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De nuevo la contemporización

Creo firmemente que los nuevos miembros de la UE no olvidarán su experiencia del totalitarismo y de la oposición no violenta al mal y que esa experiencia se reflejará en su forma de comportarse en los órganos de la UE.

Publicada 1 de febrero 2005, El Diario de Hoy


Václav Havel
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Recuerdo con perfección el aprieto ligeramente ridículo y arriesgado y algo penoso en que los diplomáticos occidentales en Praga se encontraban durante la Guerra Fría. Periódicamente tenían que resolver la delicada cuestión de si invitar a las celebraciones de su embajada a diversos firmantes de la Carta 77, activistas en pro de los derechos humanos, críticos del régimen comunista, políticos relegados o incluso escritores, académicos y periodistas vetados... personas que solían ser amigas de los diplomáticos.

Unas veces, nosotros, los disidentes, no éramos invitados, pero se nos expresaban disculpas al respecto, y otras veces sí que éramos invitados, pero no aceptábamos la invitación para no complicar la vida a nuestros valientes amigos diplomáticos. O se nos invitaba para que acudiéramos a una hora más temprana con la esperanza de que nos marcháramos antes de que llegasen los representantes oficiales, cosa que unas veces funcionaba y otras no.

Cuando no, ora los representantes oficiales se marchaban en señal de protesta por nuestra presencia, ora nos marchábamos nosotros apresuradamente o bien todos fingíamos no advertir la presencia de los otros o —si bien se trataba de ocasiones poco comunes— nos poníamos a conversar unos con otros y ésos eran con frecuencia los únicos momentos de diálogo entre el régimen y la oposición (por no contar nuestros encuentros en los tribunales).
Todo eso ocurría cuando el Telón de Acero dividía a Europa —y el mundo— en bandos opuestos. Los diplomáticos occidentales debían tener en cuenta los intereses económicos de sus países, pero, a diferencia del bando soviético, se tomaban en serio la idea de “o disidentes o comercio”.

No puedo recordar ocasión alguna de aquella época en la que Occidente o alguna de sus organizaciones (OTAN, Comunidad Europea, etc.) hiciera público un llamamiento, una recomendación o un edicto en el que declarara que determinado grupo de personas independientes —o como se las calificara— no iban a ser invitadas a las fiestas, celebraciones o recepciones diplomáticas.

Pero eso está ocurriendo en la actualidad. Una de las instituciones democráticas más fuertes y poderosas del mundo —la Unión Europea— no tiene reparo en hacer la promesa pública a la dictadura cubana de que reinstituirá el apartheid diplomático. Las embajadas de la UE en La Habana van a redactar en adelante sus listas de invitados conforme a los deseos del Gobierno cubano. La estrechez de miras del Presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha prevalecido.

Inténtese imaginar lo que sucederá: en cada una de las embajadas europeas, se nombrará a alguien para examine la lista, nombre a nombre, y evalúe si esas personas actúan u opinan libremente —y hasta qué punto— en público, hasta qué punto critican al régimen o incluso si son ex presos políticos. Se acortarán las listas y se borrarán nombres, lo que con frecuencia significará eliminar incluso a buenos amigos de los diplomáticos encargados de dicho examen, personas a las que hayan prestado diversas formas de asistencia intelectual, política o material. Si los países de la UE intentan disimular esas actividades invitando sólo a diplomáticos en las celebraciones de sus embajadas en Cuba, será peor aún.

Desde luego, los disidentes de Cuba no tendrán inconveniente en privarse de los cócteles occidentales y la conversación educada en las recepciones. Cierto es que esa persecución agravará su difícil lucha, pero, naturalmente, sobrevivirán. Lo que hemos de preguntarnos es si sobrevivirá la UE.

Hoy la UE baila al son de Fidel. Eso significa que mañana podría concurrir a licitaciones para la construcción de bases de cohetes en la costa de la República Popular de China. El día siguiente podría permitir que sus decisiones sobre Chechenia fueran dictadas por los asesores del Presidente de Rusia Vladimir Putin. Después, por una razón desconocida, podría imponer como condición para prestar su asistencia a África la existencia de lazos fraternos con los peores dictadores de ese continente.

Resulta suicida que la UE recurra a las peores tradiciones políticas de Europa, cuyo común denominador es la idea de que hay que contemporizar con el mal y de que la forma mejor de lograr la paz es mediante la indiferencia para con la libertad de los demás. La verdad es justo lo contrario: semejantes políticas revelan una indiferencia para la libertad propia y allanan el camino a la guerra. Al fin y al cabo, Europa se está uniendo para defender su libertad y sus valores, no para sacrificarlos en aras del ideal de una coexistencia armoniosa con los dictadores y, con ello, corre el riesgo de una infiltración gradual de su alma por la mentalidad antidemocrática.

Creo firmemente que los nuevos miembros de la UE no olvidarán su experiencia del totalitarismo y de la oposición no violenta al mal y que esa experiencia se reflejará en su forma de comportarse en los órganos de la UE. De hecho, ésa podría ser la mejor contribución que pudieran hacer a los fundamentos políticos, morales y espirituales comunes de una Europa unida.

Copyright: Project Syndicate.Ex Presidente de la República Checa.

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