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Agencias
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Los atentados suicidas y disparos de mortero
empañaron la jornada electoral, la primera multipartidista en 50
años, matando al menos a 22 personas.
Incluso en Faluya, la devastada ciudad sunita al oeste de Bagdad que fue
un bastión activista hasta que Estados Unidos la tomó en
noviembre, un continuo flujo de personas acudió a votar inesperadamente.
"Queremos ser como otros iraquíes, no queremos estar siempre
en la oposición", dijo Ahmed Jasim, sonriendo tras votar.
En Baquba, ciudad rebelde al noreste de Bagdad, la multitud aplaudía
en un centro electoral. En Mosul, lugar de algunos de los peores atentados
de los últimos meses, las autoridades locales y estadounidenses
dijeron que la participación era sorprendentemente elevada.
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Uno de los primeros que acudió a votar fue el presidente
Ghazi al Yawar, musulmán sunita con un gran respaldo tribal, que
depositó su papeleta dentro de la fortificada zona Verde de Bagdad.
En el relativamente seguro norte kurdo, la población acudió
a las urnas de forma continuada. Un hombre analfabeto de 76 años
acudió a votar en Arbil solo, pero no pudo leer la papeleta y se
fue, prometiendo volver con alguien que lo ayudara.
Incluso en el llamado "triángulo de la muerte", bastión
insurgente en el sur de Bagdad, la participación era sólida,
según datos oficiales.
VOTACION FESTIVA
En Basora, de mayoría chiíta y la segunda
ciudad del país, cientos de votantes hicieron cola pacientemente
en los centros electorales.
"No tengo miedo", dijo el joven Samir Jalil Ibrahim. "Esto
es como una fiesta para todos los iraquíes", añadió.
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En el oeste de Bagdad, los centros electorales estaban
muy concurridos, con largas colas de votantes. La mayoría realizó
el proceso de forma rutinaria, rellenó sus papeletas y salió.
Samir Hasan, de 32 años, que perdió la pierna en una explosión
con bomba en octubre, acudió con decisión a votar.
"Hubiera venido gateando si fuera preciso. No quiero que los terroristas
maten a otros iraquíes como intentaron conmigo. Hoy voto por la
paz", dijo.
En Ciudad Sadr, un barrio pobre chiíta del noreste de Bagdad que
ha sido escenario de descontento en los últimos 18 meses, dos colas
de votantes se formaban en un colegio electoral, las mujeres vestidas
de negro en una y los hombres en otra.
En la ciudad santa de Nayaf, en el corazón chiíta, cientos
de personas caminaban con calma hacia los centros electorales. La seguridad
en torno a la ciudad era una de las más estrechas del país.
"Esto es una fiesta para todos los iraquíes. Felicito a todos
los iraquíes en su recién estrenada democracia y libertad",
dijo Jaida Hamza, cubierta, incluso el rostro, con un vestido negro.