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Óscar Rodríguez Blanco s. d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Mañana, 31 de enero, la Congregación Salesiana celebra la
fiesta de su santo fundador Don Bosco, a quien innumerables generaciones
de jóvenes le llaman su padre, su maestro y su amigo. Su carisma
llegó a El Salvador a finales del siglo antepasado.
Durante el gobierno del general Rafael Gutiérrez, existía,
en lo que hoy día es el Parque Zoológico, una escuela experimental
de agricultura que se llamaba la Finca Modelo. Ahí se preparaban
expertos mayordomos y buenos administradores de fincas, que eran contratados
por los dueños de haciendas para que les administraran la producción
de café, caña, algodón, maíz, frijoles, etc.
La escuela contaba con 150 alumnos que trabajaban en un ameno y fértil
valle, entre dos hileras de colinas y cerros, poblados de cafetos y árboles
de las más variadas frutas.
El general Gutiérrez era un hombre práctico y exigente,
deseaba que los alumnos graduados en la escuela fueran hombres capacitados
que supieran explotar la tierra haciéndola producir, pero por el
desorden e indisciplina que reinaba en el lugar, no se podía esperar
mucho. Su ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Yúdice, había
estado en el Colegio Santa Julia, de México, y ahí había
conocido a los salesianos.
Le sugirió al Presidente hacer gestiones para que la Congregación
fundada por Don Bosco viniera a hacerse cargo de la escuela. El general
le envió a Turín, Italia, para que solicitara al rector
mayor de los salesianos, Don Miguel Rúa, el envío de algunos
salesianos a El Salvador.
La respuesta fue negativa, pues la reciente muerte de Don Bosco y los
misioneros que habían partido para Argentina no permitían
a la reciente Congregación enviar más misioneros a América.
El ministro, no queriendo desistir de su idea, fue a Roma y se entrevistó
con el Papa León XIII, a quien le expuso el problema, y éste
le dijo: Regrese a Turín y dígale a Don Rúa
que es voluntad del Papa que los salesianos vayan a El Salvador.
La crónica salesiana indica que fueron diez los salesianos que
Don Rúa, primer sucesor de Don Bosco, envió a El Salvador.
Llegaron el 3 de diciembre de 1897 al Puerto de La Libertad, después
de un mes de navegación. La situación del puerto no permitía
que los barcos atracaran cerca de la playa y tuvieron que bajarles en
grandes canastas, y pequeñas embarcaciones se hicieron cargo de
llevarles al puerto. De ahí emprendieron su viaje primero a Santa
Tecla y, algunos días después, a San Salvador.
Lastimosamente, al llegar a su destino, es decir, a la famosa escuela
de agricultura, se encontraron con la desagradable sorpresa de que nadie
les esperaba. Un empleado del director del centro les indicó los
locales que habían sido destinados para ellos, pero estaban en
malas condiciones, necesitaban de reparación. Su primera cena consistió
en comer algunas tortillas con frijoles fríos. Se hicieron alumbrar
por una débil lámpara, y prepararon un pequeño altar
para celebrar la misa. Dos días después llegó el
señor Presidente, quien, al constatar lo sucedido, se encargó
de proveerles todo lo necesario para el inicio de la obra salesiana.
Don Bosco había nacido en una familia muy pobre, su madre, Margarita,
había quedado viuda cuando el niño Juanito Bosco apenas
tenía dos años. Margarita fue una mujer muy trabajadora
y honrada, que en medio de la pobreza logró criar a sus hijos e
infundirles los rectos principios cristianos que ellos supieron conservar
durante toda su vida. Aquellos primeros salesianos sabían muy bien
la pobreza en que había crecido su fundador y cuáles eran
las consignas que debían observar donde fueran llamados a trabajar,
y por eso ni la pobreza ni las dificultades que encontraron al llegar
les desanimaron en ningún momento.
El frío recibimiento del inicio les dio a entender que, de partes
de algunos, eran personas non gratas. En realidad todo fue
providencial, pues muchas personas, al darse cuenta de su situación,
empezaron a preocuparse por ellos y a proporcionarles artículos
de primera necesidad.
Aquellos primeros diez salesianos se ganaron poco a poco el corazón
de los 120 jóvenes a quienes instruyeron en la fe cristiana, les
invitaron a recibir los sacramentos y a poner todo su empeño para
iniciar con optimismo su formación técnica y la educación
moral y religiosa que necesitaban. Para el mes de marzo ya habían
reparado, acondicionado y construido nuevos locales.
La generosa entrega de aquellos primeros religiosos hizo que los frutos
se empezaran a dar. El cambio moral e intelectual, cuenta
el cronista padre José Misieri, traspasó los umbrales de
la escuela, el mismo Presidente Gutiérrez llegó a decir:
Díganme si antes se han visto en esta escuela cosas como
éstas
cada vez me convenzo más de haber hecho un bien
muy grande a mi patria, con la alegría de esos padres.
Una vez cumplida la misión en la Finca Modelo, la obra de Don Bosco
se siguió extendiendo a varios lugares: Colegio Santa Cecilia en
1899, Colegio Don Bosco (Avenida Peralta) en 1903, Colegio San José
en Santa Ana en 1903, Seminario de Ayagualo en 1917, María Auxiliadora
Don Rúa en 1942, Ricaldone en 1957, Instituto Rinaldi en 1963,
Ciudad de los Niños de Santa Ana en 1982, Ciudadela Don Bosco en
1990 y Cresco en 1994.
La obra de este gran santo se sigue extendiendo por todo el mundo, sus
principios, ideas y modelos de comportamiento, han sido asumidos por una
inmensa cantidad de seguidores que, como familia salesiana, comparten
el parentesco espiritual y el compromiso apostólico al servicio
de la iglesia. La rica herencia del carisma salesiano sigue siendo la
base para formar aquellos buenos cristianos y honrados ciudadanos, que,
como Don Bosco decía, debían servir a Dios y a la patria.
*Párroco de la iglesia de María
Auxiliadora (Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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