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Una mirada de Fe
Don Bosco en El Salvador

La crónica salesiana indica que fueron diez los salesianos que Don Rúa, primer sucesor de Don Bosco, envió a El Salvador. Llegaron el 3 de diciembre de 1897 al Puerto de La Libertad

Publicada 30 enero 2005, El Diario de Hoy


Óscar Rodríguez Blanco s. d.b.*

El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Mañana, 31 de enero, la Congregación Salesiana celebra la fiesta de su santo fundador Don Bosco, a quien innumerables generaciones de jóvenes le llaman su padre, su maestro y su amigo. Su carisma llegó a El Salvador a finales del siglo antepasado.

Durante el gobierno del general Rafael Gutiérrez, existía, en lo que hoy día es el Parque Zoológico, una escuela experimental de agricultura que se llamaba la Finca Modelo. Ahí se preparaban expertos mayordomos y buenos administradores de fincas, que eran contratados por los dueños de haciendas para que les administraran la producción de café, caña, algodón, maíz, frijoles, etc. La escuela contaba con 150 alumnos que trabajaban en un ameno y fértil valle, entre dos hileras de colinas y cerros, poblados de cafetos y árboles de las más variadas frutas.

El general Gutiérrez era un hombre práctico y exigente, deseaba que los alumnos graduados en la escuela fueran hombres capacitados que supieran explotar la tierra haciéndola producir, pero por el desorden e indisciplina que reinaba en el lugar, no se podía esperar mucho. Su ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Yúdice, había estado en el Colegio Santa Julia, de México, y ahí había conocido a los salesianos.

Le sugirió al Presidente hacer gestiones para que la Congregación fundada por Don Bosco viniera a hacerse cargo de la escuela. El general le envió a Turín, Italia, para que solicitara al rector mayor de los salesianos, Don Miguel Rúa, el envío de algunos salesianos a El Salvador.

La respuesta fue negativa, pues la reciente muerte de Don Bosco y los misioneros que habían partido para Argentina no permitían a la reciente Congregación enviar más misioneros a América. El ministro, no queriendo desistir de su idea, fue a Roma y se entrevistó con el Papa León XIII, a quien le expuso el problema, y éste le dijo: “Regrese a Turín y dígale a Don Rúa que es voluntad del Papa que los salesianos vayan a El Salvador”.

La crónica salesiana indica que fueron diez los salesianos que Don Rúa, primer sucesor de Don Bosco, envió a El Salvador. Llegaron el 3 de diciembre de 1897 al Puerto de La Libertad, después de un mes de navegación. La situación del puerto no permitía que los barcos atracaran cerca de la playa y tuvieron que bajarles en grandes canastas, y pequeñas embarcaciones se hicieron cargo de llevarles al puerto. De ahí emprendieron su viaje primero a Santa Tecla y, algunos días después, a San Salvador.

Lastimosamente, al llegar a su destino, es decir, a la famosa escuela de agricultura, se encontraron con la desagradable sorpresa de que nadie les esperaba. Un empleado del director del centro les indicó los locales que habían sido destinados para ellos, pero estaban en malas condiciones, necesitaban de reparación. Su primera cena consistió en comer algunas tortillas con frijoles fríos. Se hicieron alumbrar por una débil lámpara, y prepararon un pequeño altar para celebrar la misa. Dos días después llegó el señor Presidente, quien, al constatar lo sucedido, se encargó de proveerles todo lo necesario para el inicio de la obra salesiana.

Don Bosco había nacido en una familia muy pobre, su madre, Margarita, había quedado viuda cuando el niño Juanito Bosco apenas tenía dos años. Margarita fue una mujer muy trabajadora y honrada, que en medio de la pobreza logró criar a sus hijos e infundirles los rectos principios cristianos que ellos supieron conservar durante toda su vida. Aquellos primeros salesianos sabían muy bien la pobreza en que había crecido su fundador y cuáles eran las consignas que debían observar donde fueran llamados a trabajar, y por eso ni la pobreza ni las dificultades que encontraron al llegar les desanimaron en ningún momento.

El frío recibimiento del inicio les dio a entender que, de partes de algunos, eran personas “non gratas”. En realidad todo fue providencial, pues muchas personas, al darse cuenta de su situación, empezaron a preocuparse por ellos y a proporcionarles artículos de primera necesidad.

Aquellos primeros diez salesianos se ganaron poco a poco el corazón de los 120 jóvenes a quienes instruyeron en la fe cristiana, les invitaron a recibir los sacramentos y a poner todo su empeño para iniciar con optimismo su formación técnica y la educación moral y religiosa que necesitaban. Para el mes de marzo ya habían reparado, acondicionado y construido nuevos locales.

La generosa entrega de aquellos primeros religiosos hizo que los frutos se empezaran a dar. El cambio “moral e intelectual”, cuenta el cronista padre José Misieri, traspasó los umbrales de la escuela, el mismo Presidente Gutiérrez llegó a decir: “Díganme si antes se han visto en esta escuela cosas como éstas… cada vez me convenzo más de haber hecho un bien muy grande a mi patria, con la alegría de esos padres”.

Una vez cumplida la misión en la Finca Modelo, la obra de Don Bosco se siguió extendiendo a varios lugares: Colegio Santa Cecilia en 1899, Colegio Don Bosco (Avenida Peralta) en 1903, Colegio San José en Santa Ana en 1903, Seminario de Ayagualo en 1917, María Auxiliadora Don Rúa en 1942, Ricaldone en 1957, Instituto Rinaldi en 1963, Ciudad de los Niños de Santa Ana en 1982, Ciudadela Don Bosco en 1990 y Cresco en 1994.

La obra de este gran santo se sigue extendiendo por todo el mundo, sus principios, ideas y modelos de comportamiento, han sido asumidos por una inmensa cantidad de seguidores que, como familia salesiana, comparten el parentesco espiritual y el compromiso apostólico al servicio de la iglesia. La rica herencia del carisma salesiano sigue siendo la base para formar aquellos buenos cristianos y honrados ciudadanos, que, como Don Bosco decía, debían servir a Dios y a la patria.

*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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