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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El proyecto de ley de control de armas está presentado, pero
antes de aprobarlo debe ser limpiado de ocurrencias, se tiene que estudiar
mejor y asegurarse de que compagine con las realidades de nuestro país.
Pártase de un simple hecho: para la gente honrada, las únicas
armas son las pistolas y los machetes; para los facinerosos, asaltantes,
mareros y criminales, arma es desde una piedra o garrote,
hasta los trabucos caseros con que cometen asaltos, a lo que se suman
barras de hierro, cuchillos de mesa, cadenas y cualquier objeto afilado.
En la película Casino, uno de los tahúres mata
a otro con un bolígrafo.
La ley deja en indefensión, como lo señalamos anteayer,
a jóvenes que viajan al interior, que vuelven tarde de sus trabajos,
que se ven forzados a cruzar barriadas peligrosas, que son pagadores o
que están amenazados por pandilleros. En otros términos,
el legislador es incapaz de diferenciar entre una clase de
veinte o veintitrés años, y otra. Son muchos los casos de
estudiantes que por serlo y no haberse incorporado a maras, están
sentenciados y tienen que protegerse.
Vamos a otro aspecto del asunto: las autoridades han demostrado ser pasmosamente
incompetentes para llevar control de las armas en manos de la gente que
solicita permiso para portarlas. Eso se debe a un hecho: que el
Estado no tiene la capacidad ni los conocimientos ni la experiencia
para llevar los registros, mantener un banco de datos sobre las huellas
de los proyectiles y evaluar a quienes sí y a quienes no
se les debe otorgar permisos. A esto se agrega que por una ocurrencia
de la aberrante ley del menor infractor, no hay registros
de jóvenes delincuentes (para salvaguardar su dignidad, su honor,
su futuro, su imagen social, la estima que merecen, etcétera) y,
como contrapartida, tampoco el joven honesto tiene manera de demostrar
que lo es.
El maleante se arma sin permiso
Los registros de armas son inútiles, porque no hay manera de relacionar
un proyectil con el arma que lo disparó. Para obtener licencia,
se exige que se disparen varios proyectiles, los que se recogen pero no
se clasifican. Se han visto en la oficina respectiva cajas
de cartón hasta el tope de proyectiles cuyas características
nunca fueron a dar a un banco de datos. El lógico remedio es concesionar
esa labor a una empresa con experiencia en tales menesteres, pero las
veces que se ha propuesto hacerlo, los comunistas montan la pataleta,
pues saben que muchas armas que guardan en tatús clandestinos podrían
ser identificadas. El estallido del buzón de Santa Rosa en Managua,
junto con otros descubrimientos, demuestran que tal clase de arsenales
existe.
Por cierto los comunistas proponen otra cosa: prohibir totalmente la portación
de armas ¡Con los ciudadanos en total indefensión, secuestrar
y asesinar será facilisísimo!
Lo pertinente es hacer un mapeo de los sitios y zonas donde está
ocurriendo la mayoría de homicidios y actos de violencia, para
concentrar el esfuerzo en limpiarlos. Por lógica, quien solicita
permisos lo que busca es defenderse, no agredir a otros. También
por lógica, los maleantes se arman sin andar pidiendo licencias.

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