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Sepelio. Los restos del artesano
son sacados de la iglesia hacia su morada final.
Foto EDH / Julio Mejía |
Julio
Mejía
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Lágrimas y arreglos florales abundaron durante su sepelio, el sábado
pasado, en la ciudad de Cojutepeque. Fue el adiós a un gran hombre
que durante toda su vida se ganó el respeto de la gente a través
de su oficio: ebanista.
El templo del Calvario lució abarrotado durante la misa de cuerpo
presente en horas de la mañana. Mi querido viejo fue uno de los
cantos interpretados al final de la ceremonia, el cual conmovió
a todos los presentes.
El féretro, bellamente tallado en madera, era rodeado por decenas
de familiares y amigos del ebanista, quien falleció el viernes
anterior en su casa a consecuencia de una prolongada enfermedad. Ésta
le mantuvo postrado en cama por varios meses. Víctor Manuel Vásquez
Carpio tenía 78 años al momento de fallecer.
Toda su vida la dedicó a la elaboración de tallados en madera
y sus obras de arte se observan en algunos templos del país.
También enseñó el oficio a varias generaciones de
jóvenes, a tal grado que su arte llegó a España,
México, Estados Unidos e Italia.
Fuimos amigos desde hace 40 años, aparte de la ebanistería
recuerdo que fue uno de los pioneros del movimiento de Alcohólicos
Anónimos. Cojutepeque ha perdido un gran valor, dijo Luis
Antonio Villegas, amigo personal del famoso artesano.
El sacerdote Mario Romero, párroco de la iglesia El Calvario, despidió
sus restos y ofició el responso.
Verónica, Carmen, Mercedes y Víctor, sus tres hijas e hijo,
no se separaron del ataúd en todo el recorrido hasta el cementerio
general de la localidad, mientras los amigos y amigas hablaban de las
obras del maestro. Luego vino el momento difícil de la separación.
Su hijo José Víctor Claros Vásquez se encargará
de darle seguimiento a la labor de la ebanistería.
La semana pasada, en un acto público, la Asamblea Legislativa le
otorgó un reconocimiento por sus aportes a la ebanistería
y por su larga trayectoria altruista.

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