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Comentario de la semana
La “Mano Amiga”

A nivel personal, considero que la pata de la mesa que le viene haciendo falta al combate contra la criminalidad es el conceptualizado como “Mano Amiga”, es decir, ayudarle a quienes ya han caído

Publicada 29 enero 2005, El Diario de Hoy


Eduardo Torres*

El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Marcia Williams era una joven mujer, madre soltera, de 24 años, madre de tres hijos, de nacionalidad panameña, que se dedicaba, en la bellísima ciudad capital de Estados Unidos, a limpiar casas para ganarse la vida.

Hace casi quince años, un día domingo por la tarde, manejaba en el noreste de Washington D.C. —casi llegando al Capitolio—, luego de haber limpiado dos casas durante la que resultó ser su última jornada en esta vida. Súbitamente, en el momento en que se dirigía a casa de su madre para recoger a sus hijos, quedó atrapada —en medio del fuego cruzado— entre dos grupos rivales, tipo pandilla, de vendedores de droga.

Una de las balas le impactó de manera directa en la frente. El carro, con el cuerpo ya sin vida, se estrelló contra una cuneta y terminó derribando la cerca de una casa. La conmoción de quienes presenciaron el hecho fue inmediata. Los medios de comunicación rápidamente informaron lo acontecido y algunas de las primeras versiones afirmaron que Marcia iba transitando “por el lugar equivocado, a la hora equivocada”.

Dos días después apareció un extraordinario editorial en el periódico “The Washington Post”, que puso las cosas en contexto: “¿Cómo que transitando por el lugar equivocado a la hora equivocada?”, preguntó el Post. “¿Qué de malo andaba haciendo esa pobre mujer un domingo por la tarde, luego de haber trabajado durante todo el día, camino a casa de su madre para recoger a sus hijos? Lo que no queremos reconocer”, sentenció el periódico, “es que los criminales se han apoderado de nuestras calles”.

Creo que algo de ello es lo que nos está sucediendo en El Salvador.

De manera independiente a las razones por las cuales se han “disparado” los homicidios —un amigo periodista me explicó esta semana las rivalidades entre maras en Sonsonate—, lo que no hemos podido vincular, como país, es que el problema del consumo de drogas, como un cáncer, nos devora como nación día tras día.

Mientras no dimensionemos a profundidad los estragos que esto nos causa, es decir el consumo de “sustancias ilegales”, pues será como tratar de detener un “tsunami” con las palmas de las manos y los brazos extendidos hacia adelante. Según el último estudio de la Fundación Salvadoreña Antidrogas (Fundasalva), existen en este momento 130 mil personas con necesidad de tratamiento, de las cuales 20 mil son menores de edad.

Sin contar quienes viven con problemas graves de alcohol, que según indica el estudio, serían más de 500,000. Es decir, tomando la media de habitantes por hogar promedio, estadísticamente hablando, la mitad de hogares en El Salvador sufre en su seno familiar un serio problema de adicción. ¿Cuánto nos cuesta, como país, lo que estas personas dejan de producir, las muertes y heridas relacionadas, los delitos cometidos, los años escolares perdidos, las carreras universitarias y profesionales abandonadas, la baja en la productividad, las muertes colaterales como la de Marcia?

Más importante aún, ¿cuánto nos cuesta como sociedad, en términos de sufrimiento y de pérdida de calidad de vida, el que haya un adicto al círculo interior más íntimo del seno familiar? Hay que decirlo: tenemos en El Salvador un problema enorme de salud mental. El nivel de violencia que por años venimos viviendo es producto de ello. Si esto no se concibe adecuadamente, a manera de ejemplo, la relación existente entre drogas y delincuencia, pues proseguirá la lucha entre burro amarrado contra tigre suelto. A pesar de los enormes esfuerzos y sacrificios máximos de las autoridades.

A nivel personal, considero que la pata de la mesa que le viene haciendo falta al combate contra la criminalidad es el conceptualizado como “Mano Amiga”, es decir, ayudarle a quienes ya han caído y quieren salir de donde se encuentran —porque por más que hasta “desalmados” se sientan los adictos, no pueden por sí solos con el sufrimiento que sobre sus espaldas llevan—, y prevenir a quienes están por caer. Dan pánico las últimas estadísticas y, ojo, en todos los estratos sociales por igual. Olvídense entonces de cualquier estereotipo.

Cómo podemos, como país, ejecutar “Mano Amiga”, debería ser un objetivo nacional. Mientras tanto, seguiremos tomando medidas, importantes como el último paquete de reformas para la portación de armas, pero a mayor número de adictos en las calles, mayor “violencia social”, como se le viene denominando.

La buena noticia es que, aunque tarde, estamos todavía a tiempo.

*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.


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