Radio Venceremos, y cómo esta canción encendía las más frenéticas pasiones en contra del comunismo. Ahora, yo, un hombre de derecha, cito un párrafo de dicha canción. Y lo hago porque tenemos libertad. La oposición debería aprovechar esa libertad para actuar de forma responsable, para llegar a las comunidades más escondidas de nuestro país, como lo está haciendo el partido gobernante, para llevarles desarrollo.

Ya no hay pretexto, ya no tienen limitantes a su libertad para actuar, ya no les reprimen porque se digan de izquierda, o porque critiquen públicamente al gobierno. Su única limitante la tienen al seno de su partido, porque no escuchan, porque no se abren a la democracia, porque no entienden que ser oposición no es crear obstáculos para todo lo que el Gobierno presente en la Asamblea Legislativa.

Creo, sin ser pesimista, que la oposición no cambiará, y que cada vez más veremos cómo frágilmente se van quebrando, dividiéndose, a no ser que den un giro de timón inesperado. Lo bueno es que contamos con una derecha responsable, cada vez más acercándose al centro, sin olvidar el respeto a las libertades, el amor por la democracia, la importancia de la libre iniciativa para emprender una empresa. Lo bueno es que el partido de gobierno, si bien con quince años encima, ha renovado a sus líderes, ha roto tabúes, ha afrontado las debilidades del sistema y, sin ninguna posición ideológica, ha empezado a ordenar este país, distribuyendo mejor la riqueza.

*Secretario para Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República. Columnista de El Diario de Hoy.


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