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Abuelos piden cárcel para nieto

La Unión. Un hombre fue asesinado por su propio hijo. Padres de víctima narran cómo el presunto autor cometió el crimen. Temen impunidad, pues el sujeto huyó a EE.UU.

Publicada 24 de enero 2005 , El Diario de Hoy

Justicia. Catalino Vásquez y Gregoria Velásquez esperan que las autoridades hagan lo pertinente para capturar al que acabó con su hijo Víctor Mauricio. Foto EDH/Lissette Lemus


Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Catalino Vásquez y su mujer Gregoria Velásquez tienen un vehemente deseo que podría parecer ilógico: quieren que su nieto, Víctor Emerson V. F. caiga preso y verle tras las rejas por muchos años.

Pero los Vásquez dicen que su anhelo es de lo más natural, pues ambos están convencidos de que Emerson, miembro de la Mara 18, mató a su propio padre, Víctor Mauricio Vásquez, 34 años, hijo de Catalino y Gregoria.

La razón aparente del crimen es que la víctima no permitía que sus cuatro hijos, incluyendo al presunto autor, se fueran ilegalmente a EE.UU. Un traficante de ilegales y la misma madre de los jóvenes podrían tener algo que ver en el homicidio.

El crimen fue cometido, según los Vásquez, con alarde de crueldad. En las mentes de los sexagenarios no cabe la idea de que un hijo haya hecho tal bestialidad.

Primero, dicen, le pegó tres balazos, luego en una hamaca le arrastró unos trescientos metros fuera del rancho de paja y bahareque; allí, con una motosierra lo hizo, literalmente, picadillo, luego lo roció con gasolina y le prendió fuego.

Posteriormente intentó deshacerse de las cenizas y los restos carbonizados, lanzándolos en unos hoyos donde alguien plantaría postes para una cerca de alambre.

Víctor mauricio Vásquez V.
Padre asesinado

Edad: 34 años.
Residencia: Vivía en el Barrio La Cruz, de
Conchagua, La Unión.
Víctima: Asesinado el 17 de marzo de 2003.

El hecho ocurrió a la medianoche del 17 de marzo de 2003, en un arrabal de Conchagua, un pueblo costero de La Unión, más de 200 kilómetros al oriente de San Salvador.

En esa época, al presunto parricida le hacían falta cuatro meses para alcanzar la mayoría de edad.

El recuerdo de ver a su hijo desmenuzado y esparcido en cenizas, así como la fría aceptación que el nieto les hizo sobre el hecho, les impulsa el apetito de justicia.
Sin embargo, el paso del tiempo, parece indicarles que tal vez sea imposible que se les cumpla el deseo de ver encarcelado al muchacho.

El presentimiento de que el crimen podría quedar impune, dicen los Vásquez, lo tuvieron desde que un juzgado de menores de La Unión puso en libertad al presunto parricida, pese a que había confesado el crimen delante de policías y lugareños, el día que hallaron los restos de la víctima, esto es, cinco días después del asesinato.

La policía, dice don Catalino, cumplió con su deber arrestándole; pero no saben por qué le dejaron en libertad bajo condición de que se presentara al juzgado dos días después, cuando se realizaría la audiencia inicial.

Murió a manos de su progenie
Para parientes de la víctima, el móvil del parricidio fue que él se oponía a dejar ir a sus hijas a los EE.UU.
- Víctor Mauricio vivió dos años en Estados Unidos junto a Milagro Flores, su ex mujer.
- Una enfermedad le hizo regresar y la relación marital se rompió.
- La mujer pugnaba por llevarse ilegalmente a los hijos con ella.
-Él se oponía a que las jóvenes se fueran por el riesgo.
- Una hija de la víctima, que reprochó el crimen, es la única que se quedó a vivir con los abuelos. Los demás se fueron a Estados Unidos. Ella prefiere no hablar de la tragedia.

El presunto aprovechó la oportunidad y se largó de Conchagua. Anduvo errante por cantones aledaños; después viajó ilegalmente a los Estados Unidos.

Allá fue visto dos meses después del asesinato en Carolina del Norte. Le vio un tío de la víctima. Después nunca más supieron de él.

Un funcionario de la Interpol en El Salvador afirmó que hasta diciembre del año pasado, el menor acusado de homicidio no tiene difusión roja, es decir, que no es buscado en el ámbito internacional.

Las investigaciones locales continúan, según le ha dicho la policía a don Catalino, pero avanzan con pies de plomo.

El nieto, según los Vásquez, cometió el crimen en contubernio con varios pandilleros de la localidad, pero estos tampoco han sido capturados y ni siquiera son objeto de investigación.

“Hoy es una jodida. La gente le cuenta cosas a uno pero no quieren ir a declarar”, dice con evidente desánimo don Catalino, en referencia a que últimamente, los pandilleros partícipes del asesinato se van de la lengua en sus tertulias y comentan abiertamente cómo mataron a Víctor Mauricio.

Los vecinos del lugar donde mataron a Víctor Mauricio se niegan a hablar del caso.
“Hoy pregúnteles a los parientes, nosotros no sabemos nada de eso”, dicen los lugareños más próximos al sitio de la incineración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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